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domingo, 12 de octubre de 2025

Linda

Hoy me dijiste linda. "Cosquillitas", lo describimos. Me encanta quererte, pero no se me escapa que me obligaste a quererte, y todavía te lo reprocho (así como te reprocho que te fuiste después de obligarme a quererte). Después me quedé en silencio.

También me hablaste después de un largo silencio, aunque igual me emocioné por cualquier palabra. Debería practicar el silencio también, como me recomendó la maga, aunque estar más callada me invita a pensar, y pensar no quiero. No quiero, me duele. Me hace extrañarlo a R. 

domingo, 2 de febrero de 2014

One step ahead, two steps behind.

Letra a letra, palabra a palabra. La emoción corre, pero no es como la contaban. No te hace más rápida, te hace más coherente, llamativa... mucho más lenta y fijada. 

En el frente está toda la esperanza, el futuro, la realidad. Y cada vez que me dirigen (y me dirijo) vuelvo a tener de nuevo 15 años: todo el futuro está adelante.

No soy más que un producto del mundo. Soy lo que ellos quieren que sea. Soy suya. Sonrío porque sé que entonces no estoy allá, estoy junto al mundo. 

Vuelvo a ser la que alguna vez fui, la que tuvo los mejores sueños. Servir los sueños de los demás. Un ente hecho sombra, un nombre olvidado, unos ojos honestos que alguna vez tendieron una mano. Soy de nuevo aquella niña que soñaba con ayudar a los demás. 

Y se siente bien.

Aunque en el fondo sepa la verdad: mis palabras son sólo mentiras y mi lengua escupe nada más que el veneno generado con cada latido de huelo, jamás podré hacer algo para el futuro ingenuo y que Dios sólo nos ha puesto en este mundo para intentar vanamente cumplir nuestros deseos más egoístas. 

¿Qué es el placer?

Fuego...

sábado, 5 de enero de 2013

Al alba

Es interesante ver lo poco que le interesa a muchos estas bellas cosas tan sencillas. Por ejemplo, contamos rápido aquellos que logran darse cuenta de la belleza que carga el alba.

Ellos miran con incertidumbre agonizante el atardecer que se aproxima, y con valientes miradas de terror se adentran hacia el otro lado del sol. El oriente de oscuridad se enciende con todas las inexpectativas esperadas: los ojos ávidos de mal, los alcóholicos confudidos, las impresiones del pasado, los animales tristes, los que tienen hambre y frío, los solitarios y tristes... ellos son todo eso, son lo mismo a lo que enfrentan; son un cambio de uno y otro, un devenir que parece infinito, que les chupa lentamente el jugo de los huesos, les encapa el corazón y les desliza el cerebro. Un vacío de existencia se presenta ante ellos y en la esperanza de no encontrar nada, de la continuidad, se vuelve marino el cielo. Ellos siguen allí, casi artistas de la sobrevivencia, en el alba, la belleza de la luz amarilla de la farola mezclándose con el sol y la luna y el humo de las alcantarillas. El alba les abraza de la promesa del calor y de la necesidad del regreso. 

Es el alba que nos presenta ese mundo de las sombras fantasmales como un nuevo mundo que no durmió, como ayer y como mañana, que nos espera obligado y que, a veces, nos cuenta secretos de amantes que se han dejado un par de horas antes.

La magia se dobla por la mañana, se enjuaga y se vuelve a repetir a la noche siguiente.

sábado, 14 de enero de 2012

Los hermanos menores: la tragedia.

Mañana será el cumpleaños de mi prima. Su segundo cumpleaños, para ser exacta. Es la última de cuatro hijos. Dos son hombres; su antecesora, mujer. Mi tía la "encargó" (para explicar que NO fue un accidente) porque dice saber lo cruel que es ser la hermana menor de dos hermanos y no tener con quién jugar. Cinco años (más o menos) de tener a su primer hija, tuvieron a la otra.


Yo soy la hermana menor de tres mujeres. Nosotras sí fuimos accidentes, uno tras otro (siendo el bello 1% de la mayoría de los anticonceptivos, no tan orgullosamente). Mi hermana y yo nos llevamos 5 años y medio. Lo que se llevan mis dos primas, más o menos.


No sé qué tan traumada estará mi tía pero fue una idiotez pensar que su hija iba a sufrir menos por tener una hermana. Aparte de tener el terrible celo de ser la nena reemplazada, no es como si fueran alrededor de la misma edad, no podrán jugar por mucho tiempo juntas.
Pero la peor idiotez fue ser egoísta. Como tratar de compensar el que ella no haya tenido con quién jugar, con alguien a la que le va a causar lo mismo.


Ok, antes de enredarme, volveré a empezar.


Cuando yo era pequeña, yo nunca tuve con quien jugar. Estoy segura de que mis hermanas se divertían conmigo, cargándome, cuidándome,  dándome la botella, enseñándome a caminar, viéndome hacer pendejaditas de infante, entre otras cosas. Pero cuando yo tenía edad de jugar a las tacitas de té, mis hermanas tenían edad de jugar a las barbies. Cuando yo tenía edad de jugar a las barbies, mis hermanas tenían edad de caricaturas seriales y novelas. Cuando yo tuve edad de caricaturas seriales y novelas, ellas entraron a la edad de traer amigas. Cuando yo tuve edad de traer amigas (que nunca tuve muchas, pues), ellas entraron a la edad de la música y la radio (y de grabar los casetes y así). 


Es verdad, para poder tener a alguien con quién jugar, tuve que aprender a comportarme ligeramente más madura para lo que era mi edad. Me volví fans de los juegos de mesa antes de entrar a la secundaria, yo veía series a las 6 años, y las barbies y los juguetitos de niños menores de 5 años, la neta... los dejé nuevos.  
Mi juego favorito de niña era un aro, un hula-hula que usaba mientras miraba la televisión (bien multitasking) y mientras pensaba en cosas. Me la pasaba escuchando música a los 8 años, y cantaba terriblemente todo el día (aún canto terrible, pero ya no todo el día). 


Hacer amigos me era también difícil, porque yo estaba acostumbrada a tener en mi cabeza las cosas con las que estaba familiarizada, cosas de mis hermanas. Y hasta la fecha sigo familiarizada con ello.


La verdad es que entonces era muy callada, pensaba bastante las cosas, hacía todo en silencio. Quienes tienen hermanos mayores entenderán por qué. Los que son hermanos mayores: pinches ojetes, seguro ni cuenta se dan. 


Regresando al primer tema, mi prima me recordó todo esto. Al momento, a la niña grande le divierte jugar con la niña pequeña: a veces ella es la maestra, a veces es la mamá, a veces hacen las compras y a veces hacen la comidita. Pero poco nos tardamos en darnos cuenta de que la única que lo disfruta es la hermana grande, mientras la pequeña se siente obligada, frustrada, aburrida... No sé, pero rueda los ojos. 


Y pues me trajo al pasado. Cuando ambas crezcan, una querrá jugar y la otra ya no. Sí, la primer hermana estará feliz porque habrá tenido con quién jugar, no se sentiría sola, blablablá shit and stuff. 


Pero la mayoría de los hermanos menores que conozco, incluyéndome, terminamos en una esquina, felices con lo que estamos, en silencio, en la soledad, pensando.


Así fue como encontré a mi prima pequeña el otro día.


Con la soledad en la que se siente la vida.


Mi tía le brindó soledad a una persona para brindarle compañía a otra. Oh, bella ironía...

jueves, 28 de julio de 2011

Mitomanía.

Todas las historias cuentan cómo el suicida se arrepiente; y cuando es salvado, agradece.


¿Y si el suicida realmente quería morir, y sigue queriendo morir después de salvado?



miércoles, 13 de julio de 2011

Felicidad.

Recientemente, mi madre encontró una fotografía de mi cuando bebé.


Estoy en los brazos de mi madre, y tengo una gran sonrisa en la cara.


Claramente, estaba feliz. 


Mi madre me la enseñó y lo primero que pensé fue:


"¿Qué habrá sido eso que me hizo tan feliz?"


Me quedé mirando la foto por varios minutos.


Desde entonces, en mi cabeza ha rondado la idea de que si vuelvo a encontrar eso que me hizo tan feliz en aquel momento, entonces encontraré la felicidad verdadera. 


Días y noches me convenzo de que solo encontrar y revivir ese momento valdrá para sonreír toda mi vida: sonreír como un bebé. 


Lo pienso y lo pienso y por más que le doy vueltas no puedo olvidarlo: ahora estoy segura de que necesito salvar esa parte de algún momento de mi pasado, indispensable para que algún día pueda alcanzar la felicidad. 




Y ahora, ¿qué hago? ¿emprendo una búsqueda histórica de hace más de 17 años? 


Así que mejor me guardo mis cavilaciones y les cuento que en resumen, mi cerebro cree que nunca será feliz.


