No pude estar contigo, pero sé que tu cama no estuvo vacía mientras me fui. Me besaste como si me quisieras, y sentí amor entre tus brazos. No hubo muchas palabras, y lo lamento. En silencio sentí las huellas de sus dedos sobre la piel de tu espalda, y te cuestioné levemente. No dijiste nada.
Quiero que me cuentes sobre ella. Quiero saber quién es y cómo la conociste. Quiero saber cómo te hizo reir. Quiero saber si preguntó sobre tus marcas, y si te dijo adiós al día siguiente. Quiero saber cómo te dio placer. La imagino como la mujer más rubia de la ciudad, con una cintura tan delgada como la mía y la piel bronceada. Imagino que tocó tus hombros con dedos largos y uñas hermosas. Imagino cómo le hiciste el amor.
Quiero saber todo sobre ti, hasta sobre tus amantes.
martes, 30 de junio de 2015
miércoles, 27 de mayo de 2015
Nidos de colibrí
Es época de finales, lo que significa que me voy a poner a perder el tiempo contándoles la historia de los nidos de colibrí, es respuesta al post de Guffo presumiéndonos que tiene un nido de colibrí.
Pues yo, es decir, la casa de mis padres, no tuvo uno sino DOS nidos de colibrí. Uno después del otro, no al mismo tiempo, claro.
Es muy raro pero nuestras casas (es decir, no tenenemos muchas casas, más bien nos hemos mudado mucho) siempre ha tenido una gran cantidad de colibríes. Sobre todo la penúltima (frente a mi actual casa), donde se metían en las flores-campana y desaparecía ahí dentro. Allí me di cuenta de lo diminutos que son esos animales.
El primero de ellos anidó frente a la ventana del piso de abajo, en una rama casi escondida y frente a nuestra carota. Le pedimos al mundo que ni se acercara. A veces la veíamos durante ratos por la ventana, mientras se posaba, altiva, sobre sus diminutos huevitos. Intentamos tomarle fotos (obviamente en vano) y se lo presumíamos a toda la gente. Entre todos nos eligió A NOSOTROS, ¡a nosotros!. Más bien no hay muchos árboles en la colonia, ese árbol ni lo plantamos nosotros pero pues meh.
Lo cuidábamos tanto y estábamos seguros de que no tardaban en nacer cuando tuvimos que salir de la ciudad. Nuestro árbol tiene como diezmil cuervitos (de los que me quiero deshacer por puro coraje, se aceptan sugerencias), además de que es rondado por varios gatos (insisto, no hay más árboles en la colonia, en algún lugar tienen que trepar y afilarse sus garritas). Cuando regresamos ya no había colibrí, faltaba un huevo y el otro tenía un cadáver colorido y diminuto (del tamaño de la yema de un dedo). La señora que limpió la casa el fin de semana dice que lo encontró ahí tiradito en el suelo, y lo juntó y lo dejó en el alféizar de la ventana.
Culpé a mis padres por salir de la ciudad y no cuidar al animalito, a veces nos desvelábamoslas noches cuidando de los ruidos de afuera para que no fuera el gato buscando comida. En realidad, estoy segura de que han sido los cuervos, son bastante territoriales y tienden a pelearse con todas las aves que se acercan al árbol.
Cuando ya se nos había olvidado la tristeza, otro colibrí llegó a anidar, esta vez al costado del árbol, en una de esas ramas que generalmente podamos porque a veces sobrecrece tanto que no deja abrir la puerta de la reja. Éso significa que debíamos pasar debajo del nido para llegar a la puerta de la casa.
Claro, mi familia y yo pasamos un mes pidiendo a la gente que por favor pasara en silencio y rápido, la puerta sólo abría un resquicio (no, okay, abría un poco más) y nos deslizábamos de un sólo movimiento para no hacer vibraciones extra. A veces abría la puerta, veía al colibrí, y mejor me volvía a meter a mi casa, no vaya a ser que se agüite el animalito. Eventualmente la colibrí se acostumbró a nuestro pasar y teníamos un acuerdo de paz. La colibrí ya no gritaba ni se movía amenazadoramente cuando nos acercábamos y nosotros seguíamos siendo horriblemente silenciosos.
