Mostrando las entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de diciembre de 2014

And what have you done?

Ayer vi una linda película llamada Something borrowed porque cuando me gusta perder tiempo me gusta ver comedias románticas (que hace poco accidental pero adecuadamente bauticé romedias). No les vengo a contar la película, sólo necesitan saber que hay un triángulo romántico cuyo foco se centra en la personaje lista brunette y con mala suerte en el amor contra su mejor amiga (a punto de casarse), la rubia, relativamente fácil, divertida y tonta. HEY, tomen nota: "relativamente fácil". Jamás es retratada como una putota ni como una facilota ni nada. La vemos con sus fallos y sus virtudes, como la vería su mejor amiga. That's nice.

Las romedias siempre se burlan de sus personajes femeninos: si el hombre no la ama, seguramente es culpa de ella; si engaña a su pareja, seguramente es culpa de ella; si no triunfa en el amor, es culpa de ella... Y siempre el hombre es perdonado, porque los hombres no son responsables de las relaciones románticas, de la seducción, de su propia sexualidad incluso. 

Ejemplo: en The Holiday, Iris "sabotea" todas sus relaciones porque está enamorada de su jefe (un putote) y es claramente su culpa porque ¿quién se enamora de alguien que obvio no te va a querer y más bien te está usando?, mientras que Graham no necesita redimirse de no decirle a Amanda que tiene dos hijas y que es viudo porque, POBRE HOMBRE, dios lo libre de ser honesto sobre su vida. 

Más ejemplos: en Notting Hill (una de mis favoritas), William, un hombre sencillo, se enamora de Anna, la super estrella de Hollywood, pero la relación no fluye porque Anna es una perra a quien le es imposible mantener una relación con la plebe. Obvio es culpa de la culera de Anna, y no de William, quien al final mantiene su pacífica vida de inglesito estereotipo mientras Anna parece haber renunciado (al menos por el tiempo retratado en la escena final) a su vida laboral. 

Más aún: en How to lose a guy in ten days (we just love Hudson) humillar a su pareja le cuesta su confianza, su trabajo, su amor y un poco de su dignidad mientras que a otro le paga un putero de dinero y la admiración de sus cuates. GUESS WHO THE WOMAN IS. 

Todavía más porque ya me divertí: en Devil wears Prada, la mujer pierde a su pareja como consecuencia de los cambios que ha hecho para mejorar en su trabajo, se le critica la dedicación hacia su trabajo y se le llama "vana". Su novio la deja, abatido, abandonado, triste, nada fue su culpa, principalmente el NO APOYAR EL NUEVO TRABAJO DE SU NOVIA. ¿Podemos recordar que tuvo que tomar ese trabajo porque las demás revistas de temas "serios" no le dieron trabajo? Obvio, porque es mujercita y las mujercitas pertenecen a las revistas de moda, que no es tema "serio" (algo que se demuestra falso con el personaje de Meryl Streep, God bless her soul).

Bien, podría seguir pero tengo hueva. Lo que quiero decir es que al menos me gustó que en esta película nadie culpó a las mujeres de nada. Es decir, sí, pero menos estereotípicamente. En el triángulo amoroso no puso a las mujeres en su contra. Es decir, sí, pero menos estereotípicamente. Las dos mujeres cometen errores -terribles- pero no se les condena por ello sino que salen adelante a pesar de ellos. El hombre que estereotípicamente no sabe conducirse en el amor, y que por cierto también comete errores terribles, no es puesto como el mártir a quien debe tenérsele paciencia y ternura, comprendérsele y amársele a pesar de todo. No, es un cabrón y se merece que le griten. Y así es.

El dosmilcatorce fue un gran año para mi feminismo. Ya no me enojo tanto como antes. Ahora defiendo mis palabras y he admitido que me he equivocado (algunas veces). Me acepto mejor. Me odio un poco menos. Me siento mucho menos como esas mujeres de las películas de las comedias románticas. Ahora las mujeres de las nuevas películas no se detienen a esperar a su amor, como Pitch Perfect, y no vamos a esperar mucho menos en el cine por venir. Vamos a exigir con uñas y dientes que nos representen con nuestras fallas y también con nuestras virtudes, y que le gente sepa que nada nos detiene por mucho tiempo. 

