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martes, 3 de noviembre de 2015

Silencio sostenido

Morí callada, bajo el laberinto de unas yemas que nunca desvelaron ningún minotauro. Nunca supe del monstruo, pero lo intuí bajo la piel farsante. No dije ninguna palabra mientras mi carne era marcada, cual tierra fincada cuyas profundidas debían carecer por siempre de semilla o feracidad. No supe odiarme para recordar, no encontré ningún sentido en prolongar la búsqueda de mí. Me dejé enredarme entre el fardo que rasguñaba mi alma con sus pinchos sofocantes. Creí disfrutar el calor. Debajo, donde me encontraba, sentía que era un buen lugar para existir y me permitiste creerlo. 

Qué eres. De dónde veniste. Por qué existes. Cuál es tu función. 

Nadie, nunca, inútil, perdón - en silencio. Soy barro sin figura huyendo de un horno maldito, mortal; pero callada. Eres lo que quieres y me invitas al retorcido juego de ser quien yo quiera. Pero es mentira, y lo exclusivo es la impresencia, esa que se comunica a ojos cerrados y lágrimas no relatadas. 

Pero no finjas que nunca me declaré sensible. Porque mi mirada penetró metros humanos, y se alojó entre tu nuca bajo tu cabello, y jamás dejarás de ver mi terror y mi cariño en el fondo de tus arrepentimientos. 

domingo, 16 de agosto de 2015

Terrible questions

She looks up from her tired face, her darkened eyes, her dry lips. She's not in the best state. She has been suffering. She looks up with love, old love, hurt love.

"Do you miss me?"
she asks

The questions burn my thoughts and my heart. I don't know if you miss me. I don't know if I miss you. I think I miss yoy making me feel like the only girl in the world. I believe I miss you when you kiss my head and put your arms around my self because it makes me feel like there's no trouble in the world. I feel that I miss your skin on my skins, your lips on my lips, your self in my self. I'm sure I miss your warmth next to me, all nights. 

Do you miss me?

Do you even think of me? Do you think of all the things you said to me when we're togeteher? I think not. There's not enough in the world I can do to make you miss me. What will you do when we part, do you even know? will you remember what we did? Will you find another one that makes you think of no one else, no one like me? Will you miss me? You won't. You won't miss my skin, or my lips, how I felt under your hands. You will not miss my eyes and my laughter. You will not miss me at all, like you don't miss me right now. 

I won't love you. Because there is no power in the world that would make us unite. Maybe some day you said you missed me, but I never believed it and neither did you.




viernes, 22 de mayo de 2015

Desequilibrios

Hoy acaba de terminar uno de los eventos más demandantes que he hecho en toda mi vida. No fue excesivamente cansado, pero por fin nos enfrentamos con muchas malas vibras de un montón de gente y malos deseos y malas organizaciones. Ha sido también el mejor evento que he hecho en mi vida, y lo volvería a hacer para estar con esas personas con las que estuve.

En el evento, me enfrenté a muchos sanadores espirituales: olmecas, mayas, mexicas, wixarikas.... todos ellos siempre empezaban bendiciendo el agua y recordándonos que muchos de nuestros males parten del poco equilibrio que tenemos con nuestro cuerpo y espíritu. 

Y heme aquí, con la peor infección que me ha dado en mi vida, aullando de dolor, con fiebre y sin poder dormir... todo por no beber agua y tomar un par de precauciones anteriores. 

El dolor y el alucine me hacen sentir terriblemente culpable de mí misma. Yo soy quien me permitió enfermarme, soy yo quien no bebió agua, soy yo quien no orinó cuando debió hacerlo (por pura flojera, honestamente). La primera persona que debo cuidar soy yo, y fallé.

Sé que mejoraré, pero ahora sé que necesito un momento y bendecir el agua y aceptar que mis males son necesarios para darme cuenta del lugar en el que me pongo a mí misma.


domingo, 3 de mayo de 2015

Estampillas

En ese momento me embargó el silencio, y una amarga seriedad que no me pude sacudir. Miraba silenciosamente hacia ningún lado, hacia la ventana púdicamente cubierta por cortinas. Ya no supe si me hablaba o no, no recuerdo si escuchaba su voz -que es hermosa, dulce, casual, adecuada, lo único que quisiera escuchar- o si también él imitaba mi silencio. No sabía qué sentir, acabábamos de hacer el amor. Me sentía terrible por no haber podido tomar la iniciativa por ningún segundo, y me moría por beberle. También me carcomía la necesidad de decirle que lo amaba, que en algún momento me había enamorado de él, que lo que más feliz me hacía era fantasear en un futuro donde estuvieramos juntos, que yo nunca había sentido sentimientos de esos. Pero me quedé en silencio. 