Fue cuando me asomé al nido y, efectivamente, allí había dos huevos pequeños. Google decía que generalmente nace nada más uno, y eso fue lo que sucedió.
Teníamos un pequeño bebé colibrí. Éramos muy felices, lo mirábamos durante horas, levantaba su piquito altivamente (aparentemente es algo que hacen los colibríes), se movía en el nido, era carajamente adorable. ADORABLE. Casi nos hacemos pipí de la emoción cuando el pajarito comenzó a pararse en la orillita del nido y así.
Y un día, mi papá, leía en la mesa del patio mientras de reojo veía al adorable animalito que decidió caminar por la ramita y explorar y ser feliz en general. Y entonces PINCHES SALTÓ DEL NIDO. Sólo saltó, así, de huevos, SALTÓ SIN SABER VOLAR. Y el pobre animal se precipitó hasta el suelo, donde lo encontró mi papá. Aparentemente, en cuestión de momentos, mi papá volteó a otro lado, cuando el animal decidió saltar.
Mi papá dice que lo cogió y lo intentó reanimar. Mi papá no sabe nada de la vida, porque sus manazas (incluso las de un bebé) son demasiado grandes para los diminutos animalitos. Además, el corazón de un colibrí late demasiado rápido como para que sea factible reanimarlo. En fin, que mi papá terminó de matarlo, de un susto, del intento de reanimación, yo qué sé.
Los colibríes nomás vienen a rompernos el corazón a nuestras vidas. Pero los acepto el día en que quieran volver.
Y les juro por todo lo que es sagrado que yo no voy a dejar de tener fe en que sobrevivirán.
Pues yo, es decir, la casa de mis padres, no tuvo uno sino DOS nidos de colibrí. Uno después del otro, no al mismo tiempo, claro.
Es muy raro pero nuestras casas (es decir, no tenenemos muchas casas, más bien nos hemos mudado mucho) siempre ha tenido una gran cantidad de colibríes. Sobre todo la penúltima (frente a mi actual casa), donde se metían en las flores-campana y desaparecía ahí dentro. Allí me di cuenta de lo diminutos que son esos animales.
El primero de ellos anidó frente a la ventana del piso de abajo, en una rama casi escondida y frente a nuestra carota. Le pedimos al mundo que ni se acercara. A veces la veíamos durante ratos por la ventana, mientras se posaba, altiva, sobre sus diminutos huevitos. Intentamos tomarle fotos (obviamente en vano) y se lo presumíamos a toda la gente. Entre todos nos eligió A NOSOTROS, ¡a nosotros!. Más bien no hay muchos árboles en la colonia, ese árbol ni lo plantamos nosotros pero pues meh.
Lo cuidábamos tanto y estábamos seguros de que no tardaban en nacer cuando tuvimos que salir de la ciudad. Nuestro árbol tiene como diezmil cuervitos (de los que me quiero deshacer por puro coraje, se aceptan sugerencias), además de que es rondado por varios gatos (insisto, no hay más árboles en la colonia, en algún lugar tienen que trepar y afilarse sus garritas). Cuando regresamos ya no había colibrí, faltaba un huevo y el otro tenía un cadáver colorido y diminuto (del tamaño de la yema de un dedo). La señora que limpió la casa el fin de semana dice que lo encontró ahí tiradito en el suelo, y lo juntó y lo dejó en el alféizar de la ventana.
Culpé a mis padres por salir de la ciudad y no cuidar al animalito, a veces nos desvelábamoslas noches cuidando de los ruidos de afuera para que no fuera el gato buscando comida. En realidad, estoy segura de que han sido los cuervos, son bastante territoriales y tienden a pelearse con todas las aves que se acercan al árbol.
Cuando ya se nos había olvidado la tristeza, otro colibrí llegó a anidar, esta vez al costado del árbol, en una de esas ramas que generalmente podamos porque a veces sobrecrece tanto que no deja abrir la puerta de la reja. Éso significa que debíamos pasar debajo del nido para llegar a la puerta de la casa.