Pero creo que eso yo lo sabía desde hace 5 años.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Cuento de malNavidad.

No soy una persona malvada. Tanto.
Mi esencia es dadivosa, me gusta dar trocitos de mi alma a todo aquel que la pida o que parezca que la guardará por un ratito. Ni siquiera me importa si la olvidan al cabo de un par de semanas.


Sin embargo, me han visitado los fantasmas de la malNavidad.


La Pre-malNavidad:
Para empezar, esta semana estuve de niñera. Mis tíos decidieron que estaría chido ir a EU, pero como sus hijos no tienen pasaporte/visa, pues los dejaron unos días con nosotros.
Son unos de los pocos niños privilegiados que se ganan mi paciencia y cariño. 
Sin embargo, son 4. Demasiados niños, a mi ni me gustan los niños. Uno se quedó fuera de nuestros brazos (y bien, porque no quería cambiar pañales), pero los otros pasarían desde el  martes hasta ayer en mi casa. 
En fin, no planeaba mucho la navidad; lo único que me gusta hacer es cocinar ese día... y luego tragar los platos enteros y mucho alcohol.
Sin embargo, mi prima estuvo a jode y muele que quería poner lucecitas navideñas, el nacimiento y la extensa villa miniatura de mi madre. Decía que siempre lo hacía con su abuela, que murió hace un mes. Mi madre se puso emotiva e hizo todo lo que la niña quería: luces, adornos, nacimiento lleno de heno, hastiarme...
En fin, para el tercer día, yo ya estaba mamando, y me refiero a comportarme como mamá: "Deja de jugar, apaga la computadora, báñate, no te lavaste detrás de las orejas, deja de gritar, muévete, eres un huevón, ya pónganse la pijama, ya duérmanse, ya váyanse a dormir, que ya se duerman jijosdeldemonio..." en fin...
El 24 de diciembre POR FIN, llegó. And there's where it all happened.
Me levanté, investigué recetas para relleno de pavo e hice el encargo para las compras. Abrí la puerta para mi hermana, y juntas mandamos a los niños a bañar (¿ven? chale...).
Planeé lo que iba a cocinar, y subí a hacerme tonta un rato.


Después, comencé a cocinar. Me gusta mucho hacerlo, y todo estaba saliendo bien. Embadurné al pavo en mantequilla and everything look ready to go.
¿Y los acompañamientos?


Y entonces el fantasma apareció: "Tu tía tiene mucha pasta..."


¿Qué caraj...? ¿Y a mi qué? No vamos a cenar con ellos... ¿o si?


SI.


...




La malNavidad
Rogué cuanto pude por no ir a casa de la tía. ¿Tanto odio a mi familia? No. Es una larga historia.
Hace mucho, esa tía (política) festejaba con su familia en otro estado, SIEMPRE. Quizá hubo años que no, pero nunca me dí cuenta. Allá, teníando TODA una posada: intercambios, juegos, velas, en-el-nombre-del-cielo's, cuetes, piñata, bolsitas de dulces, música, mucha comida, crepas (aparentemente...), y toda esa sarta de mexicaneidades.
Dirán ustedes que entonces no me gusta la navidad como se festeja con los mexicanos o algo así... Pero déjenme explicar más. Hace como tres o cuatro años, la madre de dicha tía murió. Y la familia de ella se deprimió tanto, que dejaron de festejar la navidad como acostumbraban. Invitamos un par de veces a la tía a festejar con nosotros cuando no salíamos, y hacíamos todo como ella acostumbraba. Somos unos blandos.
Sin embargo, este año la familia estaba reivindicándose, y esta vez vendrían con la tía a festejar navidad. 
Somos familia, y sé que siempre somos bienvenidos (espero, ja), pero estaba lleno de visita y ELLOS NO ERAN MI FAMILIA. Y ni siquiera los conozco tanto. Ellos sí me recuerdan, pero supongo que no son tan geniales para que valga la pena recordarlos a ellos. 
No quería ir.
No tenía ropa fancy para ponerme. Bueno sí, pero no quería.
Quería comer de lo que yo había preparado. Durante un par de días, si era posible.
Quería beber el alcohol que habíamos comprado. Yo.
Sí, lo sé. Suena feo. Me vale pito. Siempre nos acomodamos a las navidades de los demás, y hoy quería una navidad simple y pequeña y sencilla donde podría comer y beber muchingo. Se me antojaba tanto ese vino, y esos Boon's, y más vino, y mi pavo, y pasta con mantequilla y queso, y mucho pan, y ensalada mala de mi hermana, y las papas (que ni siquiera me gustan) de mi madre... ¿Era eso tan difícil?


SI.


La MalNavidad resultante
Me bañé a regañadientes. Me paré desnuda en la sala de mi casa durante media hora, decidiendo que tenía hueva de vestirme bien. Y que no quería ir. 
Al final me puse mi vestido nuevo que esperaba guardar para después. 
Salí al último de la casa, y me dirigí caminando en el frío a mi destino: la casa de la tía.
Cuando llegué, estaban haciendo intercambio en un juego con dados. Tenía cierta lindura, se robaban los regalos de otro si ganaban jugando dados. No eran cosas de verdad, pero esa era su diversión. 
Luego empezaron a hacer un juego al estilo "Un limón, dos limones", y quien perdiera tomaría una tapa de noséqué chingados. El maldito juego no me dejaba platicar agusto de las cosas estúpidas que siempre hablamos en navidad.
Yo ya tenía hambre, quería comer e irme a dormir cual grinch. No tenía mi alcohol ni mi comida. 
Perdí, por perdida del tren de pensamiento. Como tres veces.
La primera, no quería beberme esa madre que tenían, pero, era alcohol, así que me la empiné.
Sabía a anís.
"¡GUÁCALA, ESTA MADRE SABE A ANÍS!" Dije, queriendo dar a conocer mi aversión al condimento asqueroso. 
"Es que es anís." contestó mi hermana. Consideré por un segundo regresarlo al vaso, pero instintivamente me lo tragué.
"¡AY NO MAMES!" dije con mucha efusividad navideña. Mi boca sabía a anís. Detesto el anís. Lo detesto más que la religión. Lo detesto más que el pescado. Lo detesto más que los niños. Lo detesto más que el racismo. 
Me bebí el ponche que tenía enfrente, me bebí el ponche de al lado, y el anís hijodeputa aún sabía por toda mi boca, garganta, esófago y estómago. Podía sentirlo, carajo, y era asquerosamente asqueroso. Mi estómago protestaba. Quería pavo relleno y vino, y lo que yo le daba era una pinche asquerosidad con anís. Acababa de cortarlas conmigo.


Maldije su pinche juego que arruinaba mi navidad, y me puse a imaginar cosas sucias. Porque soy adolescente y porque puedo. Y porque esperaba que alguien me pudiese ver la mente, y se asustase con las imágenes sodomitas que estaban sucediendo en ese momento en mi cabeza. Y no los pelé por más veces que dijeron mi número. Fuck them. Fuck them so many times in their asses. El resto de las veces que perdí me dieron Boon's esta vez. No fue un gran castigo, pero les hice recordar cada vez que detesto su pinche bebida con sabor a anís. 


Cada estúpido segundo, mi estómago decidió volcar el anís y sus jugos gástricos como una burbuja de bingo. Tenía las agruras más feas que me habían dado en mi vida. Mi estómago, en un panchito, decidió recordarme que tengo gastritis, y que posiblemente tenga esa enfermedad bizarra de los Bueno, y que esta noche I was goin' to pay.


Me movía por todos lados, probando el anís una y otra vez, con infinitas ganas de vomitar.
Suck it up, me dijeron. So, I sucked it up.


La comida estaba siendo servida. Vaya, los odio a todos.


Me senté frente a mi plato, contemplando un gran cantidad de lomo (que yo no hice y que no se antojaba), un chingo de pasta (que sabía a mayonesa... ¡MAYONESA! ¿de qué libro de recetas lo sacaron? ¡¿McCormick?! Imbéciles sin papilas -ja, siempre digo pupilas- gustativas), una crepa de rajas con elote (no me gustan las rajas, y el elote era de lata, ugh), ensalada insípida (aún peor que la de mi hermana) y que tenía manzana a la que soy alérgica. Solo había una pequeña cantidad de pavo, y muy poco relleno. 


They were tryin' to starve me to death.


Admiré la comida por un largo rato. Las náuseas. No pude comer. Se me antojaba pan, como siempre que mi estómago se siente así. Ya no había.


La rabia se apoderó de mi, luchando contra mi yo navideño. 


Quería comida. Quería a mi familia gritando. Quería vino decente. Quería irme de allí y dejar de escuchar música que había estado escuchando toda la semana (mis primos tienen pésimo gusto en música, workin' on it).