No supe qué decirle.

Era la persona más feliz entre sus brazos. Y entre todos los deseos, el más grande, el que ganó por sobre todas las cosas, fue el de mantenerme -en la misma posición, en el mismo silencio, respirando el mismo aire, mirando las luces de las velas proyectando danza sobre la cortina de la gran ventana. No quería que alguna de mis palabras me obligara a retirarme de entre sus brazos. Silenciosamente pedí a todas las estrellas del cielo que me concedieran detener la noche.

Estaba feliz, porque jamás me habían hecho el amor -no como me lo había hecho hace unas horas- y porque toda mi piel podía sentir su desnudez en extensión. Hay sentimientos bellos que no puedes expresar en simples términos de descripción, y sentir que somos una sola carne es uno de ellos. Y quizá no se dió cuenta de mi felicidad, porque era más grande mi preocupación sobre el inevitable final que no sabría si tendría una futura parte dos (aunque sus palabras me lo sugerían a cada rato). Me debí haber disculpado por no sonreir más. 

¡Estaba tan enojada cuando se anunció la mañana! Lo único que pedí al cielo era más tiempo, y no lo obtuve. Ojalá me buscara, pero probablemente no está pensando en mí. Me arrepiento de no haberle pedido que me dejara tenerlo completamente. Me arrepiento de no haberle pedido que me torturara físicamente (y no anímicamente, como ahora), que tuviera menos cuidado de mí. 

Creo que comienzo a olvidar sus manos sobre mí, dentro de mí. Lo único que recuerdo es el tormento de mi inevitable silencio, de pensar que no le dije que ahora mi mente y mis palabras le pertenecen.

¿Por qué te escribo todo ésto? Porque sus manos se van, y lo siento lejos. Ten piedad de mí. ¡Grita mi silencio!


martes, 17 de febrero de 2015

Ser

En la teoría de Van Dijk de asimilación de información de un discurso, se supone que seleccionamos la información que nos parece pertinente (a partir de las macroproposiciones del discurso) y suprimimos lo que no nos importa (es decir, lo que creemos que nos importante). Al final volvemos a reconstruir el texto, a partir de lo que tenemos, es decir, de la información que no fue suprimida y que fue guardada en la memoria (a corto plazo primero, luego a largo plazo). 
Eso significa que a veces construimos textos completamente nuevos.

Hace rato leí que "hay partes de nuestra vida que no podemos recordar", lo cual tiene sentido. Al igual que el discurso, TODA la información que entra no puede ser memorizada, por lo que suprimimos lo que no nos parece importante y guardamos lo que creemos que es pertinente. Ahí empieza el puto desmadre: no sabemos exactamente quienes somos, porque hemos olvidado algunas partes de nosotros y nos hemos quedado con otras partes. Con esas partes que están en nuestra memoria, tratamos de reconstruir la persona que somos pero no es una reconstrucción objetiva, es incompleta.

Cada vez que nos pensamos, nos recreamos. Somos lo que creemos que somos.




Ahora, mientras digiero ese mindfuck, debo terminar mi proyecto de análisis.

miércoles, 12 de junio de 2013

Victoria

Estoy aquí, sentada, con la ventana detrás, y sólo puedo sentir una sola cosa: no he sentido ninguna victoria.

Debería alegrarme por un sinfín de cosas. Debería ser feliz. Estás viva, mírate, dicen los católicos. Pero no. No hay un sólo trofeo.

El viento ruge detrás de mí, sacude mi árbol y mi palmera, hacen un ruido sordo, un ruido mudo, un ruido de esos que describe la gente como silencio. El silencio que es la lengua de la naturaleza. Gritan y hacen eco en mi caja torácica. No hay victorias para mí.

No hay comida que llene el hueco. No hay libro que llene la esperanza. No hay amigo que finja palabras. No hay siquiera una adicción a la cual atenerse. Trofeo para BobEsponja, no para allizzia. No hay victorias para mí.

