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domingo, 26 de abril de 2015

Viernes por la noche (y brujas)

El viernes por la tarde recorrí el sillón frente al ventanal casi cuando comenzó la tormenta. Así duré hasta la noche, hasta que escampó. Bajé para sentir un rato el viento, para sentirme de alguna manera u otra.

Cuando regresé a casa, prendí la música, encendí un cigarro y salí a fumar al balcón. Ahora las tardes lluviosas me traen gratos recuerdos, y el clima exigía un poco de humo viajando por la garganta. Las nubes se habían ido y ya había estrellas en el firmamento. No volvería a llover. 

Mientras Jumbo sonaba con el cover de JoséJosé, una luz me atrajo la atención. "Ale, corre, ¡una bola de fuego, una bruja!

Mi flatmate corrió y se detuvo tras de mí para observar a lo lejos una lámpara de cantoya que ya amenazaba por extinguirse. Discutimos un ratito sobre las lámparas y luego se retiró con un suspiro: "Tu música es muy deprimente."

Yo creía que era más bien algo nostálgica porque no podía dejar de pensar muchas cosas: el estar completamente enamorada por primera vez entre otras noticias emocionantes. Mi música me parecía perfecta para sentirme bien, para dejarme razonar un rato, o más bien para aceptar lo que estuviera sucediendo.

"Me dan ganas de beber." termina la flatmate. Yo no tengo muchas ganas de beber, pero porque mi boca está ocupada por el humo. 

"Pues si quieres puedes tomar, todavía queda algo del licor de ciruela."

"Claro que no, allizzia, te lo bebiste." Eso no es verdad, pero sí bebí bastante de esa botella. Hay aún un vaso, vaso y medio quizá. No le digo nada, nomás me río, le gusta burlarse de esa manera. Entra a su cuarto y sale con una pequeña botella de agua conteniendo un par de dedor de líquido transparente. "Hace tiempo guardé aquí ron, para írmelo bebiendo en el camino." La flatmate es muy hábil. Le sugiero que se lo beba pero parece que mi música no era lo suficientemente deprimente y ambas terminamos sobrias. Ella se vuelve a retirar y me quedó a disfrutar de los primeros momentos de la noche silenciosa.

Mi cigarro ya se ha terminado. Hoy, por belleza del destino, no he llenado la casa de humo. Aún no sé fumar muy bien (algo que probablemente termine en el cáncer más nasty que pueda encontrar) y no logro no meter el humo a la casa (y, a veces, a mi garganta). Desde éstas últimas semanas, un cigarro es más necesario de lo que era hace un par de años. No quiero ser esa persona, la que se siente mejor con un cigarro pero me gusta estar con esas personas, a las que justamente les hace sentir mejor un cigarro. Es un buen tema de conversación. Es, además, hermoso compartir un cigarro. 

Hay algo hermoso en estos últimos días, que no quiero que nada se termine...

Pero termina. Al igual que el cigarro, cuya colilla tiro por el balcón; al igual que la noche - cuando decido irme a dormir. Una sonrisa se me dibuja en la boca.

Inminente soledad pero no justo ahora. No justo ahora.




sábado, 5 de enero de 2013

Al alba

Es interesante ver lo poco que le interesa a muchos estas bellas cosas tan sencillas. Por ejemplo, contamos rápido aquellos que logran darse cuenta de la belleza que carga el alba.

Ellos miran con incertidumbre agonizante el atardecer que se aproxima, y con valientes miradas de terror se adentran hacia el otro lado del sol. El oriente de oscuridad se enciende con todas las inexpectativas esperadas: los ojos ávidos de mal, los alcóholicos confudidos, las impresiones del pasado, los animales tristes, los que tienen hambre y frío, los solitarios y tristes... ellos son todo eso, son lo mismo a lo que enfrentan; son un cambio de uno y otro, un devenir que parece infinito, que les chupa lentamente el jugo de los huesos, les encapa el corazón y les desliza el cerebro. Un vacío de existencia se presenta ante ellos y en la esperanza de no encontrar nada, de la continuidad, se vuelve marino el cielo. Ellos siguen allí, casi artistas de la sobrevivencia, en el alba, la belleza de la luz amarilla de la farola mezclándose con el sol y la luna y el humo de las alcantarillas. El alba les abraza de la promesa del calor y de la necesidad del regreso. 

Es el alba que nos presenta ese mundo de las sombras fantasmales como un nuevo mundo que no durmió, como ayer y como mañana, que nos espera obligado y que, a veces, nos cuenta secretos de amantes que se han dejado un par de horas antes.