Me odiaba tanto porque tenía hambre, odiaba a la gente de allí por hacerme beber, odiaba a mis padres por obligarme a ir, odiaba a mis hermanas por no advertirme del anís, y me odiaba a mí misma por odiar a los demás, por culpa del estúpido espíritu navideño. 


Así que me puse a hacer lo que sé hacer cuando, bueno, cuando me siento tristemente humillada por mí misma: llorar.


Quería vomitar con todas mis malditas ganas.


Así que me fui a mi casa y me induje el vómito.


Y así fue como empezó la allizzia Grinch. 


Comprendan que comer es una de mis actividades favoritas (excepto en la playa), adoro comer, y mucho más cuando soy yo la que cocina. Adoro la comida, simple y sencillamente.


Y en Navidad, ¿me lo quitan?


Espero que se mueran en un pozo de mierda.


No soy una persona católica ni religiosa, pero me solía gustar festejar todo eso. 
Ahora, no voy a colgar un solo arreglo navideño más, ni en la escuela (no me hagan ni empezar con eso), ni en mi casa, ni en mi chingada madre. 
Cocinar, sí, quizá. Adoro hacerlo.
Pero nada más.


Me gusta festejar diferentes navidades, incluso las no-navidades con las tías que se cambiaron de religión. 


Pero no como esta vez. Jamás.














Prefiero los balazos de Culiacán. Donde se rompen las olas.





miércoles, 27 de octubre de 2010

Sometimes, life completely sucks.

Miren, la vida no me está tratando muy bien últimamente.


Primero, y como ustedes ya se habrán dado cuenta, tengo un bloqueo de escritor masivo. Yo le llamo Colin. 


Bien, Colin no me deja escribir, quizá sea la época y en cuanto empiece el invierno ¡pum paz! que Colin hace sus maletas y dice adiós con amargura en su boca que nunca sonríe. 


Luego, aparte de estar inexplicablemente cansada; el tiempo de frío se acerca. Cualquiera sabe que el calor me pone de mal humor y que el frío es una de mis cosas favoritas. Oh, si. No hay nada mejor que el invierno... quizá los waffles...


Oh, hablando de Waffles, regreso a mi tema principal. Terminando la idea anterior, mi termostato se rompió y cuando hace calor me da MUCHO calor y viceversa: cuando hace frío me da MUCHO frío.


En fin. Lo único que me quedaba eran esos placeres extraños como joder a Kabán, quejarme en este lugar, repartir albures al por mayor, meter la mano en un saco de granos (ja), leer cosas sencillas, molestar a los demás con la ortografía (mientras la mía es abandonada con sus errores) y decir referencias a lo idiota (oh, si; con N. durante clase con películas de terror).


Entonces, ayer, acompañé a mi hermana con una amiga de ella.


Su amiga tiene dos (bellos) hijos, un perro y un gato.


Oh, boy, ¡un gato!


Los adoro.


Se tiran, quieren que los acaricies, y cuando ya no les haces caso, huyen. Oh, dearies...


Además, adoro sus ojos. Damn, adoro los gatos.


Después de intentar (vanamente) atrapar al gato, el pequeño fue y saltó a los brazos de su dueña. Yo salté en mi lugar gritando "¡Yo lo quiero, yo lo quiero!"


Lo acomodé en mi piernas y lo acaricié y lo acaricié y lo acari-¡ACHÚ!


Mis narinas tenían corrientes de líquido, la respiración se me dificultó, la garganta me empezó a picar...






Oh damn...




¡DIOS DE DIOSES ¿POR QUÉ ME HACES ESTO?!








Creo que soy alérgica a los gatos...












Y el mundo me odia....












¿Por qué vivir? Sino puedo vivir solterona, espantando a los niños y con 4 gatos... 


















Ok, alguien consígame un gato hipoalergénico.








PD. ¡Con C y Z! 
PD2. Demonios... me hace falta visitar una de las mejores cosas de octubre-noviembre.
PD3. El gatito se llamaba Waffles... Ahora todo tiene sentido, ¿verdad?
PD4. No, ya se me acabaron las ideas. Meh. 



domingo, 17 de octubre de 2010

Quiero pensar.

Bueno, más bien, tengo la certeza de que soy normal. 


Ya me harté de que todos me digan que soy rara, que tengo cara de loca, y de que a veces doy miedo.
Tienen razones perfectas para decirlo, pero igual me molesta un poco. Aún más cuando comienzan a atacarme con repetidos comentarios acerca de ello.


Sin embargo, quiero pensar que mis reacciones tienden a ser totalmente normales:


Aquella vez que me puse toda emo, y tuve una crisis existencial que duró un par de meses (y que valió para: a) reabrir mi metro, b) conseguir una libreta-diario-no-diaria y consecuentemente c) abrir este blog), estoy segura de que fue por una razón de ñoña adolescente normal, y no porque me guste hablar sola (aunque ya no hablo sola). Mis razones principales sí son medio raras, pero estoy casi segura de que muy adentro, mis razones son normales.


Cuando tengo pensamientos nada apropiados en los momentos más inesperados (como escuchando al señor cura padre dar un consejo, o en una plática con un niño cuya edad es... desconocida), sé que todos los tenemos. Inténtenlo negar.


Cuando estoy segura de que los niños ven cosas que nadie más ve. Yo sé que ustedes también lo imaginan.


Cuando imagino una genial historia. Bueno, en esa, me doy el beneficio de la duda.


Cuando me dan ganas de matar. Ok, podemos hacer como que yo no escribí eso.


Cuando digo referencias que de vez en cuando me son contraproducentes, que nadie entiende o que me contradicen. 


Cuando tengo flashbacks, y los explico en menos de UN minuto, mirando al infinito.


Cuando explico por qué no se debe hacer cierta cosa, aunque sea algo mínimo, en una serie de hechos que termina con la muerte trágica de un ser querido o de sí mismo. Uhm... también les doy el beneficio de la duda allí.


Cuando situaciones completamente normales (para los demás), me parecen totalmente nuevas y me ponen en difíciles aprietos. Y yo sé que los que me conocen, saben de qué carajos hablo.








A veces pienso que tengo asperger o soy como Sheldon. 
Pero no es mi culpa ser como soy... 
Es culpa de mi padre, por comprarme Mafalda a la edad de 7 años, y por dejarme leer libros de Rius y de García Márquez a los 8. 




Sin embargo, quiero pensar, (y tengo casi una certeza) de que soy completamente normal. O normal, en lo que cabe.

domingo, 10 de octubre de 2010

Lo que los demás piensan.

Yo había planeado hacer una gran entrada toda filosófica y acá. Iba a explicar una historia y luego iba a quejarme de la gente, como buena misántropa que soy.
¿Por qué? Pues porque iba a decir que la gente que convive conmigo, cuando menos te lo esperas, resulta que parece que te conocen poco, muy poco. Con todo y situación y así.

Pero más pasa el tiempo y más me deprimo.
¿Por qué? Otra vez. Porque ya no sé si ustedes me conocen mejor que yo. Ya no sé si soy mejor en algo, si soy peor en otra.

¿Me conocen ustedes mejor? ¿Qué me dicen de mi?

Detesto comenzar a ser más una adolescente-emo-duda-todo. Adoro ser una escéptica, pero cuando me parezco tanto a alguien de mi edad simplemente es molesto.

Creo que necesito una época de esas de aislamiento o yoquesé, porque ya no sé para donde carajos va mi mente-imaginación. Ya ni siquiera tengo ganas de escribir, ya no tengo ganas de nada, ya no sé.

Voy a intentar pegar los codos a la mesa y las nalgas a la silla. A ver, si así.

martes, 27 de julio de 2010

¿Qué demonios...?

Vale, pues ya no he reportado mucho ultimamente. Sucede que entre las emociones y otras cosas me vi muy ocupada.

El incidente más notorio fue la visita de mi primo sobrino. Justo en el día en que me quiero sentir más joven llega un niño que grita a toda su agudísima voz "¡¡¡Tía allizzia!!!".

Pero eso no es lo mása cruel, creo. Lo más cruel es que odio a los niños y ese niño me reafirmó mis ganas de no tener un hijo. JAMÁS. Era un nene tan... ¡MALCRIADO! (oh, flashback). Bueno, es que quería ABSOLUTAMENTE TODO lo que se le ocurría. Incluso si era un estúpido pegaso. No está mal pedir cuando se tiene, no sé, carisma. Ternura. Pero ese escuincle era el demonio. No, incluso el demonio es más chido. Él era él, por que no hay maldad más pura. Cuando no le dabas lo que quería gritaba con un sonido tan agudo, que casi rompe las gruesas ventanas de casa.

Era tan rompebolas... Hijoefurcia, no lo puedo creer... Es que no me imaginé un niño así jamás. Uno de mis primos era medio enfadoso en ese aspecto, pero Dios mio, este niño rompió todas las expectativas.

Les aburro, ¿verdad? ¡Pues me vale madres!