Siento mi inflexión de vida irónica. No hay nada en ella para mí mas que una gran broma. No hay presente valioso, no hay futuro sostenible y el pasado... es tan sólo un vagaje más. Ningún punto para mí.

Se ha terminado la primavera. Viene la misericordiosa lluvia. Pero ni ello cuenta como una victoria, no hay gloria para mí. Not even close, not a little bit, not even at all. 


But that's okay. I deserve this all.

martes, 2 de abril de 2013

Save yourself

Acostada sobre el suelo con el ventilador apuntando hacia ella, así la miraba el gato. Hacía un tremendo calor, se habían salido los demonios del infierno. Con el mínimo de ropa: los shorts de colores, la camisetita blanca, descalza; nada funcionaba. El gato también tenía calor, corrió a meterse debajo del sillón. ¿Qué mierdas son estas? pensaba ella. Rodó en el suelo a acomodarse de otra forma, pero nada funcionaba porque hasta el piso estaba caliente. Caliente el aire, caliente ella, caliente el recuerdo. De repente se le antojó un cigarro, pero la cajetilla siempre la llevaba él. Siempre le daba uno cuando regresaba a casa, después de recogerla del suelo para darle una reprimenda ("Las mujercitas no deben sentarse en el suelo, mucho menos acostarse."), lanzarla sobre el sillón, y cogérsela despacito. Estaba harta del lugar, de la ciudad. Vivir en un departamento deprimente, tener que ir al parque para sentarse abajo de un árbol sin hojas, caminar en silencio, esperar el metro para poder llegar a cualquier lado, el calor (el maldito calor del inframundo) y que tu esposo llegue por las noches a abrirte las piernas. A veces estaba ya más harta que nada, el gato tenía cara de que también quería irse a otro lado. Parecía que el mundo estaba ya olvidándose del resto de sí mismo y se retiraba hacia la ciudad, concentrado, un punto de carros, humo, edificios y mucha mucha calor. A veces se sentía como si no hubiese ya nada más. No podía irse ahora, ¿ o sí ? No le podría decir a su marido que por favor la dejara regresar a su pueblo, o que regresaran juntos. ¿Qué le haría él a ella si se atreviera a pedírselo? Se tendría que quedar allí, esperando a su esposo todos los días, a que él la ponga sobre el sillón y la use como a él le gusta. Después la dará un cigarro y él se fumará otros dos. Se comerán la cena recalentada y se irán a dormir; si es sábado quizá vuelvan a tener sexo en la noche hasta la madrugada.

El gato brinca sobre la cama mientras duermen. Deja caer el cinturón que se quitó el hombre antes de meterse a la cama en ropa interior. Ella salta con el sonido de la hebilla al rebotar en el suelo. Él continua durmiendo a su lado. Sólo un poquito de luz naranja artificial entra por la ventana, una noche más.

lunes, 14 de enero de 2013

Desearía ser Dios...

Ojalá fuera Dios. Así podría ser yo quien les evitara la pena y el dolor. Elegiría que estuvieran bien siempre, y con mi sólo pensamiento les haría un arcoiris de colores todos y cada uno de los días, justo antes del atardecer. 

Ojalá fuera Dios y les contestara todas sus plegarias con un poema, una flor y haciendo sus deseos realidad. No necesitaría separarme de ustedes ningún segundo. Ni siquiera tendría que secar sus lágrimas, no habría llantos nunca, ni por error. 

Ojalá fuera Dios. Ojalá fuera yo todo lo que ustedes necesitan: el amor, el dinero, la cura, el tiempo, la paciencia, el consuelo, la vida misma. Ojalá pudiera sanar todas las heridas y eliminar todas las preocupaciones con la punta de mi dedo.

Pero no soy Dios porque él no existe como el gran poder ajeno a nosotros. Y lo sabemos porque no puedo evitarles la pena ni el dolor, no puedo darles lo que necesitan y cuando quiero ponerme de pie a rezar con ustedes me resbalo con mis propias lágrimas.

No puedo ser Dios y tampoco puedo ser fuerte. Y desearía serlo.

Padre nuestro que habitas en los cielos, santificado sea tu vacuo nombre: venga a nosotros tu reino de poder, danos el pan de cada día, perdona nuestras palabras, levántanos cuando hayamos de caer y líbranos de eso que no podemos evitar. Así sea.

sábado, 5 de enero de 2013

Al alba

Es interesante ver lo poco que le interesa a muchos estas bellas cosas tan sencillas. Por ejemplo, contamos rápido aquellos que logran darse cuenta de la belleza que carga el alba.

