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domingo, 15 de agosto de 2010

Llena eres de gracia.

Querida juguetona:

Me debes la renta. Te has estado escondiendo demasiados días. Ya sé que estás cansada, así que posiblemente has estado durmiendo encerrada en tu cuarto de paredes acolchonadas. Un par de visitas nada más, que le has cobrado a la sala de Gesell. Y te quedaste dormida sobre la mesa.

Esta carta es para llamarte la atención: ¡Despierta!

Necesito que termines un par de cuentos. Eres la parte activa de allizzia, así que también te has llevado un trozo de su cerebro a tus sueños.

También debo recordarte que contigo te llevas a la parte que lee. No he podido leer. Es tu culpa.

Sí, ya sé que allizzia no ha podido dormir, no es su culpa. El café comienza a hacer estragos en el estómago (la colonia del sur) y necesitas reconstruir sus casas. Perdón por el dolor de cabeza, se irá cuando regrese a beber cafeína.

Te hace falta recordar más cosas, y te encargo terminar la tarea. Antes de que te lleves el resto del cerebro a la cama.

Moe te ofrecerá tragos gratis. (Acaba de gritar "Sí, claro", pero el tono sarcástico fue tu imaginación).


Me despido de ti, esperando entres en razón; pues no hay otra cosa más importante que regreses a tus actividades normales (las no tan normales pueden seguir durmiendo).

Tuya siempre,
La vecina.

PD. No importa sino venís conmigo. Este viaje es mejor hacerlo solo. Yo te voy a recordar todos los días. Por que yo no te voy a olvidar.

jueves, 20 de mayo de 2010

Fuckin' kiddin' me?

Querida:

Te dejo en la mañana, y me voy cansado al trabajo. Te dejo en la cama, donde has sollozado en la noche,  gritado su nombre en sueños.
Cuando llego, sigues vegetando en la cama. No sé si has comido y supongo que no te importa. Yo te dije que no iba a ser igual. Pero tu no haces lo posible por seguir. Si intento hacerte comer, levantarte, bañar, tú me gritas, me golpeas, y me llamas insensible. Perdón.
Rompí todas sus fotos, lo sé. Me pediste primero que las quitara todas, a gritos. Así que lo hice. Luego saliste a discutirme porque las quitaba. Por que las ponía en maletas. Así que las puse de nuevo. Llorabas cada vez que las veías. Me decías que las quitara de nuevo, y luego eso te rompía el alma. Así que rompí todas sus fotos. Perdóname.
Cuando lograbas salir, no sé a dónde ibas, regresabas callada y jamás me lo decías. Las únicas veces que me dirigías palabras eran de odio, con la voz quebrada y levantada. Comenzaste a hacer cosas extrañas, de las que nunca me explicabas nada. Me dabas la espalda. Fumabas, y a veces bebías. Te encerré en casa, tiré las cajetillas y escondí los vinos. Perdón.
Supe que lograbas salir de cualquier modo. Conseguías dinero y quien trajera tus encargos. Olvidé poco a poco tu voz, no recordaba el color de tu cabello, de tu piel, ni de tus ojos. A veces sentía ganas de llamar a la policía y decir que había un extraño invadiendo mi casa. Ya no te conocía. Por eso, te dejo ese beso en la frente y esta carta. Quizá cuando éramos los tres tampoco eras feliz. Él se fue un día y no volvió. Esta mañana yo también me voy, y no voy a volver. Lo siento.

Te amé.
Con nostalgia:
el extraño que solía
dormir contigo.