Estoy escribiendo un cuento y pues, quizá luego les pase un trozo.

Y si me ayudan a escribir guiones les agradeceré mucho su ayuda.

Suya,
alice.

PD. ¡Vamos aborto! ¡Tú puedes!

jueves, 22 de julio de 2010

Estudio exhaustivo.

De mi. Novedad, ¿huh?

Supuse que hoy sería un día divertido para poner algo sobre mí que yo no sabía. Y que definitivamente me daba hueva imaginar. ¿Por qué? Pues porque había una foto, obvio. Y un recuerdo, pero no le digan a nadie porque luego me ven raro.

Verán, en honor a las vacaciones, mi tía vino a visitarnos desde las lejanas tierras de SinaRCOloa. Lugar lindo y tierra natal de mi madre. Excepto por el calor. ¡Ah, que pinchi calor hace! (disculpe usted los regionalismos... no los puedo evitar).

En fin, esto trae como consecuencia que recuerdos de cuando éramos pequeñas se disparen (y me refiero a pequeñas a que esta familia repele los espermatozoides XY).

Así que comenzaron a contar sobre la primera vez que caminé. Yo ya sabía un par de datos: a) no había alcanzado el año, lo cual significa que eran los meses más calurosos del año. b) estaba en pañalera solamente, porque, bueno, hacía calor. c) había una alfombra roja. d) había muchos brazos flotantes. "fuck them, brazos flotantes" pensaba yo. e) todos gritaron asustados, el típico grito culichi. Vale con estos alarmistas, solo caminaba, for god's sake! f) mi cara era redonda. No importa, pero lo ví en una foto. Me recuerdo a alguien...

En fin, cuando comenzaron a platicarlo de regreso, me callé. Nadie, ABSOLUTAMENTE NADIE debe decir que recuerda algo que no debería recordar. Es parecido a decir "Oh, escucho voces en mi cabeza". Y yo tengo ambas así que, evítenlo.

Yo sabía que había caminado en un museo, esa alfombra roja solo corresponde a algo antiguo como un teatro o un MUSEO. Efectivamente, era la Alhóndiga de granaditas. Cabe mencionar que mi lugar favorito de todo el fucking mundo es Guanajuato (Capital).

Debía haber visita para que nosotros estuviésemos en un museo, my guess were: La tía J (que es gigante, pocha y odia su nombre) y la tía G con el tío P (ambos hermanos de mi madre, mi tío favorito de todo el pinche puño de tíos que tengo). La segunda era la ganadora. La tía G es la visitante presente. El tío P está ausente. Siempre. Pero esa es otra emohistoria.

En fin, supe que eso era correcto por que tantos brazos correspondían a las muchas hijas que subsisten de mi tía. Yep, right again. Siempre las vi muy altas... odio ser pequeña...

Hace mucho tuve un flashback de eso. La alfombra roja, mi felicidad (pa' que vean que los bebés se emocionan al extremo cuando aprenden a caminar... those fucking lil' bitchies), los brazos, mis pies sumamente chistosos, la pañalera blanca... Ah, y la pared y escalones de piedra.

Entonces, comenzaron a decir el resto. Nunca lo imaginé porque, really, ¿A quién le importa?

Cuando caminé, todos se quedaron con cara de WTF. No había intentado dar pasos. Simplemente vi el piso, la oportunidad y ¡madres! me fui corriendo. Como todos dijeron, ¡oh, no mames! la mayoría me siguió. Sortée los brazos. Ahora comprendo que ellos debían ser más rápido que yo y que evitaban que me cayera. Ilusos.

Claro que me caí (y me acabo de enterar), muchas veces, pero gritaba cuando alguien se me acercaba. No quería que nadie me tocara. Lo que yo pensaba que era velocidad, era una nueva y tambaleante forma de transporte. Mucho más lejana del suelo. Cuando me caía, yo sola me levantaba y seguía. Era nuevo, era genial. No quería compartirlo con nadie. No había lágrimas ni pucheros. I kept on going.

Para las muchas personas que piensan que soy rara peculiar: #Esgenético. Really, no bromeo, aparentemente, era así desde que nací. I just like to do things by myself.

Mis hermanas siempre me dijeron que era un bebé raro. Resulta que mi hermana más grande no habló hasta más grande. Simplemente era una huevona sin remedio. La otra, habló casi al instante de nacer. Nadie ha hayado la forma de callarla hasta la fecha. Bueno, tampoco a la otra, pero creemos que se golpeó la cabeza...

En todo caso, no es que yo no hablara, sino que... pareciera que no lo necesitaba. Mis grandes (extremadamente grandes) y redondos ojos miraban fijamente. Después de ver todo el lugar, solo miraban. Observaban. No necesitaba hablar. Porque... ¿Para qué demonios habla un bebé? Les dan comida, cobija, limpieza, y agua y todo sin hablar.

Pero solían tenerme miedo. No mucho, digo, no iba a matarlos durante la noche en aquel entonces.  Pero... era extraño. Pareciera como si pensara... como si... planeara algo...







Wait

Quizá si era rara. Huh...

PD. Este año no tengo canción. Lo siento.

lunes, 5 de julio de 2010

Ya estoy afuera.

No hay nada mejor como una semana sin internet como para darse cuenta de quién es realmente uno.

Primero, y menos importante que muchas cosas, leí varios libros. Les contaría de qué se trató pero me recordó a alguien pero todo al revés. Y al mismo tiempo me sentí totalmente identificada. ¿Saben que extraño se sinte eso? De verdad quise... no sé... cambiar... simplemente para dejar de sentirme tan identificada. Es como leer el triste futuro.

Luego, todo simplemente me dió igual. ¿Saben? No hacer absolutamente nada con tu cabeza es (ya pues, tomando las palabras del pink floyd) adormecerse cómodamente. A veces pienso que es en la forma en que la mayoría de los humanos sobreviven: educan a sus hijos, hacen su trabajo; en un adormecimiento que les hace que todo parezca cómodo.

No es fácil, me di cuenta. Cada noche le asalta uno ese sentimiento del noséqué-que-quéséyo. Mis respetos a todas esas personas, la filosofía les viene al culo.

Así que mi instinto fue huir. Huí en muchas formas. Por un momento me hundí en la música. 
Fue así como encontré una forma de describir ese noséqué. Así como... Estar encerrado (aunque no literalmente) en un lugar del que no puedes huir. Tienes que seguirlo viviendo día tras día por que no sabes como llegar a eso que te hará feliz. Lo único de lo que tienes ganas es tirarte en el piso a rezar por que algo te transporte. Así. Literalmente. Y yo no sabía como carajos alguien había podido transmitir eso. Pero lo hizo.

Basta una sola decisión para llegar. Encontrar tu amor es difícil pero de verdad que lo único que hace falta es una decisión. Y convicción. Y un par de vicios. Y saben, para entretenerse. Así que así nos la pone la vida. Suena sencillo. ¿No se me unen?

No. Ya. Estoy sola. Estamos todos solos. Mundo de miseria nos regala una cosa y nos quita otra. Que hijo de furcia.

Así, pasé el resto de mi semana en otro mundo. Uno de mis favoritos. Adrenalina. Fuego. Y hielo. Fuego de nuevo. Fuego...

La ternura que me embargaba por los días me arrebataba. ¿Qué era lo que pasaba? Ternura... Yo, al margen, sintiendo ternura. ¿Y mis instintos asesinos? Se estaban confundiendo, eso era. Mi corazón se apagó junto con mi mente. Era lo que las personas consideraban normal, creo. Normal, yo ¡ha!

Claro. Supongo que lo que más me sorprendió fue la facilidad de dar la espalda. La facilidad con la que a veces me puedo adaptar al dolor. Resultó que el adormecimiento puede ser útil.


No sé que piensen ustedes pero les deseo un agradable adormecimiento. Por un muy corto periodo de tiempo. Que los despierte una fina lluvia. Y con fina, obviamente, me refiero a que ojalá les caiga un aguacero encima que les moje hasta el cerebro. El agua de lluvia limpia todo.

sábado, 3 de abril de 2010

De otro tipo de avisos.

De esos que ni les importan.

He tenido mucho tiempo para pensar. Nada bueno para mi.
Verán, se trata de que no sé de nada.

A ver, todo empezó con las vacaciones. Generalmente me ponen en un humor nada agraciado.
Después, un poco de la observación. De lo peor.

¿Qué carajos les sucede a las personas?

Desde que nací, era evidente que observaba. Mis ojos, abiertos desde un principio, nadaban por los alrededores, buscando. Registrando.
Se me hizo algo normal eso de estar "en los zapatos de los demás". Ver en todas las direcciones. Simpatía, que le dicen. Escuchar todas las versiones.