Ellos miran con incertidumbre agonizante el atardecer que se aproxima, y con valientes miradas de terror se adentran hacia el otro lado del sol. El oriente de oscuridad se enciende con todas las inexpectativas esperadas: los ojos ávidos de mal, los alcóholicos confudidos, las impresiones del pasado, los animales tristes, los que tienen hambre y frío, los solitarios y tristes... ellos son todo eso, son lo mismo a lo que enfrentan; son un cambio de uno y otro, un devenir que parece infinito, que les chupa lentamente el jugo de los huesos, les encapa el corazón y les desliza el cerebro. Un vacío de existencia se presenta ante ellos y en la esperanza de no encontrar nada, de la continuidad, se vuelve marino el cielo. Ellos siguen allí, casi artistas de la sobrevivencia, en el alba, la belleza de la luz amarilla de la farola mezclándose con el sol y la luna y el humo de las alcantarillas. El alba les abraza de la promesa del calor y de la necesidad del regreso. 

Es el alba que nos presenta ese mundo de las sombras fantasmales como un nuevo mundo que no durmió, como ayer y como mañana, que nos espera obligado y que, a veces, nos cuenta secretos de amantes que se han dejado un par de horas antes.

La magia se dobla por la mañana, se enjuaga y se vuelve a repetir a la noche siguiente.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Hilando

Ya te dije adiós. Y hoy te lo vuelvo a decir, te digo adiós.

Que nos quedamos unidos, que te llevas un pedazo de mi alma, eso es verdad. No sé si tú hayas dejado un trozo en la mía, espero que sí.

Quizá no fue mucho el tiempo que pasamos juntos, y quizá nunca te dije que te amo (tal vez sí lo dije). Pero yo sentí que fue una eternidad y a veces temo que pase más el tiempo y te vea más lejano, más imposible... me da miedo que comience a olvidarte.

Cuando hablamos en la cama juntos. Cuando recorriste los lugares de mi espalda. ¿Cómo dejo eso en el pasado? Y todo lo que me enseñaste.

Pero hoy... hoy te vuelvo a decir adiós de nuevo. Hoy te puedes ir para siempre mientras me trago mis lágrimas. 

Ya no sé cómo más despedirte, ya llevas camino. 


jueves, 28 de junio de 2012

Conexión, certidumbre o ilusión

Mueve los dedos de los pies que no se sienten nada bien. Se aprietan en el vacío contra las paredes de las botas viejas y rotas. Volteo al cielo, imagino que veo allí la Tierra, un satélite pequeño, lejano. Un punto azul. Sonrío porque también te imagino allí. No les pude contar nada a los niños. ¿Te imaginas qué dirían, mamá en otro planeta? Quien sabe. Mejor que se quede así. Sin embargo yo no me he dejado de sentir solo. A veces ya no te extraño mucho. A veces no me acuerdo de ti. Pero cuando puedo extrañarte, se me muere ocho veces el corazón y se me flotan las lágrimas alrededor de la cara y desaparecen en el viento inexistente. Que aburrido es todo ahora. No sé si es diferente o es porque ya no estás conmigo. ¿Recuerdas cuando íbamos al parque de diversiones? Nos subíamos al simulador juntos y las aventuras que tuvimos allí ¡juntos! Cualquiera se enamoraba. Nos tomábamos unas píldoras y las imágenes nos duraban horas. Comíamos esas raras cosas "fritas", y nos íbamos en la noche a hacer a la oscuridad. Al otro día no nos acordábamos ni qué habíamos hecho, pero eventualmente nacía otro bebé. Nos llamaban rebeldes. Espero que te estés diviertiendo. Espero que disfrutes la vida. Espero que sigas viva. Te sigo amando. Por todas esas noches y las píldoras.