La magia se dobla por la mañana, se enjuaga y se vuelve a repetir a la noche siguiente.

lunes, 19 de marzo de 2012

Ya visto

El título viene de la palabra déjà vu (la verdad es que no recuerdo el lugar de los acentos). Verán, perdiendo el tiempo como lo merezco encontré una imagen de un lugar muy conocido.


Lo había soñado.


A decir verdad, de uno de los sueños más extraños que he tenido. Fue hace mucho tiempo, no recuerdo ni siquiera cuanto. Yo estaba en un gimnasio muy extraño. Había varias albercas, pero la más importante es la que ven en la foto. 
Para cuando tuve este sueño, hacía muchos años que había dejado de nadar. Sin embargo, en el sueño (como en la vida) seguía siendo lo más natural para mí. Andar con el traje de baño, caminar descalza, el frío de estar empapado... Y todos éramos adultos, una sociedad, como decirle hola al chavo que se siente frente a ti en la escuela. 


No recuerdo bien qué se hacía, pero yo terminaba entrando a una alberca que lucía idéntica a la de la foto. Era estrecha... pero no tenía fondo. No acababa jamás.


Lo que ven allí es la alberca más profunda del mundo. La acabo de conocer hace unos segundos. No la había visto jamás. Tenía la misma forma, las mismas ventanas... Aunque el agua comenzaba más abajo. 


En el sueño entraba a nadar allí, y nadaba más abajo, más abajo... Soportaba la respiración pero era tan normal... Todo era silencio, tranquilidad. Creo que muy pocos comprenden la belleza de estar bajo aguas inmóviles. 


Sentía los latidos de mi corazón, era lo único que existía ya. Contra mis oídos, contra todo lo que iba a hacer, todo lo que era, todo lo que pensaba... Todo era nada ya.


Pero era demasiado tiempo. No había desesperación por el aire que no tenía. No importa nada cuando estás debajo del agua.


Así que desperté, como en las películas, dando un respiro largo y tendido para después gemir como perro. 


Nunca entendí qué onda con ese sueño.


Era tan violento como lo era pacífico.






Y ahora ese lugar tan extraño está allí... Existiendo... Para que pueda yo suicidarme. Feliz. Sin pensar. Sin preocupaciones. Sin nada. Con la vida para despedir, nada más.

jueves, 1 de marzo de 2012

Fue mi culpa

Yo tejí lentamente esas cadenas, se volvieron grilletes en mis tobillos... grilletes irrompibles... metal que no corroe. Que crece. Que se vuelve cárcel. 


Fui yo quien te amó intensamente todos esos años, fui yo quien cultivó tus encantos todo este tiempo. Yo no te creé, pero te adopté y te hice propio. Y ahora te has apoderado de mi y yo no puedo irme, no puedo deshacerme de ti.


Peleo contra tus cadenas que cada vez se hacen más pesadas, te estrello contra la pared, te golpeo como puedo, te saco de mí... Sales, te haces más fuerte y vuelves a entrar, dañando como nunca antes.


Te apoderas de mi corazón, te apoderas de mi psique, te apoderas de ¡mi cuerpo, incluso!


Lucho contra ti, contra lo que no puedo ver... Pero te impregnas en mi sangre y en mi sudor y en toda mi piel. No puedo decir que no, que no te amo, que no eres mi vida, que te quiero dejar, que te odio, que te quiero siempre fuera de mis sentidos... No te puedo decir nada. Te amo. Eres todo, y eres la nada también. 


Me rindo, me tiro en el suelo. Tómame, te digo, ya no puedo luchar más. Pon una pluma en mis manos, y papel bajo ellas. Escribiré con mi sangre, si te parece necesario. Golpeame como gustes, soy tuya. Siempre lo fui.

martes, 21 de febrero de 2012

To the dreams of passing comets...

No te cuento otra vez mi historia porque ya la sabes. Te sonrío, pero no logro mirarte a los ojos. Eres todo mi amor. Todo.
Ha dejado de hacer viento, el día vuelve a ser azul por el momento. No es Octubre por nada, me ajusto la bufanda al momento en el que te centras la corbata. Mis ojos vuelven a arrastrarse desde mis pies, mis rodillas, mi vestido sobre mis caderas, tu mano, tu cuerpo... No logro llegar a tu cara, de nuevo. Tus ojos están tan lejos.


Sabes que te amo, sabes cuánto te extraño. No dices nada, no mueves un solo músculo. Solo calientas el aire a tu alrededor en bellas ondas de amor. Tu otra mano se disuelve en el bolsillo de tu pantalón beige, y te encoges con seriedad dentro de tu suéter café. Me sabes a beso inexistente. A agua limpia y clara. Estás seco, porque te cojo la mano más fuerte -mientras llega la ventisca de nuevo- y crujes.