Claro, mi familia y yo pasamos un mes pidiendo a la gente que por favor pasara en silencio y rápido, la puerta sólo abría un resquicio (no, okay, abría un poco más) y nos deslizábamos de un sólo movimiento para no hacer vibraciones extra. A veces abría la puerta, veía al colibrí, y mejor me volvía a meter a mi casa, no vaya a ser que se agüite el animalito. Eventualmente la colibrí se acostumbró a nuestro pasar y teníamos un acuerdo de paz. La colibrí ya no gritaba ni se movía amenazadoramente cuando nos acercábamos y nosotros seguíamos siendo horriblemente silenciosos.
Fue cuando me asomé al nido y, efectivamente, allí había dos huevos pequeños. Google decía que generalmente nace nada más uno, y eso fue lo que sucedió.
Teníamos un pequeño bebé colibrí. Éramos muy felices, lo mirábamos durante horas, levantaba su piquito altivamente (aparentemente es algo que hacen los colibríes), se movía en el nido, era carajamente adorable. ADORABLE. Casi nos hacemos pipí de la emoción cuando el pajarito comenzó a pararse en la orillita del nido y así.
Y un día, mi papá, leía en la mesa del patio mientras de reojo veía al adorable animalito que decidió caminar por la ramita y explorar y ser feliz en general. Y entonces PINCHES SALTÓ DEL NIDO. Sólo saltó, así, de huevos, SALTÓ SIN SABER VOLAR. Y el pobre animal se precipitó hasta el suelo, donde lo encontró mi papá. Aparentemente, en cuestión de momentos, mi papá volteó a otro lado, cuando el animal decidió saltar.
Mi papá dice que lo cogió y lo intentó reanimar. Mi papá no sabe nada de la vida, porque sus manazas (incluso las de un bebé) son demasiado grandes para los diminutos animalitos. Además, el corazón de un colibrí late demasiado rápido como para que sea factible reanimarlo. En fin, que mi papá terminó de matarlo, de un susto, del intento de reanimación, yo qué sé.
Los colibríes nomás vienen a rompernos el corazón a nuestras vidas. Pero los acepto el día en que quieran volver.
Y les juro por todo lo que es sagrado que yo no voy a dejar de tener fe en que sobrevivirán.
viernes, 22 de mayo de 2015
Desequilibrios
Hoy acaba de terminar uno de los eventos más demandantes que he hecho en toda mi vida. No fue excesivamente cansado, pero por fin nos enfrentamos con muchas malas vibras de un montón de gente y malos deseos y malas organizaciones. Ha sido también el mejor evento que he hecho en mi vida, y lo volvería a hacer para estar con esas personas con las que estuve.
En el evento, me enfrenté a muchos sanadores espirituales: olmecas, mayas, mexicas, wixarikas.... todos ellos siempre empezaban bendiciendo el agua y recordándonos que muchos de nuestros males parten del poco equilibrio que tenemos con nuestro cuerpo y espíritu.
Y heme aquí, con la peor infección que me ha dado en mi vida, aullando de dolor, con fiebre y sin poder dormir... todo por no beber agua y tomar un par de precauciones anteriores.
El dolor y el alucine me hacen sentir terriblemente culpable de mí misma. Yo soy quien me permitió enfermarme, soy yo quien no bebió agua, soy yo quien no orinó cuando debió hacerlo (por pura flojera, honestamente). La primera persona que debo cuidar soy yo, y fallé.
Sé que mejoraré, pero ahora sé que necesito un momento y bendecir el agua y aceptar que mis males son necesarios para darme cuenta del lugar en el que me pongo a mí misma.
En el evento, me enfrenté a muchos sanadores espirituales: olmecas, mayas, mexicas, wixarikas.... todos ellos siempre empezaban bendiciendo el agua y recordándonos que muchos de nuestros males parten del poco equilibrio que tenemos con nuestro cuerpo y espíritu.
Y heme aquí, con la peor infección que me ha dado en mi vida, aullando de dolor, con fiebre y sin poder dormir... todo por no beber agua y tomar un par de precauciones anteriores.
El dolor y el alucine me hacen sentir terriblemente culpable de mí misma. Yo soy quien me permitió enfermarme, soy yo quien no bebió agua, soy yo quien no orinó cuando debió hacerlo (por pura flojera, honestamente). La primera persona que debo cuidar soy yo, y fallé.