Así que me cuesta trabajo aceptar que eso no entra en la cabeza de la mayoría de las personas. De verdad, y luego "Es que nos peleamos otra vez..." "Es que no es mi problema, es de él" "Lo que pasa es que es una idiota" "Es que no me entiende"...
Carajo, que estrés. No comprender que observar detenidamente por unos minutos salva vidas es simplemente algo increíble para mi.

En una visita rápida, me recordó mucho a mi una pequeña nena.
Tan maleable su pequeña mente...

En fin...
Solo me preguntaba por que somos así todas las personas. No le encuentro sentido a nada. Ni a mi misma.

Ahora, solo nomás por que sí, datos curiosos:

  • Las dos coletas son divertidas. Ser feliz es lindo. Ser estúpido es lindo.
  • Jeannette es una bruja tierna. Es feliz y su vestido es lindo. Tiene una varita y grandes coletas azules. Es feliz.
  • Quiero un borrego.
  • ¿Saben que es más divertido que "chowder"? Clam chowder. Ambas me dan asco, pero siguen siendo divertidas.
  • Si te dan elegir entre lo seguro y nuevo, y lo inseguro que querías desde hace mucho... Elige Alemania. Siempre.
  • Me cansé de leer. Así que de ahora en adelante: Rius y Quino son bienvenidos.
  • "Las mujeres queremos un caballero en la mesa... y un pervertido en la cama, ¿dudas?"
  • Debo dejar de leer comics, debo de...
  • Me duele la cabeza.
Mucha palabrería. Me voy a deprimirme a otro lado.

domingo, 28 de marzo de 2010

Without an answer, the thunder speaks from the sky;

And in the cold, wet dirt I cry.

Espero que sepan que la entrada anterior fue producto de varias horas de melosías en el ciclo REM, me levanté con ellas en la cabeza, y el internet se las chupó cuando accedí a él.

El resto del día fue un día normal.

- Gente huevona. Vengan temprano por sus ramos de trozos de palma benditos más temprano.
- Es cierto. Es muy tarde para que haya gente en la iglesia.
- Sí, mis amigos van a misa entre las 12 y las 4 de la tarde. |
- Nha, no es tan raro, hay gente que va a misa en la nochesita.
- No, en la nochecita la gente se confiesa.
- [resoplido incrédulo]

La verdad es que no sé por qué se me ocurrió que el mejor momento para decir todos los pecados cometidos es la noche. Imaginé un fondo frío y oscuro para el momento en que una persona le dice al padrecito morboso cuando lastimó a alguien y luego se sintió mal, sus acciones extramaritales, o los crímenes imperdonables (flashback a Harry Potter...); aceptémoslo, los padres deben ser personas bien morbosas para poder estar escuchando todo eso y luego castigar. Está bien retorcida la cosa.

Muchos pensamientos raros como aquellos también me ocurrieron en el transcurso del día. Cuando yo pensaba en cosas triviales y que ustedes posiblemente jamás llegarán a entender, un ruido de televisión coincidió con el momento en que un auto arrancó la marcha.
El sonido me hizo pensar en cuando estás en la playa (con el calor pegajoso y la piel sabor a sal, sea por el sudor o por la brisa marina) y alguien enciende un aire acondicionado.

Me recordó al mar pues. Yo no soy marina (pregúntele usted a quien quiera... que me conozca, claro está) pero de repente a uno le saben los recuerdos, a lugares, a comida, a momentos.
Pero no, no me gusta el mar. No me malinterpreten, tiene sus amabilidades. Me gusta cuando la arena caliente y seca se mete entre los dedos de mis pies. Me gusta el sonido de los pájaros y de las nubes. Pero más que nada me gusta el sonido del mar. Ese sonido que te llama, te hipnotiza, invita. Atrae, más que nada.
 An angel whispers my name. 
Y ahí va, uno como idiota a meterse al agua. Y es que luego el mar saca sus brazotes pesados y te abraza, pensando que a uno le gusta. Y no está tan equivocada, a uno le gusta; sí, pero abraza demás. Ahoga.
Y a cualquier persona que nunca le ha sabido amar al mar con paciencia, se lo lleva entre los dedos.  Y lo destroza como una concha más.
Es culpa del mar, por que no sabe controlar sus versos, sus caricias, sus cánticos embellecedores, -de las sirenas- le dicen. Pero ya cuando estás atrapado, se siente su olor a muerte, su sabor yermo.

Es el calor, que a uno le pone a alucinar.

Pero ahor ya está soplando el viento fresco.

Viento fresco sobre la piel. Viento entre los cabellos al viento.

But the message relayed is the same.
When the deads of night come calling.

sábado, 20 de marzo de 2010

Que trata del descubrimiento de la estupidez propia.

Antes de empezar a quejarme una vez más, debería agradecerles por sus comentarios en la entrada anterior. 200 pts positivos a la escala autoestimista.

Entonces, ahora sí, pasaré a relatar.

Mi primo, el pueblonuevense mayor, ha cumplido los 12 años y ya es todo un hombrecito ha decidido entrar a la maldición marista. Bueno, tecnicamente eligió su madre, que con su cuarto chilpayate no ha decidido reducir gastos. Supongo que no tienen hambre...

En fin, en la mañana de hoy, mientras vegetaba en mi sillón, llaman:

-¿Están en la casa?
-Sí, aquí estamos yo, Estelita y allizzia.
-Ah ok. Entonces ahí vamos para que le expliques a Pueblonuevensemayor sobre lo de blablabla...

Entonces dije, ¡Ohfuckmisprimosvienenyyoestoyvegetando! Así que salté a la regadera.
A medio relajante baño escucho que me avisan de la inminente llegada. ¡Ohfuckaúnmefaltamienjuaguesemanal! Así que convenciéndome de que no había tiempo, salí y me vestí. Sin secarme el cuerpito. Me sacudí como perro (no, en realidad no, pero es una imagen mental divertida, ¿no?).

En fin, salgo y Pueblonuevensemayor estaba en la salita.
Tomé su guía y comencé a leerla.

Sin querer, rememoré aquellos tiempos en que yo entraba a secundaria. Pero como mi escuela católica secundaria era de monjitas dinereras, sólo les bastó ver mi papelnaranjitacomosellamedelaprimariadondedicemicalificaciónfinal para abrirme las puertas y extender la alfombra roja. Solía ser más nerd.

Así que empecé a leer. El típico "Favor de llevar un LÁPIZ #2 HB para llenar el exámen". Y las preguntas de niño imberbe: ¿Si no lo llevo, no me van a dejar presentar? ¿Por qué ese? ¿HB? Así que paciente-allizzia procedió a explicar...

Después de esto surgieron preguntas sobre la escuela, lo cual terminó con la frase "No tengo idea, no fui ahí a la secundaria". Lo cual debió haberle dado una idea de cuan perdida estaba.

Finalmente comencé a leer las preguntas de ejemplo.

Analogías:

Rugoso es a liso como áspero es a:

Pero claro, como son los estúpidos exámenes esos, "suave" no venía, así que tuvimos que conformarnos con "llano". Estupidez.

Lo siguiente eran antónimos y sinónimos. De lo cual vinieron tantas preguntas...

Bélico
Anarquía
Derogar
Centralizar

Hasta que traje un diccionario, claro. Ah, y Estelita insistía en que derogar era igual a crear o algo así. Lista, la nena.

Así que, luego dió lugar a el ejercicio más complicado que he hecho en mi vida:

"Completa la secuencia de números:"
Algo así como:
"12, 26, 14, 22, 16, __"

Apuesto a que todos pensaron que 24, ¿verdad?
Pues no, por que ese número no venía en las opciones.
Chingasatumadre, ¿Cómo carajos...?
Eran las secuencias más complicadas que he visto, de verdad. Y los números suelen ser fáciles conmigo. De verdad. ¿Pero qué rayos les sucedía hoy?

Estelita estuvo un buen rato y hayó la respuesta al problema. Desmadre de explicaciones después, logramos explicarle al pobre niño. Que creo quedó atontado con ello.
Estúpida lógica. Apesta. La vida misma no tiene lógica siquiera.

Después, puso cara de "Quéchingad..." con el problema "Una pluma cuesta X pesos. ¿Cuánto cuesta una caja de 12 plumas?"
Si alguien recuerda primaria, nadie vió eso de sustituir números con letras, llamadas literales o incognitas o whatever. "¿Por qué hay letras?" dijo con un tono de pánico claro.

Y mi hermana casi le mata con explicaciones que le hubieras podido dar a alguien que recibió esa clase pero no entendió. "Tranquila, Estelita. Eso todavía no lo ve él, no tiene ni idea. Calmita, que está difícil." le dije con tranquilidad pausada.

Así que a explicar: "Mira, suponiendo que "x" valiera 2, tú lo pondrías como 12x2; pero si es equis, tú lo pondrías 12xX. Pero como eso es confuso, lo ponemos como 12·x o 12(x) o el más usado 12x, que significa doce veces equis, como una multiplicación pues. Entonces, si..."