Crujes mientras te me deshaces bajo la mano, te vas con el viento, vuelves a ser hoja seca, vuelas hacia al cielo azúl. Se me va el amor con el aliento, contigo.


Otoños de amor, que vienen, van, vuelves. 
Junto con el viento frío.

sábado, 14 de enero de 2012

Los hermanos menores: la tragedia.

Mañana será el cumpleaños de mi prima. Su segundo cumpleaños, para ser exacta. Es la última de cuatro hijos. Dos son hombres; su antecesora, mujer. Mi tía la "encargó" (para explicar que NO fue un accidente) porque dice saber lo cruel que es ser la hermana menor de dos hermanos y no tener con quién jugar. Cinco años (más o menos) de tener a su primer hija, tuvieron a la otra.


Yo soy la hermana menor de tres mujeres. Nosotras sí fuimos accidentes, uno tras otro (siendo el bello 1% de la mayoría de los anticonceptivos, no tan orgullosamente). Mi hermana y yo nos llevamos 5 años y medio. Lo que se llevan mis dos primas, más o menos.


No sé qué tan traumada estará mi tía pero fue una idiotez pensar que su hija iba a sufrir menos por tener una hermana. Aparte de tener el terrible celo de ser la nena reemplazada, no es como si fueran alrededor de la misma edad, no podrán jugar por mucho tiempo juntas.
Pero la peor idiotez fue ser egoísta. Como tratar de compensar el que ella no haya tenido con quién jugar, con alguien a la que le va a causar lo mismo.


Ok, antes de enredarme, volveré a empezar.


Cuando yo era pequeña, yo nunca tuve con quien jugar. Estoy segura de que mis hermanas se divertían conmigo, cargándome, cuidándome,  dándome la botella, enseñándome a caminar, viéndome hacer pendejaditas de infante, entre otras cosas. Pero cuando yo tenía edad de jugar a las tacitas de té, mis hermanas tenían edad de jugar a las barbies. Cuando yo tenía edad de jugar a las barbies, mis hermanas tenían edad de caricaturas seriales y novelas. Cuando yo tuve edad de caricaturas seriales y novelas, ellas entraron a la edad de traer amigas. Cuando yo tuve edad de traer amigas (que nunca tuve muchas, pues), ellas entraron a la edad de la música y la radio (y de grabar los casetes y así). 


Es verdad, para poder tener a alguien con quién jugar, tuve que aprender a comportarme ligeramente más madura para lo que era mi edad. Me volví fans de los juegos de mesa antes de entrar a la secundaria, yo veía series a las 6 años, y las barbies y los juguetitos de niños menores de 5 años, la neta... los dejé nuevos.  
Mi juego favorito de niña era un aro, un hula-hula que usaba mientras miraba la televisión (bien multitasking) y mientras pensaba en cosas. Me la pasaba escuchando música a los 8 años, y cantaba terriblemente todo el día (aún canto terrible, pero ya no todo el día). 


Hacer amigos me era también difícil, porque yo estaba acostumbrada a tener en mi cabeza las cosas con las que estaba familiarizada, cosas de mis hermanas. Y hasta la fecha sigo familiarizada con ello.


La verdad es que entonces era muy callada, pensaba bastante las cosas, hacía todo en silencio. Quienes tienen hermanos mayores entenderán por qué. Los que son hermanos mayores: pinches ojetes, seguro ni cuenta se dan. 


Regresando al primer tema, mi prima me recordó todo esto. Al momento, a la niña grande le divierte jugar con la niña pequeña: a veces ella es la maestra, a veces es la mamá, a veces hacen las compras y a veces hacen la comidita. Pero poco nos tardamos en darnos cuenta de que la única que lo disfruta es la hermana grande, mientras la pequeña se siente obligada, frustrada, aburrida... No sé, pero rueda los ojos. 


Y pues me trajo al pasado. Cuando ambas crezcan, una querrá jugar y la otra ya no. Sí, la primer hermana estará feliz porque habrá tenido con quién jugar, no se sentiría sola, blablablá shit and stuff. 


Pero la mayoría de los hermanos menores que conozco, incluyéndome, terminamos en una esquina, felices con lo que estamos, en silencio, en la soledad, pensando.


Así fue como encontré a mi prima pequeña el otro día.


Con la soledad en la que se siente la vida.