Este rant feminista es también mi manera de recordarles que Korrasami es canon, HAVE A VERY GREAT END OF THE YEAR, GOD BLESS US ALL, BISEXUAL PEOPLE ARE IN TELEVISION. 

Piensen en las cosas maravillosas que nos trajo este año, y piensen en lo que posiblemente estará por venir. 

Mañana vengo con mi reporte de las propuestas para el dosmilcatorce y algunos deseos para el nuevo año.

martes, 4 de enero de 2011

Días de compras.

Es época de reyes, y todos lo sabemos.
La televisión se llena de anuncios de juguetes y los niños se vuelven unos santos, gracias a la amenaza de -nada más te va a traer carbón-.


En casa, la historia de reyes ha sido chistosa.


Mi hermana mayor dice que se traumó porque siempre quería juguetes, y siempre le traían ropa. Y cuando le trajeron un juguete, era uno equivocado (el gran fiasco del juego del tiburón, ¿cómo olvidarlo?). 


Mi hermana menor recuerda cuando se enteró de que los reyes eran mis padres: bajó muy temprano y corrió para con mis flojos padres -no había nada bajo el árbol-. Mis padres le dijeron que todavía no llegaban y que volviera a dormir. Mi hermana no durmió, sino que escuchó ruidos y bajó para sorprender a los reyes. Sí que los sorprendió.


Mi padre siempre insistía en que le(s) pusiéramos rosca y leche: él siempre baja a comer durante sus ataques de insomnio, en la madrugada. Así, ya le estaba servida la comida. Lazy ass.




Hace años que no tenía contacto con reyes, pero ahora mis primos están más cercanos que nunca. Mi prima, la nena, pidió la típica Casa de Ensueño de Barbie. Es una niña, el capitalismo la envuelve fácilmente. Mis tíos fueron a E.U., según ellos que más barato, a buscarla.
No sé por qué no regresaron con ella. Y no sé porque esperaron hasta ahora:


Llevan dos días buscando la mentada casa.


Mi mamá y yo intentamos ayudarle. Fue como El regalo prometido:


"¿Disculpe, tiene la Casa de Ensueño de Barbie?" 


"Hahahaha, eh, no... se acabaron la semana pasada."


Era obvio, digo. Pero eso fue estúpido, dejar el regalo del niño más pequeño hasta el final.
Y no es cualquier regalo, es el juguete que más anuncian por la TV, y de la marca más popular.


Es estúpido.




Le pregunté a mi madre si nunca le pasó eso. Me dijo que compraba los regalos un mes antes. Y los escondía en casa de alguien más. 


"La bicicleta la escondimos en casa de los compadres."


Dice. 


"Que triste que nunca aprendí a andar en esa bicicleta."






Bueh, creo que la maestra de primero de primaria nos reveló el secreto; los siguientes 4 años después, fue por joder. 



sábado, 25 de diciembre de 2010

Cuento de malNavidad.

No soy una persona malvada. Tanto.
Mi esencia es dadivosa, me gusta dar trocitos de mi alma a todo aquel que la pida o que parezca que la guardará por un ratito. Ni siquiera me importa si la olvidan al cabo de un par de semanas.


Sin embargo, me han visitado los fantasmas de la malNavidad.


La Pre-malNavidad:
Para empezar, esta semana estuve de niñera. Mis tíos decidieron que estaría chido ir a EU, pero como sus hijos no tienen pasaporte/visa, pues los dejaron unos días con nosotros.
Son unos de los pocos niños privilegiados que se ganan mi paciencia y cariño. 
Sin embargo, son 4. Demasiados niños, a mi ni me gustan los niños. Uno se quedó fuera de nuestros brazos (y bien, porque no quería cambiar pañales), pero los otros pasarían desde el  martes hasta ayer en mi casa. 
En fin, no planeaba mucho la navidad; lo único que me gusta hacer es cocinar ese día... y luego tragar los platos enteros y mucho alcohol.
Sin embargo, mi prima estuvo a jode y muele que quería poner lucecitas navideñas, el nacimiento y la extensa villa miniatura de mi madre. Decía que siempre lo hacía con su abuela, que murió hace un mes. Mi madre se puso emotiva e hizo todo lo que la niña quería: luces, adornos, nacimiento lleno de heno, hastiarme...
En fin, para el tercer día, yo ya estaba mamando, y me refiero a comportarme como mamá: "Deja de jugar, apaga la computadora, báñate, no te lavaste detrás de las orejas, deja de gritar, muévete, eres un huevón, ya pónganse la pijama, ya duérmanse, ya váyanse a dormir, que ya se duerman jijosdeldemonio..." en fin...
El 24 de diciembre POR FIN, llegó. And there's where it all happened.
Me levanté, investigué recetas para relleno de pavo e hice el encargo para las compras. Abrí la puerta para mi hermana, y juntas mandamos a los niños a bañar (¿ven? chale...).
Planeé lo que iba a cocinar, y subí a hacerme tonta un rato.