Te prometo que algún día volveré a hablar sobre ti. Por ahora, alzo mis ojos al cielo y te juro, TE JURO que vives por un momento. Los niños llaman. Ya me voy.

lunes, 30 de abril de 2012

Birds fly away

Otro sorbo al té, ya está un poco frío. Le observo las ligeras manchas de la grasa de mi labial flotando en la superficie. Las imágenes se convierten a tu boca, o a tus ojos. Se me viene el eco de tu risa a la memoria y me río también. ¿Te acuerdas cuando hablábamos juntos de esas cosas sin sentido? No, no hay vida después del más allá. El alma existe y no existe. No hay tal cosa como Dios. "Dios ha muerto". El amor no es Dios. Amar es la peor cosa que le puede suceder al ser humano. El amor es bello, hay razones para vivir. Los niños son detestables. Volvemos a reirnos juntos, somos unos tontos mientras el aire silba ligeramente por entre las ramas de los pinos delgados. Un silbido citadino prensa mis oídos contra mi cabeza, y extraño el silencio con el que ambos soñábamos algún día tener. Un silencio de aceptación, de comprensión, de seguridad y de soledad. ¿Recuerdas eso? Queríamos ser un par de ermitaños y dar nuestra vida al mayor sentimiento de felicidad utópico e imaginario. Sí, las cosas parecían fáciles contigo alrededor, el aura que repartes de tranquilidad. La puerta se escucha detrás, rechina al abrir, tintinean las llaves. Entras tú -¡cómo quisiera!- y te sonrojas ligeramente, te pasas una mano por el cabello sin darte cuenta, sonríes, repartes tu aura de confusión tranquila, te acercas a mí y me saludas con un beso en la mejilla, un abrazo incompleto...

- Ya llegué

El dueño de mi dedo anular izquierdo. Entra, deja su maletín, me roza en afinidad y anuncio. Pasa hacia la cocina de nuestra casa.
Sigues en mi pensamiento. Ambos. En el hogar y promesa inexistentes. ¿Vendrás a visitarme pronto? Te extraño.

- ¿Por qué tanto silencio?

Pregunta la compañía inútil.

- Cosas. Recuerdos. - Contesto. Habrá que mantener el misterio.



lunes, 19 de marzo de 2012

Ya visto

El título viene de la palabra déjà vu (la verdad es que no recuerdo el lugar de los acentos). Verán, perdiendo el tiempo como lo merezco encontré una imagen de un lugar muy conocido.


Lo había soñado.


A decir verdad, de uno de los sueños más extraños que he tenido. Fue hace mucho tiempo, no recuerdo ni siquiera cuanto. Yo estaba en un gimnasio muy extraño. Había varias albercas, pero la más importante es la que ven en la foto. 
Para cuando tuve este sueño, hacía muchos años que había dejado de nadar. Sin embargo, en el sueño (como en la vida) seguía siendo lo más natural para mí. Andar con el traje de baño, caminar descalza, el frío de estar empapado... Y todos éramos adultos, una sociedad, como decirle hola al chavo que se siente frente a ti en la escuela. 


No recuerdo bien qué se hacía, pero yo terminaba entrando a una alberca que lucía idéntica a la de la foto. Era estrecha... pero no tenía fondo. No acababa jamás.


Lo que ven allí es la alberca más profunda del mundo. La acabo de conocer hace unos segundos. No la había visto jamás. Tenía la misma forma, las mismas ventanas... Aunque el agua comenzaba más abajo. 


En el sueño entraba a nadar allí, y nadaba más abajo, más abajo... Soportaba la respiración pero era tan normal... Todo era silencio, tranquilidad. Creo que muy pocos comprenden la belleza de estar bajo aguas inmóviles. 


Sentía los latidos de mi corazón, era lo único que existía ya. Contra mis oídos, contra todo lo que iba a hacer, todo lo que era, todo lo que pensaba... Todo era nada ya.


Pero era demasiado tiempo. No había desesperación por el aire que no tenía. No importa nada cuando estás debajo del agua.


Así que desperté, como en las películas, dando un respiro largo y tendido para después gemir como perro. 


Nunca entendí qué onda con ese sueño.


Era tan violento como lo era pacífico.






Y ahora ese lugar tan extraño está allí... Existiendo... Para que pueda yo suicidarme. Feliz. Sin pensar. Sin preocupaciones. Sin nada. Con la vida para despedir, nada más.

domingo, 18 de marzo de 2012

The bloodstaine on the sheet read: "Free"

Una vez que fue despedido de su trabajo y divorciado de su esposa no tuvo nada más a lo que centrar su vida. No había amigos, vecinos, familiares o incluso un espejo que le dijera nada de sí mismo.


El hombre decidió entonces que no había nadie en donde vivía, que no había nadie dentro ni fuera de él. Se despojó de todo lo que le pesaba y salió a dar una vuelta en un mundo totalmente nuevo que solo había cambiado para él.