Mi tía le brindó soledad a una persona para brindarle compañía a otra. Oh, bella ironía...

lunes, 13 de junio de 2011

Incertidumbre

A veces se siente como cuando caminas en la arena. Te quitas los zapatos, las sandalias, porque no puede caminar bien, con naturalidad; como si pertenecieras allí completamente desnudo y natural. Pero hace frío. Corre el viento y hace frío y de repente extrañas no traer pantalones largos. Pero se te sacude al cabello en el aire y te lo llena de pequeños -pequeñitos- granos de arena. El sol se ha escondido, y sabes que está allí porque irradia esa luz blanca que te hace pensar en ese lugar cerrado que te va a dar todo menos libertad y amor, y te sientes atrapado bajo un cielo único e infinito y te desesperas con el peso que te cae en los hombros y miras al suelo con el nudo en la garganta. Buscas conchas únicas en la arena.


Te desvives corriendo por la costa, porque DEBES encontrar esa concha. Y te da sed y te da hambre. Y comes y bebes. Y miras todas las plantas que te rodean, y tratas de no pisar al pobre cangrejo que es feliz feliz. 
Respiras hondo para que se te olvide el llanto, la tristeza, las cosas diferentes, lo que debes hacer, lo que quieres... Respiras hondo y cierras los ojos y levantas la frente al cielo y das vueltas y vueltas con los brazos abiertos porque, no sé, quizá, la arena se vuelva cielo y te caigas al infinito que parece llamarte con todas sus voces mudas. Pero no vuelas y no hay cielo y las voces siguen sin callarse, mudas.


Ecos en tu corazón. En el alma.


Y al final de todo, la costa, ese pedazo de vida bella y de vida que parece eterna... Te despide, y te pide que regreses. "Te amo" te dice, pero te devorará en el momento perfecto. Eres suya, te reclama. Eres suya.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Long white story.

Tus manos eran de seda, sus labios de café.
Tus palabras me llevaban al amor de tus películas. Sus caricias me transportaban al paraíso.


Mi paraíso.


No había lágrimas, las había olvidado. 
Había olvidado a la realidad. No había sol ni luna en mis días.  
Dos roces eran mi separación de tiempo. 


Me había llevado hasta el final.


Dejé de existir, para verme solo en dos pares de ojos. 
Sus pestañas se convirtieron en mi propia cárcel.
Me delataba mi propia falta de ser.
Mi sospechosa falta de palabras.
Mis grandes errores.


Cuando los dos ojos dejaron de verme a mi, para verse entre ellos, caí al abismo.


Era blanco.
Estaba de pie en un lugar tempestuoso. Blanco. El blanco me atacaba. ¿Quería acariciarme?
El blanco -la nada- me atravesaba como pequeñas navajas invisibles. Atravesaban mi piel, entraban en mi y salían. Cortaban mi alma.


Solo estaba allí. Herida sin sangrar. Sola.


Así es el vacío. La soledad. La traición.

viernes, 26 de noviembre de 2010

A story, all I can give, from me to you.

Si me mirasen ahora... sentada en la cama, esperándote. Sin pensar en nada más, sin buscar nada más que no seas tú. 


¿Qué estamos haciendo? ¿Por qué hacemos esto?...
¿Recuerdas cuando estábamos juntos, que nos tomábamos de la mano, que  nos besábamos cuando nos entraban ganas, que nos decían la pareja perfecta que formábamos? Ya no son los mismos tiempos...


Sé que ya no podemos amarnos en la luz. Y comprendo bien.


¿Pero ya miras lo que soy ahora?


Siempre espero a que caiga la noche, para que llegues tú. Para poder sentir tus manos y tu piel y tus dedos y tu todo, todo tú. Aquí me tienes, sentada, queriendo más a la luna que a nada, porque con la luna viene tu amor, porque tu sombra, sólo me la puedes quitar en la oscuridad.


Si te contara todas las veces que he pensado en dejar esta forma de vida... esta vida en la que ya no puedo ver el brillo de tus ojos, esta vida donde solo amo en la oscuridad...


Así que estoy aquí, sentada, haciendo lo único que sé hacer:


Amarte. Y esperarte.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

Into a bolt of blue.

Todos piensan demasiadas cosas.
Todos tenemos el momento en que demasiadas cosas pasan por la cabeza. 
(Aunque a veces creo que me leen la mente, sé que es el lugar más seguro)
Y, al menos a mi, de tantas cosas que tengo dentro la cabeza, pasa que cada cosa me recuerda a otra, y esa a otra y esa a otra... Demasiado.


Pero tengo una solución. Oh, sí, y hasta la patentaré. Se originó del gran Sherlock Holmes, de S.A.C.D.


Él dijo a Watson que haría lo posible por olvidar cierto dato, pues no  le servía para nada.