Creo que lo expliqué bien. Luego procedí a insultar al Centro de Evaluación y noséqué Nacional Marista por que son unos faroles, culeros, fantoches que de seguro enseñan cosas acá en primaria para que nadie más entre en secundaria a menos que sea una eminencia de genio. Son cosas que ni yo sé, ni una licencia, ¿para un niño de secundaria? Hay, déjense de mamadas. Faroles estos.

Así que ahora tengo que escribirles una carta con sincera no-cordialidad sobre sus métodos mamones.

Los maristas son odiosos. Aunque me gusta que crean personas bien ateas. Así chido.

Atte.
Yomera.

PD. Luego fuimos al tianguis y me compré dos películas piratas, y casi, CASI me compro un programa pirata. Allizzia mala.

domingo, 14 de marzo de 2010

This is not a love story.

Ambos miraban la soledad del lugar, con miedo en los ojos pero con decisión. Sabían que era el momento en que todo caía en su lugar. El miedo, insignificante, les llenó los estómagos. Se tomaron de las manos sin siquiera pensarlo, y se impulsaron mutuamente a lo que sería su futuro.

Yo les avisé. Lo juro.

Ella era una artista con la mirada perdida, el corazón triste y el amor perdido. Él era un comerciante, que había perdido el semblante a golpes de corazón. Se habían conocido desde jóvenes, cuando ambos estudiaban. No tardaron mucho en saber sobre ellos, ella había vivido toda su vida con sus tíos, él con sus padres y hermana. El nombre de ella, como de telenovela, era Isabella. El de él, como su abuelo, Emilio. Isabella, conociendo a Emilio con tan solo un vistazo a su mirada, sabía siempre lo que sentía, le ayudaba, le consolaba. Para Emilio, Isabella era un misterio. Poco a poco, después de adivinar casi todo de él, calificó a Isabella como imposible, una mujer como pocas, sentimientos pequeños o nulos y una persona que veía la verdadera realidad.
Aún así, Isabella era una mujer sonriente, independiente, decidida y cariñosa. Cuando Emilio volvía de nuevo con una de sus decepciones sentimentales, ella le recordaba que un error no se comete dos veces. Y cuando cada vez, menos decidido, Emilio volvía a salir adelante; Isabella se preguntaba si estaba haciendo bien o mal.
Nunca nadie pensó que un par así se llevara perfectamente. Ambos siempre tuvieron gustos diferentes. Se encontraron a sí mismos solamente encerrados en un libro favorito que tenían en común. Tenían trabajos diferentes. Él se dedicaba a convencer personas, ella a moldear sentimientos que no encontraba, ni sabía que tenía.
Ambos se guardaban todos lo que sentían bajo su trabajo, del cual, si bien tenían talento, no tenían interés.

Decepciones más tarde, con solo una mirada a los ojos de ambos, supieron que lo que necesitaban hacer era escapar. No necesitaron palabras para empacar, ni para huir.

Huyeron del miedo a lo conocido, para conocer el miedo a lo desconocido. Tomados del brazo, encontraron por azar el lugar donde habrían de vivir. Rentaron una casa y decidieron olvidar quienes habían sido hasta ese momento.
El secreto entre ellos dos.

Emilio llevaba media hora esperando en la entrada de su nueva casa cuando pudo avistar el reflejo blanco dando la vuelta en la esquina. Isabella manejaba la camioneta rentada para la mudanza. Cuando se detuvo y bajó, Emilio no tuvo de otra más que reírse. Hacía tanto que no lo hacía de tan buena gana, que los músculos de la cara protestaron. Isabella usaba un pantalón ceñido de mezclilla deslavada, una playera de franela roja, y un pañuelo en la cabeza; muy al estilo de mudanza americana. Cerró con un portazo la camioneta, y se dirigió a abrir las puertas de atrás, para liberar sus muebles. Emilio se adelantó para comenzar a sacar las cajas.

- ¿Y qué mosca te ha picado a ti?
Emilio estaba apilando algunas cajas, tanto en el piso como en la camioneta, unas sobre otras; Isabella lo ignoró, haciendo lo mismo con las cajas.

- ¿Y has estado aquí todo el mañana, parado como pasmarote?
- Vine a recibir la llave.
Le contestó con tono de herido, el cual arruinó, por que sonreía para sí mismo. Tomó un par de cajas y caminó hacia la puerta de la casa.
Isabella se tiró de espaldas en el pasto del jardín, y cuando Emilio salió, le miró interrogativamente desde arriba.

- Es que manejar cansa.
- Sueñas que yo voy a bajar todo eso. Párate.
Y la movió con un puntapié en las costillas. Isabella se quejó levemente, y se levantó.

- Eres un brusco.
Pero la casa estuvo arreglada en poco menos de un día. En medio de la noche, se sentaron en la sala diminuta a mirar alrededor. Estaba más sucio y vacío que sus almas. Sintieron que un peso les caía encima. ¿Qué se debía hacer luego?

Emilio abrió la puerta y miró a su alrededor. Se sentía incómodo e inapropiado en su nueva casa. Como si estuviera demás ahí. Isabella pasó blandiendo trapos y detergentes en la mano.

- ¿Qué te sucede? Llevas limpiando por cuatro días. Ya es suficiente.
- Nunca lo es –le contestó con una sonrisa, pero sin mirarle.
- No tienes nada que hacer ¿verdad?
Isabella le dirigió una mueca y se trepó en un sillón para limpiar los cortineros.
- Bueno, ya. ¿Dónde habías estado tú, señor ocupado?
- Conseguí trabajo.
- Creí que ya no necesitabas trabajo.
Emilio recordó lo que había pasado en su antiguo trabajo. El hospital, la aseguradora… el accidente. Sacudió las imágenes de ese momento.
Quiso quedarse callado por mucho tiempo, pero Isabella le miraba expectante y el silencio era atenuante.
- Para tener algo por qué levantarme por las mañanas. Que no sea limpiar.
- Cállate. El lugar ya se ve habitable gracias a mi.
- Si, se mira habitable y huele a lejía.
Isabella le atestó un golpe en las costillas. En verdad no tenía nada que hacer. Extrañaba los días en que tenía un trabajo, en que iba a la escuela solo para pintar o moldear. Cuando recibía encargos para adornar oficinas, restaurantes, cafés o lugares públicos “culturales”. Volteó a ver su reconocimiento en una mesita de madera; aquel que le habían dado gracias a sus esculturas en el edificio municipal nuevo.
Cuando ambos se sentaron a comer, se sintieron más solos que nunca.
- ¿Y de qué es el trabajo?
- En una farmacéutica. Vendo medicinas a los consultorios.
- ¿Y qué voy a hacer yo sola aquí, entonces?
Emilio lo pensó muy bien. Él estaba comprometido a dejar de trabajar, pero necesitaba trabajar para dejar de recordar. No sabía que decirle a Isabella, que estaba claramente molesta.
Isabella se acercó a él con todo y silla, y se recostó en su pecho. Cerró los ojos. Emilio la abrazó, sintiéndole frágil y pequeñita en sus brazos. Él no sabía que para ella, esto también se suponía terapéutico.