Después, comencé a cocinar. Me gusta mucho hacerlo, y todo estaba saliendo bien. Embadurné al pavo en mantequilla and everything look ready to go.
¿Y los acompañamientos?


Y entonces el fantasma apareció: "Tu tía tiene mucha pasta..."


¿Qué caraj...? ¿Y a mi qué? No vamos a cenar con ellos... ¿o si?


SI.


...




La malNavidad
Rogué cuanto pude por no ir a casa de la tía. ¿Tanto odio a mi familia? No. Es una larga historia.
Hace mucho, esa tía (política) festejaba con su familia en otro estado, SIEMPRE. Quizá hubo años que no, pero nunca me dí cuenta. Allá, teníando TODA una posada: intercambios, juegos, velas, en-el-nombre-del-cielo's, cuetes, piñata, bolsitas de dulces, música, mucha comida, crepas (aparentemente...), y toda esa sarta de mexicaneidades.
Dirán ustedes que entonces no me gusta la navidad como se festeja con los mexicanos o algo así... Pero déjenme explicar más. Hace como tres o cuatro años, la madre de dicha tía murió. Y la familia de ella se deprimió tanto, que dejaron de festejar la navidad como acostumbraban. Invitamos un par de veces a la tía a festejar con nosotros cuando no salíamos, y hacíamos todo como ella acostumbraba. Somos unos blandos.
Sin embargo, este año la familia estaba reivindicándose, y esta vez vendrían con la tía a festejar navidad. 
Somos familia, y sé que siempre somos bienvenidos (espero, ja), pero estaba lleno de visita y ELLOS NO ERAN MI FAMILIA. Y ni siquiera los conozco tanto. Ellos sí me recuerdan, pero supongo que no son tan geniales para que valga la pena recordarlos a ellos. 
No quería ir.
No tenía ropa fancy para ponerme. Bueno sí, pero no quería.
Quería comer de lo que yo había preparado. Durante un par de días, si era posible.
Quería beber el alcohol que habíamos comprado. Yo.
Sí, lo sé. Suena feo. Me vale pito. Siempre nos acomodamos a las navidades de los demás, y hoy quería una navidad simple y pequeña y sencilla donde podría comer y beber muchingo. Se me antojaba tanto ese vino, y esos Boon's, y más vino, y mi pavo, y pasta con mantequilla y queso, y mucho pan, y ensalada mala de mi hermana, y las papas (que ni siquiera me gustan) de mi madre... ¿Era eso tan difícil?


SI.


La MalNavidad resultante
Me bañé a regañadientes. Me paré desnuda en la sala de mi casa durante media hora, decidiendo que tenía hueva de vestirme bien. Y que no quería ir. 
Al final me puse mi vestido nuevo que esperaba guardar para después. 
Salí al último de la casa, y me dirigí caminando en el frío a mi destino: la casa de la tía.
Cuando llegué, estaban haciendo intercambio en un juego con dados. Tenía cierta lindura, se robaban los regalos de otro si ganaban jugando dados. No eran cosas de verdad, pero esa era su diversión. 
Luego empezaron a hacer un juego al estilo "Un limón, dos limones", y quien perdiera tomaría una tapa de noséqué chingados. El maldito juego no me dejaba platicar agusto de las cosas estúpidas que siempre hablamos en navidad.
Yo ya tenía hambre, quería comer e irme a dormir cual grinch. No tenía mi alcohol ni mi comida. 
Perdí, por perdida del tren de pensamiento. Como tres veces.
La primera, no quería beberme esa madre que tenían, pero, era alcohol, así que me la empiné.
Sabía a anís.
"¡GUÁCALA, ESTA MADRE SABE A ANÍS!" Dije, queriendo dar a conocer mi aversión al condimento asqueroso. 
"Es que es anís." contestó mi hermana. Consideré por un segundo regresarlo al vaso, pero instintivamente me lo tragué.
"¡AY NO MAMES!" dije con mucha efusividad navideña. Mi boca sabía a anís. Detesto el anís. Lo detesto más que la religión. Lo detesto más que el pescado. Lo detesto más que los niños. Lo detesto más que el racismo. 
Me bebí el ponche que tenía enfrente, me bebí el ponche de al lado, y el anís hijodeputa aún sabía por toda mi boca, garganta, esófago y estómago. Podía sentirlo, carajo, y era asquerosamente asqueroso. Mi estómago protestaba. Quería pavo relleno y vino, y lo que yo le daba era una pinche asquerosidad con anís. Acababa de cortarlas conmigo.