Desgraciadamente, yo tengo muchas cosas valiosas, así que haré esto:


Primero, compraré unas 8 libretas. Baratas.
Luego, escribiré todo lo importante que tengo en la cabeza allí. Desde que nací, como ese recuerdo de barandales y vestidos blancos con lunares azules. Todo.


Después, guardaré esas libretas y tendré un accidente. Será tan fuerte el accidente (en el que espero no morir, porque me amo demasiado), que mi cabeza olvidará todo. TODO. 


Poof, cuenta nueva. Una mente para guardar solo lo que me importa y lo demás que quiero saber.


Así que hago una invitación a todos los que me caen bien, les doy el permiso de darme en la cabeza con un bat (una sola vez... avorazados). 
Prefiero que no me avisen, la sorpresa es... decente. O mínimo griten algo genial antes de hacerlo.


Pero esperen a mi señal... aún no comienzo con mis memorias.


Gracias por la atención.


Atte. La adolorida Alice.












PD. Feliz cumpleaños, Dark Angel.


PD2. Necesito audífonos antes de perder la cabeza. Literalmente.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La peor noche que más miedo.


Como tengo que hacer tarea, y estoy escuchando historias de fantasmas... les voy a contar una de las noches que más miedo me han dado (la otra, ya se las conté).



Tenía muy poca edad, hace unos 10 años, yo creo. Era joven pero ya no era crédula.


Solía pasar algunas vacaciones en un rancho en el norte del país, donde abundan los sombreros y las historias de Villa. 


Esas vacaciones, cuando llegamos, el clima estaba de rezongón. El viento no estaba helado, apenas frío, pero soplaba como si le debiésemos la vida y algo más. Soplaba tan fuerte, que sentía que mi peso no lo soportaría y me llevaría con él. Soplaba tan fuerte, que cuando empezábamos a jugar a La Casita (tradición entre las primas grandes y chicas), el viento y sus hijos los remolinos nos robaban los centros de mesa con florecitas que estaban en la mesa, y la mesa misma también. Hacía tanto viento, que prefería mirar como robaba cada una de las hojas de los árboles y se las llevaba envueltas en la tierra y el polvo. Miraba por las ventanas de los cuartos, por las ventanas de la cocina y por alguna de las tres puertas que tenía la casa (construída al estilo menonita, seguro mi abuela era menona y nunca nos lo dijo). 


El rancho siempre se me hizo un lugar café, porque más que plantas, había mucho polvo y mucha tierra y los árboles (nogales) casi siempre estaban secos o llenos de tierra; las casas eran de adobe o de block gris. Y a mi, todo se me hacía café. Café polvo. 


Prefería estar dentro porque, después del fiasco de la casita, me di cuenta de que detesto que el polvo me caiga en los ojitos (ja, ojotes). 


Sin embargo, nada se comparaba con subirse al caballo. Era muy pequeña, así que necesitaba ayuda para subir y para bajar, y no debía montar sola (aunque varias veces lo hice, aunque mi padre tuviese que guiarme el caballo, porque siempre fui pequeña y tenían miedo de que cayera). Mi prima subió conmigo, detrás. Y el viento también me quitó eso, porque el viento, ese exacto día, sopló más fuerte que nunca y los árboles gritaron. Los árboles, sintiéndose desgarrados sin sus hojas, lloraban y gritaban al viento que les regresara lo que era suyo. Eran lamentos de la naturaleza, y me rompían el alma.


Y también el alma del caballo, quien, asustado, huyó despavoridamente a la nada, pues no se puede huir de la agonía (mucho menos de la de alguien más). Sin embargo, mi prima, detrás, casi cae. Así que demandé que me bajaran de ahí (porque era difícil bajar sola, ya que siempre fui pequeña) y huí a la casa de mi abuela (que ahora pertenece a nadie). 


Pasé el resto de la tarde mirando la soledad. No tienen idea de la soledad de ese lugar.
El viento me alborotaba el cabello, como queriéndo quitármelo también. Soledad. 


Sin embargo, la noche fue lo peor.
Las noches en ese lugar, no son oscuras. Son una negrura tan blanca, que no puedes ver ni tus propios dedos. Se convierte en un hoyo negro. Se convierte en una nada.
Y fue cuando el el viento se peleó con todos nosotros. Gritó con los árboles, con la tierra, con las paredes y con el techo. Creo que quería arracarnos la cabeza. Quería sangre y venganza. Y las ramas de los árboles nos rogaban a través de las ventanas que nos dejasen entrar. Nos rogaban con sus ramas cubiertas de sangre, porque no querían morir. No querían que el viento los matase. Y yo no podía dormir. ¿Quién iba a dormir con semejantes batallas allá afuera? ¿Quién iba a dormir escuchando esta agonía?