Sé que mejoraré, pero ahora sé que necesito un momento y bendecir el agua y aceptar que mis males son necesarios para darme cuenta del lugar en el que me pongo a mí misma.
domingo, 3 de mayo de 2015
Estampillas
En ese momento me embargó el silencio, y una amarga seriedad que no me pude sacudir. Miraba silenciosamente hacia ningún lado, hacia la ventana púdicamente cubierta por cortinas. Ya no supe si me hablaba o no, no recuerdo si escuchaba su voz -que es hermosa, dulce, casual, adecuada, lo único que quisiera escuchar- o si también él imitaba mi silencio. No sabía qué sentir, acabábamos de hacer el amor. Me sentía terrible por no haber podido tomar la iniciativa por ningún segundo, y me moría por beberle. También me carcomía la necesidad de decirle que lo amaba, que en algún momento me había enamorado de él, que lo que más feliz me hacía era fantasear en un futuro donde estuvieramos juntos, que yo nunca había sentido sentimientos de esos. Pero me quedé en silencio.
No supe qué decirle.
Era la persona más feliz entre sus brazos. Y entre todos los deseos, el más grande, el que ganó por sobre todas las cosas, fue el de mantenerme -en la misma posición, en el mismo silencio, respirando el mismo aire, mirando las luces de las velas proyectando danza sobre la cortina de la gran ventana. No quería que alguna de mis palabras me obligara a retirarme de entre sus brazos. Silenciosamente pedí a todas las estrellas del cielo que me concedieran detener la noche.
Estaba feliz, porque jamás me habían hecho el amor -no como me lo había hecho hace unas horas- y porque toda mi piel podía sentir su desnudez en extensión. Hay sentimientos bellos que no puedes expresar en simples términos de descripción, y sentir que somos una sola carne es uno de ellos. Y quizá no se dió cuenta de mi felicidad, porque era más grande mi preocupación sobre el inevitable final que no sabría si tendría una futura parte dos (aunque sus palabras me lo sugerían a cada rato). Me debí haber disculpado por no sonreir más.
¡Estaba tan enojada cuando se anunció la mañana! Lo único que pedí al cielo era más tiempo, y no lo obtuve. Ojalá me buscara, pero probablemente no está pensando en mí. Me arrepiento de no haberle pedido que me dejara tenerlo completamente. Me arrepiento de no haberle pedido que me torturara físicamente (y no anímicamente, como ahora), que tuviera menos cuidado de mí.
Creo que comienzo a olvidar sus manos sobre mí, dentro de mí. Lo único que recuerdo es el tormento de mi inevitable silencio, de pensar que no le dije que ahora mi mente y mis palabras le pertenecen.
¿Por qué te escribo todo ésto? Porque sus manos se van, y lo siento lejos. Ten piedad de mí. ¡Grita mi silencio!
No supe qué decirle.
Era la persona más feliz entre sus brazos. Y entre todos los deseos, el más grande, el que ganó por sobre todas las cosas, fue el de mantenerme -en la misma posición, en el mismo silencio, respirando el mismo aire, mirando las luces de las velas proyectando danza sobre la cortina de la gran ventana. No quería que alguna de mis palabras me obligara a retirarme de entre sus brazos. Silenciosamente pedí a todas las estrellas del cielo que me concedieran detener la noche.
Estaba feliz, porque jamás me habían hecho el amor -no como me lo había hecho hace unas horas- y porque toda mi piel podía sentir su desnudez en extensión. Hay sentimientos bellos que no puedes expresar en simples términos de descripción, y sentir que somos una sola carne es uno de ellos. Y quizá no se dió cuenta de mi felicidad, porque era más grande mi preocupación sobre el inevitable final que no sabría si tendría una futura parte dos (aunque sus palabras me lo sugerían a cada rato). Me debí haber disculpado por no sonreir más.
¡Estaba tan enojada cuando se anunció la mañana! Lo único que pedí al cielo era más tiempo, y no lo obtuve. Ojalá me buscara, pero probablemente no está pensando en mí. Me arrepiento de no haberle pedido que me dejara tenerlo completamente. Me arrepiento de no haberle pedido que me torturara físicamente (y no anímicamente, como ahora), que tuviera menos cuidado de mí.
Creo que comienzo a olvidar sus manos sobre mí, dentro de mí. Lo único que recuerdo es el tormento de mi inevitable silencio, de pensar que no le dije que ahora mi mente y mis palabras le pertenecen.