No fueron los gritos de los vecinos sorprendidos tratando de proteger a sus hijos, no fueron las alarmas de los policías y las órdenes hacia él, no fue nada lo que le despertó de su felicidad mientras lo arrestaban y lo llevaban hacia el cuestionamiento de por qué caminaba desnudo por la ciudad.


En la sala se subía a las mesas y hacía con los brazos que volaba, totalmente ajeno a que el mundo le estaba viendo y escuchando todos sus comentarios acerca de la belleza del mundo que apenas ahora comenzaba a ver.





jueves, 1 de marzo de 2012

Fue mi culpa

Yo tejí lentamente esas cadenas, se volvieron grilletes en mis tobillos... grilletes irrompibles... metal que no corroe. Que crece. Que se vuelve cárcel. 


Fui yo quien te amó intensamente todos esos años, fui yo quien cultivó tus encantos todo este tiempo. Yo no te creé, pero te adopté y te hice propio. Y ahora te has apoderado de mi y yo no puedo irme, no puedo deshacerme de ti.


Peleo contra tus cadenas que cada vez se hacen más pesadas, te estrello contra la pared, te golpeo como puedo, te saco de mí... Sales, te haces más fuerte y vuelves a entrar, dañando como nunca antes.


Te apoderas de mi corazón, te apoderas de mi psique, te apoderas de ¡mi cuerpo, incluso!


Lucho contra ti, contra lo que no puedo ver... Pero te impregnas en mi sangre y en mi sudor y en toda mi piel. No puedo decir que no, que no te amo, que no eres mi vida, que te quiero dejar, que te odio, que te quiero siempre fuera de mis sentidos... No te puedo decir nada. Te amo. Eres todo, y eres la nada también. 


Me rindo, me tiro en el suelo. Tómame, te digo, ya no puedo luchar más. Pon una pluma en mis manos, y papel bajo ellas. Escribiré con mi sangre, si te parece necesario. Golpeame como gustes, soy tuya. Siempre lo fui.

martes, 21 de febrero de 2012

To the dreams of passing comets...

No te cuento otra vez mi historia porque ya la sabes. Te sonrío, pero no logro mirarte a los ojos. Eres todo mi amor. Todo.
Ha dejado de hacer viento, el día vuelve a ser azul por el momento. No es Octubre por nada, me ajusto la bufanda al momento en el que te centras la corbata. Mis ojos vuelven a arrastrarse desde mis pies, mis rodillas, mi vestido sobre mis caderas, tu mano, tu cuerpo... No logro llegar a tu cara, de nuevo. Tus ojos están tan lejos.


Sabes que te amo, sabes cuánto te extraño. No dices nada, no mueves un solo músculo. Solo calientas el aire a tu alrededor en bellas ondas de amor. Tu otra mano se disuelve en el bolsillo de tu pantalón beige, y te encoges con seriedad dentro de tu suéter café. Me sabes a beso inexistente. A agua limpia y clara. Estás seco, porque te cojo la mano más fuerte -mientras llega la ventisca de nuevo- y crujes.


Crujes mientras te me deshaces bajo la mano, te vas con el viento, vuelves a ser hoja seca, vuelas hacia al cielo azúl. Se me va el amor con el aliento, contigo.


Otoños de amor, que vienen, van, vuelves. 
Junto con el viento frío.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Auburn bird

El lugar estaba completamente lleno. La gente se esforzaba por ver. Algunos se levantaban sobre algunas de las sillas viejas y baratas que se repartían por el piso antes de que los primeros en llegar las acapararan. 


Una pared del salón se cubría con el escenario. La mitad del escenario se cubría con una ancha cortina vieja, con algunas manchas y quemaduras aquí y allá, hecha de terciopelo escarlata por las dos caras. Al centro del escenario, se extendía una pista larga y no más alta de un metro hacia el centro del teatro, de la misma altura que el escenario, cuyo piso daba a conocer la edad del edificio.


Había huecos en todos lados. Del techo pendían trozos de aislante y lámparas quemadas. De las paredes, jirones de papel tapiz y pintura vieja, y restos de colgantes brillantes. El piso era viejo y descolorido, y la pintura del piso del escenario se despegaba en algunos pedazos. 