No hay peor agonía que la de la naturaleza. Rasga el corazón desde adentro.


Yo imaginaba a mi abuela despierta, pensándo en como ayudar al viento y a los árboles, y terminar esta guerra con su infinita sabiduría que se guardó para si misma y nadie más.


La siguiente mañana, todos despertaron como si nada. Yo estaba muy triste, pero nadie parecía reparar la guerra de la noche anterior. Creí que fue una guerra secreta y que nadie debía hablar sobre ella.


Pero los tiempos me fueron muy tristes.


El viento ya no soplaba tanto, y el frío comenzó a llegar. Ya no tenía miedo de que una vibora (de viento) nos llevase con todo y casa. 


Así que me callé. Pero jamás lo olvidé. Quizá... quizá el viento logró obtener lo que quiso.
Pero yo le sigo teniendo miedo.





domingo, 10 de octubre de 2010

Lo que los demás piensan.

Yo había planeado hacer una gran entrada toda filosófica y acá. Iba a explicar una historia y luego iba a quejarme de la gente, como buena misántropa que soy.
¿Por qué? Pues porque iba a decir que la gente que convive conmigo, cuando menos te lo esperas, resulta que parece que te conocen poco, muy poco. Con todo y situación y así.

Pero más pasa el tiempo y más me deprimo.
¿Por qué? Otra vez. Porque ya no sé si ustedes me conocen mejor que yo. Ya no sé si soy mejor en algo, si soy peor en otra.

¿Me conocen ustedes mejor? ¿Qué me dicen de mi?

Detesto comenzar a ser más una adolescente-emo-duda-todo. Adoro ser una escéptica, pero cuando me parezco tanto a alguien de mi edad simplemente es molesto.

Creo que necesito una época de esas de aislamiento o yoquesé, porque ya no sé para donde carajos va mi mente-imaginación. Ya ni siquiera tengo ganas de escribir, ya no tengo ganas de nada, ya no sé.

Voy a intentar pegar los codos a la mesa y las nalgas a la silla. A ver, si así.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Papel maché.

Hoy fue un día extremoso. Tuve que ir a buscar cierto elemento (del cual no voy a hablar porque luego ya no me callo) a las 4 de la tarde.

Cuando iba pasando frente al IMSS, una avenida de -y apenas- dos carriles y de repente se detuvo el tráfico. La fila era extremadamente larga. Supuse que era el tráfico de hora pico, pero no. Más adelante me di cuenta de que había un taxi detenido en medio de la vía. Cuando quedé a dos autos del taxi se volvió caos. ¿Por qué? Porque una doñita con una van cara quiso remediar el tráfico, haciendo que el auto se moviera por obra del espíritu santo y gracias a su rezo de EL CLAXON DE SU AUTO. Me dieron muchas ganas de sacar la cabeza y preguntarle que si planeaba quitar al auto con las poderosas ondas de sonido del claxon. Pero no lo hice porque no me escucharía sobre todo ese sonidero de claxon.

Me le quedé viendo para ver si obtenía el mensaje, pero aparentemente uno de los niños que traiba en el auto le dió el mensaje. Traía como que muchos niños. Y un bebé. que lloraba tras el estruendo del claxon. La señora se dedicó a gritarle machín al niño (y bien culero, yo me hubiese puesto a chillar, eso de que me griten me da impotencia) que se volvió a acomodar en su asiento pesadamente. Y la pinche doña le metió músculo al claxon de nuevo.

Finalmente, una señora del auto de adelante se paró a hablar con el tipo del taxi. Me asusté, pensé que no se movía porque tenía algo medicamente malo (estábamos en zona hospitalaria después de todo) y que somos unos culeros por pensar mal del tipo (y ojalá que la doña del claxon tuviese mucha consciencia a diferencia mía y le picara por el resto del día y no le dejase dormir por la noche). La doñita, que ni doña era, era una señora (o señorita, who the hell knows) se puso a hablar comprensiblemente con él. Pero el taxista que SÍ estaba despierto y vivito y coleando parece que se puso en mal plan porque la señora(ita) se miró abatida. 

Luego una mano salió del taxi y tomó el espejo. Estaba colgado de la puerta.

Lo más plausible es que el taxi haya querido dar vuelta del lado equivocado y el que iba bien le voló el espejo. Se encabronó tanto que ahí se quedó como pendejo. Llegaron tránsitos y todo el pedo pero el tipo no se quitó.

Lo esquivamos.