- ¡Isabella! – Le llamó Emilio cuando llegó.
Su trabajo era corto de suma facilidad. Era lo que más se le daba; fingir que todo era perfecto. Pero ella no estaba en la sala, donde siempre solía encontrarla. Subió al segundo piso, llamándola. Abrió la puerta del dormitorio vacío y se recargó en el marco de la ventana por un rato.
- Me imaginaba que escondías algo. Pero supongo que me lo merecía.
- Yo también necesito hacer algo. Y yo no sé hacer nada más. Tu compañía te habrá mandado al cuerno, pero yo no tengo compañía.
- ¿Cuánto lleva esto aquí? – preguntó Emilio, gesturizando hacia la pintura.
- Desde el día que te fuiste a buscar trabajo. Así que enójate. Ambos rompimos la promesa; ambos trabajamos, pero yo no trabajo para nadie.
No fue que eso le doliera pero a Emilio le molestó que ella también le hubiera hecho eso. Salió por un momento a tirar el saco, la corbata y el portafolio. Luego entró gritando violentamente.
- ¡Párate! ¡Sal!
El cambio asustó a Isabella por un momento. Emilio la tomó del brazo violentamente y la sacó a la fuerza. La arrastró por las escaleras, abrió la puerta del frente y la tiró en el patio.
- ¿¡Qué carajo te sucede?!
- ¿Hace cuánto que llevas ahí encerrada? Te ves blanca, te hace falta sol.- Le contestó cínicamente, con una sonrisa burlona en la cara. Isabella se quejó y se puso de pie. Luego corrió hacia la puerta. Emilio la detuvo con un solo brazo. – Y ni te atrevas a entrar de regreso.
La tomó en vilo de nuevo, y la tiró de espaldas en el pasto. Ella se retorcía intentando escapar; pero él era más fuerte y la retenía en el piso. En algún momento dejó de luchar para aventarle una colección de insultos. Luego su vista se desvió en otro tipo de mirada. Emilio la siguió. Una vecina les miraba con cara de preocupación. Eso debía ser algo que no veía todos los días. Él se levantó y levantó a Isabella. Ambos se sacudieron mientras miraban a la apenada vecina, que sabía que había sido descubierta y no encontraba donde esconderse. Isabella se sonrojó, Emilio le tomó de la mano y caminó hacia la mujer. Isabella, aunque incómoda, decidió seguirle el juego.
- Disculpe, no nos habíamos presentado. Yo soy Emilio, y ella es Isabella. Nos acabamos de mudar al 56, aquí a dos casas.
- Ah. Yo soy la Mireya. Vivo aquí con mi hijos desde hace 5 años que me casé. Disculpen, no quería importunarles.
- No se preocupe, íbamos de salida de todos modos. Mucho gusto en conocerla, Señora Mireya.
- Llámeme Mireya solamente, mucho gusto. Con su permiso…
Y así huyó la primera persona que habían conocido en todo el lugar, por primera vez.
- Entonces, ¿íbamos de salida a dónde?
- Pues a comer. Y a que te dé el sol. No es broma, estás transparente, como papel de arroz.
Pasaron a comprar algo a un local, y comieron sentados en una banca de un parque deportivo que encontraron al final de la calle donde vivían.
- ¿Y cómo te va en el trabajo?
- Bien. Me pagan por convencer a los médicos que unas píldoras les va a curar la soledad. ¿A ti?
- Yo no trabajo. Pero bien.
- Yo no me voy a enojar por que pintes. Haz lo que se te venga en gana. Yo no estoy para decirte que hacer y que no.
- Lo que pasa es que ya no sé que pintar. Pero te voy a tomar la palabra.

Isabella abrió la puerta renegando, por que seguramente él habría olvidado algo del portafolio. Pero cuando abrió la puerta, quien le esperaba era Mireya, con un plato de algún revoltijo de algo. Tenía cara de arrepentimiento. Isabella le dirigió su mejor sonrisa.
- Eh, buenos días.
- Mire, yo la verdad vengo a disculparme por lo de ayer. Es que no habíamos tenido nuevos vecinos hace mucho, y cuando ayer salieron así… Pues para lo que guste, en el 64 tiene su casa.
- Muchas gracias, Mireya. Ándele, entre.
La señora entró dudosa al lugar, y vio con asombro adentro. Isabella llevó el traste a la cocina. Mireya miró a todos lados.
- Se instalaron sin problemas, ya veo.
- Sí, pues no teníamos mucho que hacer más que desempacar y acomodar.
- Ah, yo supuse que con el trabajo…
- Se suponía que no íbamos a tener trabajo, pero ahora resulta que si. Pero la primera semana, no teníamos nada que hacer.
- Pensé que la mudanza se debía al trabajo de su esposo.
- ¿Mi esposo? No, se equivoca usted.
A Isabella no se le hubiese ocurrido que las personas pensaran eso. Pero tenía sentido, eran una pareja mudándose.
- Nosotros somos amigos. Hemos sido amigos desde hace mucho tiempo, y decidimos que era tiempo de un cambio. Vinimos juntos para apoyo moral mutuo.
Pero Mireya no pareció tragarlo. Le miró con desconfianza. Al final terminaron platicando sobre otras cosas, y ambas, ganando una amiga. Mireya tenía dos hijos:
- Una niña que acaba de entrar a la escuela, y un chiquito.
Le había dicho ella. Isabella le platicó lo que ella hacía, de cuando enseñaba artes plásticas en un colegio, y Mireya le platicó que su esposo era maestro en la secundaria de ahí cercas. Cuando Isabella levantó el brazo en manierismo, Mireya pudo ver marcas. Isabella se descubrió los moretones del día anterior. Golpes interrumpieron. La hija de Mireya entró corriendo en la casa.
- Debería irme, ya es tarde. Mi esposo no tarda en llegar.
Isabella se despidió y le agradeció. Miró su brazo una vez más.

Cuando Emilio llegó, Isabella ya tenía lista la cena, acomodada la mesa, y los platos puestos. Emilio miró las escaleras tentativamente pero luego se decidió a sentarse.
- Llegas tarde. Hueles a alcohol y no me invitaste.
Pero él no contestó. No tenía ni las ganas ni el humor. No había ido a trabajar. Había pasado la mayor parte del tiempo manejando y dando vueltas. Fue al parque, caminó por las calles y finalmente se detuvo en un bar de mala facha. No hacía falta ser un genio para entender que era enfermedad de la memoria, y rotura del alma. Ella era mucho más que un genio de todos modos, y conocía a Emilio demasiado. Le trató entonces como si nada pasara, aunque el día tampoco le había hecho muy feliz a ella.
- Mejor me retiro a dormir. Estoy cansado.
- Mejor comes, por que vas a ver la que te armo si te atreves a seguir de mala copa.
- Isa, por favor.
Pero Isabella le aventó la comida enfrente y se dispuso a comer. Sin discusiones. Emilio revolvió el plato con mala gana y se fue en cuanto pudo. Tomó una botella de vino de la cocina, y se encerró en su cuarto. Pasó la noche sentado en una esquina, bebiendo y llorando como niño. El alcohol le impidió intuir que Isabella le vigilaba desde afuera, le escuchaba, y cuando por fin le durmió la bebida, no sintió cuando le arropó.
El día siguiente, poco después de salir el sol, Isabella entró saltando, canturreando e irradiando felicidad al cuarto. Abrió las cortinas y deseó buenos días a la criatura que le miraba desde el piso con los ojos inyectados en sangre.
Ella le tomó del brazo, le condujo al baño, y abrió la regadera. Le pasó ropas limpias y cuando Emilio salió, se encontró la cama tendida y olor a limpio.
- Rápido, que ya nos vamos.
- Tienes que conseguirte algo más que hacer, para eliminar esa mañana tuya de limpiar todo lo que puedo ser desinfectado.
Ella le respondió con una sonrisa enigmática y le jaló del brazo. Caminaron un buen rato, y al final comieron en un cenadorcito donde entraba toda la luz matinal y que Emilio comenzaba a odiar.
La tarde la caminaron por la Alameda. Emilio no había dicho más de diez palabras en todo el día. Así que cuando Isabella cerró la boca en un final inesperado, un silencio robó el viento.
- ¿Ya? ¿Es todo lo que vas a decir?
- Ya se me quitaron las ganas de hablar. Habla tú si quieres. Yo voy a ver las nubes.
Emilio entonces miró las nubes también. Y así se quedaron ambos por un momento hasta que ella miró el piso. Él, intrigado, la miró por un momento.
- Deberías conseguirte a alguien más, ¿sabes? Dejarte salir de tu propio encierro.
- Creí que ya no ibas a hablar.
- Creí que prometiste olvidar.
- No es tan fácil…
- Ya sé que no.
- Tú no sabes.
El comentario de él había herido mucho más de lo que habría creído. Isabella había tenido un largo historial de sentir algo que no era, o simplemente no sentir. Hasta la fecha no recordaba lo que era querer y había dejado de interesarle desde hace mucho tiempo.
Pero nunca se imaginó lo que tanto silencio y excesivo tiempo libre le iba a causar recordar.
Ambos se marcharon cabizbajos, él a encerrarse de nuevo y ella a su improvisado taller.

Al siguiente día, él se levantó temprano para irse al trabajo. Se asomó al cuarto de ella, que estaba vacío. Isabella se había quedado dormida en el taller. Emilio salió sigiloso. Cuando regresó, Isabella se había ido. La casa estaba vacía y sus llamadas se hundieron en el sonido de la lluvia.
Cuando regresó tres horas después, Isabella estaba empapada hasta los huesos.
- ¡Isabella!
Exclamó Emilio, que corrió a buscar una toalla. Tomó la más grande y regresó para envolverla. Ella temblaba tanto que no podía decir nada, él tampoco le quiso preguntar. Después de intentar secarla, la tomó en brazos y la llevó hacia la cama. Le quitó la ropa y la envolvió en las cobijas de su cama. Al final, la abrazó. Ella estaba helada. Isabella se acurrucó entre los brazos de Emilio, y, jadeante, explicó:
- Yo quise quererle, Emilio. De verdad. Pero me faltaron fuerzas.
Emilio la calló en un susurro. Le dijo que él sabía que lo había querido, pero a su manera. Le juró que todo iba a estar bien. Él estaba seguro de que Isabella no había comido en todo el día. Así que cuando ella por fin cerró los ojos por debilidad, el bajó a calentar sopa. Así le encontró ella cuando bajó sin ropa envuelta en sábanas y cobertores. Se sentó en la mesa, y él le sirvió un tazón.
- Perdón.
Se dijeron ambos. Y luego sus miradas penetraron una en la otra, bastando para saber que ambos tenían veneno en la garganta, y dañado el corazón.