¿Por qué te escribo todo ésto? Porque sus manos se van, y lo siento lejos. Ten piedad de mí. ¡Grita mi silencio!
domingo, 26 de abril de 2015
Viernes por la noche (y brujas)
El viernes por la tarde recorrí el sillón frente al ventanal casi cuando comenzó la tormenta. Así duré hasta la noche, hasta que escampó. Bajé para sentir un rato el viento, para sentirme de alguna manera u otra.
Cuando regresé a casa, prendí la música, encendí un cigarro y salí a fumar al balcón. Ahora las tardes lluviosas me traen gratos recuerdos, y el clima exigía un poco de humo viajando por la garganta. Las nubes se habían ido y ya había estrellas en el firmamento. No volvería a llover.
Mientras Jumbo sonaba con el cover de JoséJosé, una luz me atrajo la atención. "Ale, corre, ¡una bola de fuego, una bruja!
Mi flatmate corrió y se detuvo tras de mí para observar a lo lejos una lámpara de cantoya que ya amenazaba por extinguirse. Discutimos un ratito sobre las lámparas y luego se retiró con un suspiro: "Tu música es muy deprimente."
Yo creía que era más bien algo nostálgica porque no podía dejar de pensar muchas cosas: el estar completamente enamorada por primera vez entre otras noticias emocionantes. Mi música me parecía perfecta para sentirme bien, para dejarme razonar un rato, o más bien para aceptar lo que estuviera sucediendo.
"Me dan ganas de beber." termina la flatmate. Yo no tengo muchas ganas de beber, pero porque mi boca está ocupada por el humo.
"Pues si quieres puedes tomar, todavía queda algo del licor de ciruela."
"Claro que no, allizzia, te lo bebiste." Eso no es verdad, pero sí bebí bastante de esa botella. Hay aún un vaso, vaso y medio quizá. No le digo nada, nomás me río, le gusta burlarse de esa manera. Entra a su cuarto y sale con una pequeña botella de agua conteniendo un par de dedor de líquido transparente. "Hace tiempo guardé aquí ron, para írmelo bebiendo en el camino." La flatmate es muy hábil. Le sugiero que se lo beba pero parece que mi música no era lo suficientemente deprimente y ambas terminamos sobrias. Ella se vuelve a retirar y me quedó a disfrutar de los primeros momentos de la noche silenciosa.
Mi cigarro ya se ha terminado. Hoy, por belleza del destino, no he llenado la casa de humo. Aún no sé fumar muy bien (algo que probablemente termine en el cáncer más nasty que pueda encontrar) y no logro no meter el humo a la casa (y, a veces, a mi garganta). Desde éstas últimas semanas, un cigarro es más necesario de lo que era hace un par de años. No quiero ser esa persona, la que se siente mejor con un cigarro pero me gusta estar con esas personas, a las que justamente les hace sentir mejor un cigarro. Es un buen tema de conversación. Es, además, hermoso compartir un cigarro.
Hay algo hermoso en estos últimos días, que no quiero que nada se termine...
Pero termina. Al igual que el cigarro, cuya colilla tiro por el balcón; al igual que la noche - cuando decido irme a dormir. Una sonrisa se me dibuja en la boca.
Inminente soledad pero no justo ahora. No justo ahora.
Cuando regresé a casa, prendí la música, encendí un cigarro y salí a fumar al balcón. Ahora las tardes lluviosas me traen gratos recuerdos, y el clima exigía un poco de humo viajando por la garganta. Las nubes se habían ido y ya había estrellas en el firmamento. No volvería a llover.
Mientras Jumbo sonaba con el cover de JoséJosé, una luz me atrajo la atención. "Ale, corre, ¡una bola de fuego, una bruja!
Mi flatmate corrió y se detuvo tras de mí para observar a lo lejos una lámpara de cantoya que ya amenazaba por extinguirse. Discutimos un ratito sobre las lámparas y luego se retiró con un suspiro: "Tu música es muy deprimente."
Yo creía que era más bien algo nostálgica porque no podía dejar de pensar muchas cosas: el estar completamente enamorada por primera vez entre otras noticias emocionantes. Mi música me parecía perfecta para sentirme bien, para dejarme razonar un rato, o más bien para aceptar lo que estuviera sucediendo.