Cuando llegué a casa, me puse a jugar con mi vecino. Jeeez'z. Así le llamamos. Corrió y brincó y dijo que quería ver la "balerina". Una caricatura de discovery kids que no es tan mala. Cerró los ojos y gritó "¡Ay, se fue la luz!". Tronó el cielo y dijo que tenía miedo y que todos debíamos escondernos. Que la nube estaba enojada. Y cuando empezó a llover, dijo que la nube estaba triste.


A veces me gustaría que nuestro país fuese como papel maché. Si nos sale mal, solo tenemos que empaparlo bien y lo volvemos a hacer. Si nos vuelve a salir mal, habrá mucho papel para construir.

Espero que esos niños sean el agua del país, que mojen a todo y a todos para volver a construir un México. El México de sus hijos, nuestros nietos.

Dejemos todos de contaminar lo que nos da la naturaleza. Se supone que es gratis y ni siquiera lo aprovechamos. Es más, nos vendemos lo que ya es gratis. El agua, la fruta, las verduras...


Respeto por los demás, eso es. Volver a lo que era antes. Vivir para comer y multiplicarse (pero nomás poquito).

Sino, ¿para qué demonios estamos aquí?



PD. Debo hacer la tarea. Debo hacer la tarea. Debo... Ay, ¿A quién engaño? No voy a hacer nada.

PD2. Llueve tan lindo y tan bonito. Y truena. Tan lindo y tan bonito...

lunes, 5 de julio de 2010

Ya estoy afuera.

No hay nada mejor como una semana sin internet como para darse cuenta de quién es realmente uno.

Primero, y menos importante que muchas cosas, leí varios libros. Les contaría de qué se trató pero me recordó a alguien pero todo al revés. Y al mismo tiempo me sentí totalmente identificada. ¿Saben que extraño se sinte eso? De verdad quise... no sé... cambiar... simplemente para dejar de sentirme tan identificada. Es como leer el triste futuro.

Luego, todo simplemente me dió igual. ¿Saben? No hacer absolutamente nada con tu cabeza es (ya pues, tomando las palabras del pink floyd) adormecerse cómodamente. A veces pienso que es en la forma en que la mayoría de los humanos sobreviven: educan a sus hijos, hacen su trabajo; en un adormecimiento que les hace que todo parezca cómodo.

No es fácil, me di cuenta. Cada noche le asalta uno ese sentimiento del noséqué-que-quéséyo. Mis respetos a todas esas personas, la filosofía les viene al culo.

Así que mi instinto fue huir. Huí en muchas formas. Por un momento me hundí en la música. 
Fue así como encontré una forma de describir ese noséqué. Así como... Estar encerrado (aunque no literalmente) en un lugar del que no puedes huir. Tienes que seguirlo viviendo día tras día por que no sabes como llegar a eso que te hará feliz. Lo único de lo que tienes ganas es tirarte en el piso a rezar por que algo te transporte. Así. Literalmente. Y yo no sabía como carajos alguien había podido transmitir eso. Pero lo hizo.

Basta una sola decisión para llegar. Encontrar tu amor es difícil pero de verdad que lo único que hace falta es una decisión. Y convicción. Y un par de vicios. Y saben, para entretenerse. Así que así nos la pone la vida. Suena sencillo. ¿No se me unen?

No. Ya. Estoy sola. Estamos todos solos. Mundo de miseria nos regala una cosa y nos quita otra. Que hijo de furcia.

Así, pasé el resto de mi semana en otro mundo. Uno de mis favoritos. Adrenalina. Fuego. Y hielo. Fuego de nuevo. Fuego...

La ternura que me embargaba por los días me arrebataba. ¿Qué era lo que pasaba? Ternura... Yo, al margen, sintiendo ternura. ¿Y mis instintos asesinos? Se estaban confundiendo, eso era. Mi corazón se apagó junto con mi mente. Era lo que las personas consideraban normal, creo. Normal, yo ¡ha!

Claro. Supongo que lo que más me sorprendió fue la facilidad de dar la espalda. La facilidad con la que a veces me puedo adaptar al dolor. Resultó que el adormecimiento puede ser útil.


No sé que piensen ustedes pero les deseo un agradable adormecimiento. Por un muy corto periodo de tiempo. Que los despierte una fina lluvia. Y con fina, obviamente, me refiero a que ojalá les caiga un aguacero encima que les moje hasta el cerebro. El agua de lluvia limpia todo.

viernes, 25 de junio de 2010

L'eau

Pour la bouche.

Se, no tiene sentido. Era eso o poner una canción de mi grupo favorito (que ¿para qué les miento?, es malísima... pero la escuché en vivo).