El show que me habían prometido estaba muy por encima al aire que daba el establecimiento. Aunque sí me sorprendía lo grande que era, el techo altísimo, las paredes altas. Y el lugar se había llenado paulatinamente, una gran sorpresa para mi. El antiguo teatro, olvidado por toda la gente decente que prefería los nuevos edificios, confería una imagen de cómo se observaba en sus mejores años. 


La iluminación era improvisada, solo algunas luces del lugar funcionaban; los encargados agregaron faros montables. El show estaba cerca.


Mi escepticismo no me permitía emocionarme. Más que mágico, esto parecía un engaño barato con gran publicidad. La gente comenzó a murmurar y las luces se empezaron a apagar. El telón se abrió y, aunque el lugar estaba a oscuras, se podía escuchar el sonido de las poleas de las cortinas. 


Algunas luces se encendieron sólo para iluminar el frente del escenario. En lugar de la pesada cortina de terciopelo, había varias cortinas poco anchas y largas que cubrían casi todo el escenario. Pendían del techo, y la tela era vaporosa y delgada, de brillo barato; tantas tiras de tela no dejaban ver lo que había detrás.


La luz que rebotaba de las cortinas daba un haz rojizo a todo el teatro. Comenzó también una música ligera, con ritmos fluidos y relajantes, que te invitaban a menearte un poco. 


De repente, un brazo salió de entre las cortinas. Un brazo largo, dorado y delgado. Los dedos se movían ritmicamente. Del brazo, siguió un delgado cuerpo, que se abultaba ligeramente en el vientre. La mujer llevaba una larga falda de tela roja que colgaba con gracia con dos aberturas gigantes a los costados que le permitían bailar y que enseñaban sus bellos muslos dorados. Su corpiño apenas cubría lo necesario, pero estaba tan decorado con intricados bordados de oro e hilos escarlata. Los largos cabellos oscuros le caían sobre los hombros, y tras la espalda y la cintura; le brillaba, y se le entreveían algunas trenzas escuetas. En la frente se cruzaba un listón que parecía salido del corpiño, y las colas colgaban por entre las ondas del pelo. La mujer se movía lentamente, levantaba una pierna y la estiraba. Pisaba con los dedos y creaba un bello arco con su cuerpo, las manos las agitaba con parsimonia en el aire. Daba un paso y se convulsionaba hacia adelante con un golpe sensual que provocaba cien ondas en el aire. 


Su baile robó mi consciencia y mi corazón, los míos y los de todos los demás asistentes. Era hipnotizante, y no podía quitar los ojos de ella. La mujer siguió bailando a través del escenario, primero de un lado a otro, y cuando la música se hizo más ensordecedora y cautiva, comenzó a caminar por la pista del centro. Los ritmos crecían y la fuerza de sus movimientos también. Seguían siendo suaves pero fieros y parecía que mataban a cada paso, cada giro, cada vez que se doblaba sobre sí misma, cada vez que sus dedos se agitaban. 


Era tan increíble, y el ritmo seguía creciendo. La mujer danzaba cada vez más fuerte que incluso era difícil seguir sus movimientos: sus brazos desaparecían con la velocidad, y se suspendían en ciertos momentos; sus piernas golpeaban el piso y se balanceaban de atrás hacia adelante, o de izquierda a derecha en un vaivén hipnótico y su abdomen seguía creando las ondas en el aire cada vez con mayor intensidad con sus golpes y convulsiones hasta que la música desapareció en un eco ensordecedor y la mujer desapareció con un último golpe energético en el suelo. 


En su lugar, un hermoso pavo real escarlata alzó el vuelo. Voló con gracia sobre la audiencia en una curva, se alzó hasta el techo en una espiral hasta que las luces se apagaron dramáticamente. La cortina se volvió a cerrar con su rechinido metálico y las luces se encendieron. No había rastro de nada. El show había acabado, y también la emoción que se había creado. Había sido una noche más de teatro cladestino en el centro de la ciudad; y aunque la magia que me habían prometido había estado allí frente a mis ojos y había sido casi tangible, todo había acabado y era hora de desalojar el lugar, que había vuelto a hacer una de sus magníficas presentaciones donde casi vuelve a ser el mismo nuevo teatro de moda.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Siempre yo.

El fin de semana pasado acompañé  mi hermana a un velorio, con su novio. Cuando llegábamos allá, dos amigas de mi hermana iban en el auto. Mi hermana expresaba que le daba pena porque como que no sabía qué decir y se la pasaba mentando la misma frase "Lo siento mucho". Sonreí para mis adentros. 
Una de sus amigas dijo que "Pues qué se hace en esas situaciones." y que a nadie le gustaban los funerales.