"Me dan ganas de beber." termina la flatmate. Yo no tengo muchas ganas de beber, pero porque mi boca está ocupada por el humo.
"Pues si quieres puedes tomar, todavía queda algo del licor de ciruela."
"Claro que no, allizzia, te lo bebiste." Eso no es verdad, pero sí bebí bastante de esa botella. Hay aún un vaso, vaso y medio quizá. No le digo nada, nomás me río, le gusta burlarse de esa manera. Entra a su cuarto y sale con una pequeña botella de agua conteniendo un par de dedor de líquido transparente. "Hace tiempo guardé aquí ron, para írmelo bebiendo en el camino." La flatmate es muy hábil. Le sugiero que se lo beba pero parece que mi música no era lo suficientemente deprimente y ambas terminamos sobrias. Ella se vuelve a retirar y me quedó a disfrutar de los primeros momentos de la noche silenciosa.
Mi cigarro ya se ha terminado. Hoy, por belleza del destino, no he llenado la casa de humo. Aún no sé fumar muy bien (algo que probablemente termine en el cáncer más nasty que pueda encontrar) y no logro no meter el humo a la casa (y, a veces, a mi garganta). Desde éstas últimas semanas, un cigarro es más necesario de lo que era hace un par de años. No quiero ser esa persona, la que se siente mejor con un cigarro pero me gusta estar con esas personas, a las que justamente les hace sentir mejor un cigarro. Es un buen tema de conversación. Es, además, hermoso compartir un cigarro.
Hay algo hermoso en estos últimos días, que no quiero que nada se termine...
Pero termina. Al igual que el cigarro, cuya colilla tiro por el balcón; al igual que la noche - cuando decido irme a dormir. Una sonrisa se me dibuja en la boca.
Inminente soledad pero no justo ahora. No justo ahora.
Temas:
A building series,
Agua para limpiar las heridas,
Deseos,
Dolor disfrazado de placer,
Finales,
Lluvia
lunes, 13 de abril de 2015
Inglés y teatro
Con este título debiera hablar de Byron y Shakespeare y Austen. Pero no, hoy vine a contar una historia que debe ser leída con acento pocho como mi hermoso y adorable inglés suena.
Asistí a la misma escuela de inglés durante 9 años, desde primaria hasta secundaria. Al principio todo era normal y cool y había muchos chicos y tenía amigos and shit. Pero todos desertan eventualmente y los últimos años terminé en un grupo de dos personas. Al principio era con una gran gran amiga y así, habíamos estado juntas desde los primeros años, aunque era muy fresa y terminó siento bastante mamona y eventualmente me encontré intentando cambiar para caerle bien y así and that's just not really me. Al final ella se fue (creo que entró al TEC o algo así, idk) y cuando estuve a punto de no tener grupo, entró otra amiga. Ella ya era amiga de la familia pero no me había llevado mucho con ella puesto que su hermano era mucho más de mi edad y así. La verdad es que la obligaron a ir y yo tampoco tenía muchas ganas de continuar yendo a clases al mismo lugar (las cosas se habían puesto muy personales en esa escuela y no me gusta la cercanía social, not really). Así que las clases nos la pasábamos diciendo tonterías, you know, doing shitty examples and making the teacher loose her cool. La profesora encargada decidió que el último nivel (nosotros) debería empezar a hacer obras de teatro y así para las clases muestra (nuestros papás ya nada más iban a echarse un cafecito, adelantar el chisme y reirse de nuestros errores, classic parents, y'know).
Ahora la profesora creyó super cool hacer The beauty and the beast, versión
libro de lectura para english learners. Les diría la editorial pero tendría que subir a la escuela and I'm not up to that. En fin, que nos ponemos a crear un guión y toda la onda. Y a repartir personajes.
Es aquí donde les recuerdo que éramos dos personas en el grupo. TWO. FUCKING. PEOPLE. Así que terminé siendo la Bella y el Papá, mientras que mi compañera era las Hermanas y la Bestia. Eliminamos el resto de los personajes. Fuck it.