Desde hace tiempo quería poner una entrada divertida, sobre cosas triviales. Pero nomás no me llega ninguna. Y luego paf, que se me ocurre.

Verán, una de las cosas que se me hacen más interesantes, son las fobias. Si, yo tengo muchas fobias: entomofobia, acrofobia, agorafobia, claustrofobia, xenofobia. Lo sé, la agorafobia y la claustrofobia suena medio redundante, pero la agorafobia me da cuando voy a la playa, generalmente. En fin, mi hermana es una de las personas que tiene muchísimas fobias. Le gusta la seguridad, eso es. Le da miedo volar en aviones, su claustrofobia es fuertísima, lloraba cada vez que iba a clases de natación...

Y de eso les quería platicar, la hidrofobia. Ultimamente he escuchado muchas historias de gente que se ahoga (principal razón por la cual el agua no es la preferida de muchos).

La fobia de mi hermana, por ejemplo, tiene como antecendente que una vez cayó en una piscina. "¡Miren como flota!" Fue el grito de un niño imbécil alertador. Cuando la sacaron, tenía los labios morados. Logró vivir, though. Fue eso (y otras cosas) lo que hizo que mis padres tomaran la decisión de que entráramos a clases de natación. Mis hermanas tendrían unos... 10 u 8 años. Yo tenía 3 (o menos). Así, pasé la mitad de mi vida dentro del agua. Si, claro, me ahogué un par de veces (culpa de maestros ineptos)(aaah, si, y de compañeros idiotas que no saben ayudar, y cuyo nombre protegeré por chida-buena-onda). Pero aprendí a nadar. Algunas veces la gente se ahogaba por mi culpa; escuincles pendejos que me seguían cuando yo saltaba a la alberca y ellos no sabían nadar.

Pero, si se fijan, cuando la gente se ahoga, 99% de las veces, es culpa de la pendejez de la gente, observemos unos ejemplos.

Hace mucho tiempo, estaba en un hotel, una convención o algo así. Yo estaba con una amia comprando sabritas en el bar que estaba a unos 10 metros de la alberca. Conversábamos felizmente como un par de nenas que no hacen nada más que comer. Y en eso... "¡SPLASH!    (pausita)    ¡SPLASH SPLASH SPLAS!" (si, carajo, me gustan las onomatopeyas)  se escuchó. Ambas volteamos y alcanzamos a ver un par de personas aventándose con ropa al agua. ¿Qué pedo? pensamos las dos.
Resulta que una señora estaba con su bebé a un lado del agua. El nene quería, naturalmente, meterse al agua. El nene, naturalemente, no sabía nadar. Así que su madre lo tenía que estar cuidando y finalmente se hartó. Así que decidió meterlo al agua. La orilla que le quedaba más cerca, obviamente, por que era una huevona. Y, justo donde estaba la escalerilla porque, reitero, era una huevona. La muy idiota jamás pensó que había una escalerilla en esa parte de la alberca por que era la parte más honda. Un par de metros, para ser exactos. No lo recuerdo bien, pero recuerdo que en el fondo la presión era magnífica. La que hace que dejes de escuchar. Entonces, los bebés, ¡oh sopresa, se mueven! Así que el bebé terminó resbalándose de las manos de su madre. Así que su madre fue en su busca en las profundidades del agua. Y, ¿adivinen quién más no sabía nadar aparte del bebé? Exacto, su madre. Ambos se comenzaron a ahogar y tres hombres (¡machoooos!) entraron a salvarles.

Otro caso, más corto. Un día, cuando mi primo era solo un niño gordo, mi tia lo llevó a algún lugar donde habia albercas. Debo decir que los primos de allá del norte no son muy brillantes (no sé por qué). Así que el niño corrió y brincó al agua. Padres del mundo: hay que enseñar a los hijos a no meterse al agua si no se sabe nadar.  

Y yo, cuando solía ir a clases, la primera vez, la doña me puso en el agua y allizzia se hundió en el agua irremediablemente. Segundos después, el maestro se dió cuenta de que me ahogaba. Oh, clever boy. Vi que pasó lo mismo en otra escuela de natación con otro nene. Tuve terror de hacer "buzitos" o ir más abajo de la superficie por varios años después de eso.

Luego, cuando alguien intenta salvar a alguien en el agua, el muy imbécil hunde al salvador. Jamás salvaré a alguien en el agua, ya lo he intentado. ¡Oh la bella lucha por la vida propia!

Siempre hay, al menos, un pendejo involucrado. Ya sea el ahogado u otro pendejo.

¿De cuáles han sido ustedes?