"A mí si me gustan" dije, ganándome la tan NO ansiada mirada de WTF con la que he vivido casi siempre. 


Y es que después de ir a los funerales de la casa materna, I love them. Neta, son geniales.


Al principio todos lloran, y luego llega la gente. Con la gente llegan las condolencias y los pequeños recuerdos que hacen llorar más. Pero luego te hacen reír. Luego te ríes de más anécdotas. Luego terminas riéndote con una sonrisa melancólica y creo que es el momento en el que sabes que todo va a estar bien y que las cosas seguirán de una forma lenta pero segura.
Miras a todos los niños jugando alrededor, gritando. Sabes que la vida es así, sin que la muerte detenga el ritmo. La vida sigue allí, para que te vuelvas a subir en la cinta transportadora. Pura belleza.


Aprendí a amar los funerales así, aunque haya ido a múltiples funerales en donde todos son miserables, y hay gritos de dolor... donde he visto morir.
Pero no importa. Porque detrás de todo eso hay amor, y la esperanza de que las personas entenderán que no se trata de odiar a la muerte, sino de amar a la memoria del muerto. Y así, entre otras ñoñerías.


También soy fan de los panteones. Todos los panteones también están llenos de mucho mucho amor. Todas aquellas personas que enterraron a sus seres queridos, que les velaron, que estuvieron allí. Todos los que alguna vez llegaron flores de las que ya solo quedan polvo y cenizas. Amor, le llamo yo.


Yo me siento feliz, siempre que haya algo que me diga que hubo mucho amor aquí. No importa qué. Un nombre, fechas, epitafios.


A veces reconstruyo su vida, el señor cuya esposa murió... Y 15/25 (me falla la memoria) muere su hija de 15 años. Probablemente hija de otro matrimonio, porque no era posible engendrar estando ya muerto, digo. Estar enterrado sobre la antigua esposa de tu padre, kinda funny. Y bello. Un tanto bello de no sé dónde.


Yo no sé por qué, pero cada vez que veo una tumba abierta imagino que trabajar cavando y tapando tumbas debe ser una cosa como que bien bonita. Porque una cosa que la experiencia me ha enseñado es que el último cierre para seguir es cuando se pone el último puño de tierra, o en otros casos, el último ladrillo. Es como escuchar el candado tras la puerta cerrada. Un jardín sin llave.


Y yo, no sé, me cae que está bien bello todo eso.


"Y tú, estás bien tonta para los velorios." Le dije a mi hermana. En realidad yo también. Pero una sonrisa siempre funciona. Las palabras, me digo siempre, a veces no importan nada nada.


Y a la muerte, mucho menos.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Un

Ya sé que ya no estoy acá. No me molesta estar de nuevo en la vida real. Pero no me olvido.
La pregunta de todos es la pregunta más boba, de verdad. 
Sí, lo único que necesito es la vida en una maleta, aunque sea prestada. Todo pertenece a los demás, todos los recuerdos son suyos.
A veces beberé en nostalgias y tristezas, y seguiré mi camino adelante. 
Mi techo es el cielo, llevo el hogar conmigo siempre. Vivo en el viento. Que me abrace mi mente.
No llueve nunca en mi vida, porque en la piel no llevo las goteras. 


Son preguntas bobas, lo repito. Porque si he sabido hacerlo es porque nacimos para hacerlo. Nacimos para decir adiós. Nacimos para marchar.
Queda todo un mundo por comer.

domingo, 23 de octubre de 2011

Nightfall

Dile que no a la luz. Sé que te tendré en la noche, cuando sea haga la oscuridad, como la última vez que te fuiste. 
No paso los días trabajando, no canto, no hago nada, te espero. Me siento a mirar el lugar por donde entrarías caminando, pero solo está el sol. No llegas, el sol se queda.


He pensado en ti. He buscado en tu cama, en tus fotos, en mi corazón. Ya te habías ido. Solo estaba el sol.


El sol de noche. Sol, que no me dejas dormir. Sol, que me abres los ojos. Sol, que me dejas ciego. Sol, que me confundes. Sol, que me quemas. Soledad, que no me quieres. Sol de medianoche.


Ya no te espero. Seguí al sol.