Cómo nos las arreglamos fue ÉPICO. Es decir, teníamos que hacer nuestras propias props y así pero como siempre dejo todo al último... pues me puse a dibujar una rosa (ajá, en papelito, ni siquiera en 3D), me conseguí una diadema femenina y recorté un bigote de una revista. THERE, PROPS. Lucía profesional, al menos.
Lo que no pensé fue en que mi compañera sí se la iba a rifar, se confecciónó una falda de dos colores que volteaba para convertirse en las dos hermanas y honestamente no recuerdo cómo le hizo para ser la bestia. IT LOOKED AMAZING.
Ahora, dos minutos antes de la obra me di cuenta de que HABÍA MUCHAS PARTES EN LAS QUE MI PERSONAJE HABLABA CON MI OTRO PERSONAJE.
That's right, motherfuckers, I got to talk to myself for a WHOLE SCENE, goddammit.
Y estaba allí, hablando conmigo misma cuando OH YEAH, I lost the damn moustache. Y le di tanta importancia, like, how are they gonna know I'm another person, y'know? I can't even make such a deep voice, I really can't not even for the sake of life. Así que allí estaba, desesperadamente buscando el bigote cuando todos me dicen, "uh, alicia, just go ahead, keep the play on"
and so I fucking decided to go voice deep and also pretend I have a moustache.
OH, THE LAUGHS.
Anyway, a la otra chica se le olvidó quitarse la falda y era una bestia bastante femenina. IT SO DAMN FUN. I laughed for ages.
At last, podemos concluir que no soy muy buena hablando inglés pero en el teatro, ALLÍ SOY TERRIBLE.
Only theatre watching for me, thanks.
lunes, 23 de febrero de 2015
Almuerzo estudiantil
A veces es bien divertido comer porquerías. Ok, no, SIEMPRE. Después de tener unos días de atasque y sentirme inspirada por Antonio, les voy a dejar las recetas fáciles para los Nachos sinaloenses y unos cevichurros. No son tan económicos PERO VALEN LA PENA.
Iniciamos con los Nachos:
Necesitas: tostaditas (preferiblemente triangulares pero los Tostitos de marca también funcionan), queso amarillo líquido para nachos (de su marca preferida, que puede calentar rebajado con crema y/o vinagre de chilitos jalapeños), queso para espolvorear (tipo cotija porfavor), frijoles guisaditos y molidos (de consistencia más o menos líquida, si son de bolsa/lata puede agregar leche o agua y mezclar hasta lograr la consistencia), una lata/bolsa de chilorio (puedes elegir el que te guste, hay de pavo y vegetariano)*, chile jalapeño, salsa (totalmente opcional).
*Los nachos originales llevan cochinita, que también venden en lata. Yo prefiero el chilorio por que tiene más grasa y no tengo ganas de vivir mucho.
1. Calienta el queso y los frijoles (por separado).
2. Acomoda las tostaditas que te vas a comer en un plato que no sea TAN plano.
3. Chorrea la cantidad deseada de frijol sobre las tostaditas.
4. Pon encima la carne, bien acomodada. Si se desea salsita, este es el momento de agregarla. La salsa suele ser verde, poco enchilosa, y estilo guacamole (es decir, salsa con aguacate licuado).
5. Chorrea encima la cantidad deseada de queso amarillo.
6. Espolvorea el queso sobre todo. Acompaña con jalapeños en vinagre.
TIP: tome omeprazol antes y después de comer.
Ahora los Cevichurros:
Los cevichurros son una gran dosis de ceviche (generalmente es de salchicha, pero los hay de camarón) con churros de masa. Este puede ser un alimento sano, pero somos demasiado jóvenes para pensar en la salud; jamás olvide agregar rielitos y cacahuates japoneses porque entonces no sabe a amor. Puede ser creativo y agregar... de todo.
Necesitas: salchicha (prefiero de pavo) picada, pepino picado, churros de masa, jugo de tomate (tipo Clamato, aunque V8 sirve), salsa de botella, sal y limón. Como opcionales: cacahuates, rielitos, salsa Maggi, salsa de soya, salsa picada, otras verduras picadas o rayadas, cueritos, et cetera.
1. En un tazón se mezcla TODO. Al final se agrega el jugo de tomate, el limón, la sal y la salsa. Se tiene que mezclar muy bien. Se come antes de que los churros se aguaden.