Maldije su pinche juego que arruinaba mi navidad, y me puse a imaginar cosas sucias. Porque soy adolescente y porque puedo. Y porque esperaba que alguien me pudiese ver la mente, y se asustase con las imágenes sodomitas que estaban sucediendo en ese momento en mi cabeza. Y no los pelé por más veces que dijeron mi número. Fuck them. Fuck them so many times in their asses. El resto de las veces que perdí me dieron Boon's esta vez. No fue un gran castigo, pero les hice recordar cada vez que detesto su pinche bebida con sabor a anís. 


Cada estúpido segundo, mi estómago decidió volcar el anís y sus jugos gástricos como una burbuja de bingo. Tenía las agruras más feas que me habían dado en mi vida. Mi estómago, en un panchito, decidió recordarme que tengo gastritis, y que posiblemente tenga esa enfermedad bizarra de los Bueno, y que esta noche I was goin' to pay.


Me movía por todos lados, probando el anís una y otra vez, con infinitas ganas de vomitar.
Suck it up, me dijeron. So, I sucked it up.


La comida estaba siendo servida. Vaya, los odio a todos.


Me senté frente a mi plato, contemplando un gran cantidad de lomo (que yo no hice y que no se antojaba), un chingo de pasta (que sabía a mayonesa... ¡MAYONESA! ¿de qué libro de recetas lo sacaron? ¡¿McCormick?! Imbéciles sin papilas -ja, siempre digo pupilas- gustativas), una crepa de rajas con elote (no me gustan las rajas, y el elote era de lata, ugh), ensalada insípida (aún peor que la de mi hermana) y que tenía manzana a la que soy alérgica. Solo había una pequeña cantidad de pavo, y muy poco relleno. 


They were tryin' to starve me to death.


Admiré la comida por un largo rato. Las náuseas. No pude comer. Se me antojaba pan, como siempre que mi estómago se siente así. Ya no había.


La rabia se apoderó de mi, luchando contra mi yo navideño. 


Quería comida. Quería a mi familia gritando. Quería vino decente. Quería irme de allí y dejar de escuchar música que había estado escuchando toda la semana (mis primos tienen pésimo gusto en música, workin' on it).


Me odiaba tanto porque tenía hambre, odiaba a la gente de allí por hacerme beber, odiaba a mis padres por obligarme a ir, odiaba a mis hermanas por no advertirme del anís, y me odiaba a mí misma por odiar a los demás, por culpa del estúpido espíritu navideño. 


Así que me puse a hacer lo que sé hacer cuando, bueno, cuando me siento tristemente humillada por mí misma: llorar.


Quería vomitar con todas mis malditas ganas.


Así que me fui a mi casa y me induje el vómito.


Y así fue como empezó la allizzia Grinch. 


Comprendan que comer es una de mis actividades favoritas (excepto en la playa), adoro comer, y mucho más cuando soy yo la que cocina. Adoro la comida, simple y sencillamente.


Y en Navidad, ¿me lo quitan?


Espero que se mueran en un pozo de mierda.


No soy una persona católica ni religiosa, pero me solía gustar festejar todo eso. 
Ahora, no voy a colgar un solo arreglo navideño más, ni en la escuela (no me hagan ni empezar con eso), ni en mi casa, ni en mi chingada madre. 
Cocinar, sí, quizá. Adoro hacerlo.
Pero nada más.


Me gusta festejar diferentes navidades, incluso las no-navidades con las tías que se cambiaron de religión. 


Pero no como esta vez. Jamás.














Prefiero los balazos de Culiacán. Donde se rompen las olas.