No lo sé, quizá solo sea yo.
Hoy fui a la Expigua (altamente recomendable, muchachos). No sé si solo es yo, pero me emociona verdaderamente. La verdad es que les tengo un pequeño pavor a los animales más grandes que yo; cuando era una niña, un día un ... ¿toro? ¿vacota? algún animal gigante (que luego matamos y nos comimos, ¡ja! jaque mate, animalejo, jaque mate) se escapó del corral, y podía verlo detrás de la puerta correr. Era de noche y tuvimos que cerrar la puerta, ya que iría a donde estaba la luz. Jamás pude olvidar eso, así que les tengo un poquito de miedo.
Pero aún así, tuve un ratito rico en la expo. Fue en el lugar donde deben ser las expos en mi ciudad (no en donde es la expoagro, allí no más te cobran el riñón y luego adentro siempre está lleno y me estreso porque no puedo comer), un lugar grande y destinado para tener mucha gente. Tiene dos lugares con graaaan espacio (donde siempre vamos a los conciertillos chidos), una lona gigante y una explanada lindita con jardincitos mal cuidados y todo. Están construyendo algo así como un teatro, para futuras funciones, me imagino.
Siempre me han gustado las chivas. Una vez adoptamos una, pues su madre lo había dejado solo a morir. Iba a morir en el crepúsculo, pero logramos revivirlo (mediante amor y respiración boca-hocico). Desgraciadamente, mi madre, como es remamona, exigió que lo sacaran y murió de frío al alba. Había chivitas en la expigua, y eran taaaan tiernos.
También había charreadas, carreras de puerquitos, exposición de vacas, la verdad estaba poca madre para llevarse a los niños. La verdad es que nomás pasé por donde están los puestos, porque en realidad tenía mucha hambre y necesitaba llegar a donde estaban las comidas.
A uno le llegan los recuerdos de cuando estuve de niña de rancho en las vacaciones de verano (en las de invierno se me congelaron los recuerdos). No puedo olvidar una vez que me levanté muy muy temprano porque amaba ver a mi abuela dar de comer a las gallinas. Salió, aventó el grano con violencia, pero las gallinas no vinieron tan rápido como uno hubiese querido. Mi abuela no le prestó mucha atención, pero yo si. Duré un par de horas viendo a las gallinas, apáticas, lentas, sin querer comer mucho. Les di vueltas. Las seguí. Le di vueltas al gallinero. Le di vueltas al otro gallinero. Fui con mi abuela a la cocina y pregunté si a las gallinas les molestaba el frío, pero nada.
Por fin, fui a dar a donde van a beber agua las gallinas. El frío había sido fuerte la noche anterior, el agua estaba congelada. Las gallinas me miraban, se paraban sobre el hielo, lo picaban tristemente, y se movían con lentitud. Eran las 10 de la mañana. Las gallinas tenían sed.
¿Alguien se ha deshidratado severamente? La sangre se vuelve más espesa, por lo tanto, el mundo se mueve más lento (ok, te mueves más lento tú... pero así te parece el mundo).
Rompí el hielo y las gallinas corrieron a beber agua helada. Jamás he visto algo tan... curioso y divertido. Oh, son tan chistosas las gallinas, verdaderamente.
En fin, después sigo con lo de la charreada, porque quería relacionarla con el tema feminista. Con otra historia, pues.
Si alguien tiene oportunidad de ir a la expigua mañana, último día, se lo recomiendo. Aparte de haber varios productos extraños pero ricos (como la carne de conejo), es pasar un buen rato y pues, no está tan caro como la expoagro (a la que todos están acostumbrados a ir), y quizá mañana, último día, haya precio especial o algo. No sé, quizá.
Buen domingo a todos, entonces. Me voy a babear el colchón, porque eso de andar caminando en toda la feria es ligeramente cansado.
PD. "Sí, estaba bien enchiloso, no me lo pude comer, y no era mucho, y ni como reclamarle..." "Eh... yo comí pizza... me ahorré esos problemas."