TIP: para los que no saben picar pepino, primero se pela, luego se parte en mitades a lo largo, se sacan las semillas colocando dos dedos en el inicio de las semillas (el extremo del pepino) y se tira con mucha fuerza, se corta en tiras y se pica en cuadritos.
Iniciamos con los Nachos:
Necesitas: tostaditas (preferiblemente triangulares pero los Tostitos de marca también funcionan), queso amarillo líquido para nachos (de su marca preferida, que puede calentar rebajado con crema y/o vinagre de chilitos jalapeños), queso para espolvorear (tipo cotija porfavor), frijoles guisaditos y molidos (de consistencia más o menos líquida, si son de bolsa/lata puede agregar leche o agua y mezclar hasta lograr la consistencia), una lata/bolsa de chilorio (puedes elegir el que te guste, hay de pavo y vegetariano)*, chile jalapeño, salsa (totalmente opcional).
*Los nachos originales llevan cochinita, que también venden en lata. Yo prefiero el chilorio por que tiene más grasa y no tengo ganas de vivir mucho.
1. Calienta el queso y los frijoles (por separado).
2. Acomoda las tostaditas que te vas a comer en un plato que no sea TAN plano.
3. Chorrea la cantidad deseada de frijol sobre las tostaditas.
4. Pon encima la carne, bien acomodada. Si se desea salsita, este es el momento de agregarla. La salsa suele ser verde, poco enchilosa, y estilo guacamole (es decir, salsa con aguacate licuado).
5. Chorrea encima la cantidad deseada de queso amarillo.
6. Espolvorea el queso sobre todo. Acompaña con jalapeños en vinagre.
TIP: tome omeprazol antes y después de comer.
Ahora los Cevichurros:
Los cevichurros son una gran dosis de ceviche (generalmente es de salchicha, pero los hay de camarón) con churros de masa. Este puede ser un alimento sano, pero somos demasiado jóvenes para pensar en la salud; jamás olvide agregar rielitos y cacahuates japoneses porque entonces no sabe a amor. Puede ser creativo y agregar... de todo.
Necesitas: salchicha (prefiero de pavo) picada, pepino picado, churros de masa, jugo de tomate (tipo Clamato, aunque V8 sirve), salsa de botella, sal y limón. Como opcionales: cacahuates, rielitos, salsa Maggi, salsa de soya, salsa picada, otras verduras picadas o rayadas, cueritos, et cetera.
1. En un tazón se mezcla TODO. Al final se agrega el jugo de tomate, el limón, la sal y la salsa. Se tiene que mezclar muy bien. Se come antes de que los churros se aguaden.
TIP: para los que no saben picar pepino, primero se pela, luego se parte en mitades a lo largo, se sacan las semillas colocando dos dedos en el inicio de las semillas (el extremo del pepino) y se tira con mucha fuerza, se corta en tiras y se pica en cuadritos.
Temas:
Engullibles y otros enlatados,
Pizza
martes, 17 de febrero de 2015
Ser
En la teoría de Van Dijk de asimilación de información de un discurso, se supone que seleccionamos la información que nos parece pertinente (a partir de las macroproposiciones del discurso) y suprimimos lo que no nos importa (es decir, lo que creemos que nos importante). Al final volvemos a reconstruir el texto, a partir de lo que tenemos, es decir, de la información que no fue suprimida y que fue guardada en la memoria (a corto plazo primero, luego a largo plazo).
Eso significa que a veces construimos textos completamente nuevos.
Hace rato leí que "hay partes de nuestra vida que no podemos recordar", lo cual tiene sentido. Al igual que el discurso, TODA la información que entra no puede ser memorizada, por lo que suprimimos lo que no nos parece importante y guardamos lo que creemos que es pertinente. Ahí empieza el puto desmadre: no sabemos exactamente quienes somos, porque hemos olvidado algunas partes de nosotros y nos hemos quedado con otras partes. Con esas partes que están en nuestra memoria, tratamos de reconstruir la persona que somos pero no es una reconstrucción objetiva, es incompleta.
Cada vez que nos pensamos, nos recreamos. Somos lo que creemos que somos.
Ahora, mientras digiero ese mindfuck, debo terminar mi proyecto de análisis.
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