Emilio se estacionó frente a la casa, donde había una mesa, tres sillas, e Isabella frente a dos niños pequeños. Se le acercó a Isabella para murmurarle en el oído.
- ¿Qué rayos?
- Enseño a pintar a la hija y sobrino de Mireya. Con la visita se vuelve loca, y le entretengo a los niños un rato.
- ¿Por qué no están en la escuela?
- Llevamos 5 meses aquí. Es verano. Cómprate un calendario.
Ella siguió hablando con los niños, cuyos lienzos tenían menos pintura que sus caritas. Ignoró a Emilio. Él entró a la clase y salió con una silla.
- Pues entonces dame clases a mi.
Entonces se inclinó sobre la mesa, cogió papeles y pinceles y mojó en pintura roja uno de ellos.
- ¡Así no, Emilio! Menos pintura y más amor, que masacras al pincel. ¿Qué te planeas pintar?
- Yo que sé. Una manzana.
- Entonces ese rojo no. Necesitas uno más oscuro, y amarillo y café.
- ¿Y verde?
- ¿Para qué quieres verde con una manzana?
- Pues para dibujarle una hojita.
- ¿Cuándo has visto una manzana real con hojitas?
- Bueno, para el gusanito.
- Eres peor que las niñas.
Un rato y dos manchones rojos después, Emilio decidió retirarse a comprar algo para comer. Isabella mandó a los dos niños a lavarse, para que Mireya no tuviera un colapso nervioso. Comenzó a recoger las cosas y limpiar un poco. Mireya se acercó.
- Los niños están en el baño. ¿Y la cuñada?
- Que se quede con su hermano, que ya me tiene hasta la coronilla.
- Pues creo que ya se aburrió por que ahí viene.
Una señora, alta y delgadísima, se les acercó.
- Usted debe ser la hermana del esposo de Mireya. Mucho gusto Señora…
- María. Tú eres la nueva vecina. La que pinta, según Mireya.
- Ya no pinto. Pero sí, la nueva vecina.
- Te ves joven, ¿vives sola?
- No. Vivo con Emilio. Un amigo.
- ¿Un amigo? No lo creo. Una señorita no debe vivir sola así, con un hombre.
Pero la señora se vio distraída con los niños que salieron volando, con las manos y la cara limpia, pero la ropa hecha un arco iris.
- Un amor, su cuñada.
- Déjela, es una megalomaniaca, tiene aires de realeza. Pero en una cosa tiene razón, Isa. No es normal que señoritas como tú tengan hombres como inquilinos. Ya sé que son muy conocidos y todo, pero ya vez como son los hombres, Isabella.
- Ya sé lo que piensan, Mireya. Pero Emilio es un hombre roto, yo lo conozco.
- No dije que estuviera mal, solo que no es normal. ¿Oyes? Creo que el niño está llorando. El niño consentido de mi sobrino se trepa a su cuna. Gracias por cuidar a los niños.
- Cuando quieras. No tengo nada más que hacer.
Y Mireya se fue corriendo. Isabella puso todas las cosas en una bolsa y las metió a la casa. Las puso en la sala. Emilio entró después.
- ¿Ya no hay niños?
Isabella no contestó.
- Entonces a comer pues. He traído unos panes que según el de la tienda, son hechos por el mismísimo Jesús.
Isabella siguió sin contestar, poniendo la mesa.
- Háblame mujer, para saber si no te has quedado muda de la fiebre que te dio hace días.
- ¿Ahora eres tú el único que se puede poner melancólico?
Así le contestó ella, con rabia y resignación en su voz. Pocas y contadas eran las veces en que hubiese hecho estas escenas, y aún más pocas las que Emilio había podido presenciar. No era agradable. Ella le miró con ojos velados de la madurez que él no tenía. Luego le dio la espalda de nuevo. Terminaron de comer en silencio, ella mirando el plato, y él fingiendo mirarlo también, pero lanzándole vistazos de reojo. Al final, ella se levantó rápidamente e intentó huir por la puerta del frente. Emilio la tomó de un brazo.
- No me toques. ¡Déjame!
Pero Emilio la ignoró, y la encerró entre sus brazos. Isabella luchó en vano. Luego volteó a verle.
- Déjame. ¡Déjame! ¡Yo no puedo huir de lo que me persigue como tú lo has hecho! Y si pudiera, tampoco lo haría…
Emilio la miró herido. Pero la cara de Isabella estaba decidida, y se sacudió los brazos de Emilio. Pero él siguió tomándola del brazo.
- Por favor, Isabella. Razona…
- Suéltame.
- Quédate. Vamos a hablar.
- ¡Suéltame! ¿O qué? ¿Buscas volverme a marcar la mano en el brazo? - Las palabras quemaron. Incluso a la propia Isabella. Emilio le soltó. - ¿No te basta con ser un hipócrita?
Emilio actuó bajo instinto. Su orgullo estaba herido, y le ardían las entrañas por dentro. Esas palabras varias veces las había escuchado. Levantó su mano y la abofeteó. Ella le miró por un segundo, y subió. Se escuchó un portazo. Él no creía lo que acababa de hacer.

Ya casi llevaba un día dentro, y no había logrado hacerla salir. Emilio lloraba suplicante en la puerta.
- Isabella, perdóname, por favor…
Horas más, estuvo rogando él. Pero ella jamás cedió. Al final, decidió ir por algo de comida, y quizás el olor la invitaría. Cuando Emilio consideró demasiado tiempo, comenzó a asustarse. Otras horas más tarde, decidió forzar la puerta. Lo había aprendido hacía varios años, y un alambre después, abrió la puerta y corrió dentro. Isabella estaba de espaldas hacia la puerta. Él la abrazó, y la tocó revisándola, mientras lloraba. Ella desviaba la vista.
- Isabella, perdón. Isabella, mírame, perdóname. Isabella, por favor, mírame.
Pero los susurros de Emilio eran insuficientes.
- Suéltame. Por favor.
Fueron las únicas palabras que salieron de sus labios. Emilio sabía que lo merecía. Pero no iba a dejar de intentar. La volvió a tomar entre sus brazos, y a besarle la mejilla y la frente. Isabella intentó alejarlo con golpes. Por momentos ninguno estaba dentro de si. Ya no sabían que sentían, ni que querían, ni quienes eran. Se buscaron la piel, la cara, los labios. El tiempo perdió su significado. Ellos perdieron el nombre y la respiración. Se probaron cada parte del cuerpo. Se mordieron los labios, las ansias y el ser completo. Se entregaron con rabia, con arrebato y con coraje al mundo. Al final se quedaron dormidos, olvidando que había un universo alrededor.
Cuando Emilio despertó, Isabella estaba sentada, dándole la espalda.
- ¿Qué estamos haciendo Emilio?
Pero a Emilio le faltaron voz y palabras para responderle. No sabía ni que decir ni como proceder. Se quedó acostado, mirándola, como si las palabras fuesen a aparecer en el aire como traídas por el viento. Isabella le comprendió.
- ¿Qué estamos haciendo, Emilio?
Le preguntó de nuevo, esta vez con odio en sus palabras. Emilio escondió su mirada en el infinito. Isabella volteó a verle, con los ojos de piedra, sin emociones, que todos le habían conocido. Le miró como se mira a un espejo roto. Emilio le correspondió la mirada entonces. Ninguno de los dos tenía idea de lo que había hecho, ni pretendía encontrar la razón. Isabella se levantó y se fue. Ambos se vistieron y se encontraron para comer. Ninguno se atrevió a hablar ni a mirarse.
Cuando terminaron, no supieron que hacer. Se quedaron inmóviles. Se vieron finalmente. Ella habló finalmente.
- Lo que pasó. Eso no significa a nada. Tú la amas a ella.
Isabella habló con frialdad. Emilio abrió la boca para decir que no era cierto. Pero ambos sabían que él deseaba que las caricias de anoche vinieran de otra persona. Para cuando él quiso mentir, le faltaron fuerzas. Miró la mesa, sabiendo lo que Isabella pensaba. Ella estiró la mano por encima de la mesa, le tomó la cara y le levantó la mirada.
- Ni te arrepientas.
- Pero, Isabel… ¿Tú…?
Las palabras se le perdieron. Emilio no tenía idea de nada.
- ¿Yo? Yo no amo, Emilio.
Isabella se levantó, esbozó media sonrisa, besó la frente de él y salió. Volvía a ser la misma de antes.

Bueno, muchachos, mis lectores inexistentes, esta entrada es mi entrada #100.

La historia es un regalo a todos ustedes.
Disculpen los errores, el copypaste no se me da.
Así que, gracias a todos.

PD. Me encantó mi historia, está larguísima, no me importa.