El título viene de la palabra déjà vu (la verdad es que no recuerdo el lugar de los acentos). Verán, perdiendo el tiempo como lo merezco encontré una imagen de un lugar muy conocido.
Lo había soñado.
A decir verdad, de uno de los sueños más extraños que he tenido. Fue hace mucho tiempo, no recuerdo ni siquiera cuanto. Yo estaba en un gimnasio muy extraño. Había varias albercas, pero la más importante es la que ven en la foto.
Para cuando tuve este sueño, hacía muchos años que había dejado de nadar. Sin embargo, en el sueño (como en la vida) seguía siendo lo más natural para mí. Andar con el traje de baño, caminar descalza, el frío de estar empapado... Y todos éramos adultos, una sociedad, como decirle hola al chavo que se siente frente a ti en la escuela.
No recuerdo bien qué se hacía, pero yo terminaba entrando a una alberca que lucía idéntica a la de la foto. Era estrecha... pero no tenía fondo. No acababa jamás.
Lo que ven allí es la alberca más profunda del mundo. La acabo de conocer hace unos segundos. No la había visto jamás. Tenía la misma forma, las mismas ventanas... Aunque el agua comenzaba más abajo.
En el sueño entraba a nadar allí, y nadaba más abajo, más abajo... Soportaba la respiración pero era tan normal... Todo era silencio, tranquilidad. Creo que muy pocos comprenden la belleza de estar bajo aguas inmóviles.
Sentía los latidos de mi corazón, era lo único que existía ya. Contra mis oídos, contra todo lo que iba a hacer, todo lo que era, todo lo que pensaba... Todo era nada ya.
Pero era demasiado tiempo. No había desesperación por el aire que no tenía. No importa nada cuando estás debajo del agua.
Así que desperté, como en las películas, dando un respiro largo y tendido para después gemir como perro.
Nunca entendí qué onda con ese sueño.
Era tan violento como lo era pacífico.
Y ahora ese lugar tan extraño está allí... Existiendo... Para que pueda yo suicidarme. Feliz. Sin pensar. Sin preocupaciones. Sin nada. Con la vida para despedir, nada más.
lunes, 19 de marzo de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
The bloodstaine on the sheet read: "Free"
Una vez que fue despedido de su trabajo y divorciado de su esposa no tuvo nada más a lo que centrar su vida. No había amigos, vecinos, familiares o incluso un espejo que le dijera nada de sí mismo.
El hombre decidió entonces que no había nadie en donde vivía, que no había nadie dentro ni fuera de él. Se despojó de todo lo que le pesaba y salió a dar una vuelta en un mundo totalmente nuevo que solo había cambiado para él.
No fueron los gritos de los vecinos sorprendidos tratando de proteger a sus hijos, no fueron las alarmas de los policías y las órdenes hacia él, no fue nada lo que le despertó de su felicidad mientras lo arrestaban y lo llevaban hacia el cuestionamiento de por qué caminaba desnudo por la ciudad.
En la sala se subía a las mesas y hacía con los brazos que volaba, totalmente ajeno a que el mundo le estaba viendo y escuchando todos sus comentarios acerca de la belleza del mundo que apenas ahora comenzaba a ver.
El hombre decidió entonces que no había nadie en donde vivía, que no había nadie dentro ni fuera de él. Se despojó de todo lo que le pesaba y salió a dar una vuelta en un mundo totalmente nuevo que solo había cambiado para él.
No fueron los gritos de los vecinos sorprendidos tratando de proteger a sus hijos, no fueron las alarmas de los policías y las órdenes hacia él, no fue nada lo que le despertó de su felicidad mientras lo arrestaban y lo llevaban hacia el cuestionamiento de por qué caminaba desnudo por la ciudad.
En la sala se subía a las mesas y hacía con los brazos que volaba, totalmente ajeno a que el mundo le estaba viendo y escuchando todos sus comentarios acerca de la belleza del mundo que apenas ahora comenzaba a ver.
Temas:
Deseos,
Mis yos internos,
suele suceder,
Sueños,
Yarmulke
jueves, 1 de marzo de 2012
Fue mi culpa
Yo tejí lentamente esas cadenas, se volvieron grilletes en mis tobillos... grilletes irrompibles... metal que no corroe. Que crece. Que se vuelve cárcel.
Fui yo quien te amó intensamente todos esos años, fui yo quien cultivó tus encantos todo este tiempo. Yo no te creé, pero te adopté y te hice propio. Y ahora te has apoderado de mi y yo no puedo irme, no puedo deshacerme de ti.
Peleo contra tus cadenas que cada vez se hacen más pesadas, te estrello contra la pared, te golpeo como puedo, te saco de mí... Sales, te haces más fuerte y vuelves a entrar, dañando como nunca antes.
Te apoderas de mi corazón, te apoderas de mi psique, te apoderas de ¡mi cuerpo, incluso!
Lucho contra ti, contra lo que no puedo ver... Pero te impregnas en mi sangre y en mi sudor y en toda mi piel. No puedo decir que no, que no te amo, que no eres mi vida, que te quiero dejar, que te odio, que te quiero siempre fuera de mis sentidos... No te puedo decir nada. Te amo. Eres todo, y eres la nada también.
Me rindo, me tiro en el suelo. Tómame, te digo, ya no puedo luchar más. Pon una pluma en mis manos, y papel bajo ellas. Escribiré con mi sangre, si te parece necesario. Golpeame como gustes, soy tuya. Siempre lo fui.
Fui yo quien te amó intensamente todos esos años, fui yo quien cultivó tus encantos todo este tiempo. Yo no te creé, pero te adopté y te hice propio. Y ahora te has apoderado de mi y yo no puedo irme, no puedo deshacerme de ti.
Peleo contra tus cadenas que cada vez se hacen más pesadas, te estrello contra la pared, te golpeo como puedo, te saco de mí... Sales, te haces más fuerte y vuelves a entrar, dañando como nunca antes.
Te apoderas de mi corazón, te apoderas de mi psique, te apoderas de ¡mi cuerpo, incluso!
Lucho contra ti, contra lo que no puedo ver... Pero te impregnas en mi sangre y en mi sudor y en toda mi piel. No puedo decir que no, que no te amo, que no eres mi vida, que te quiero dejar, que te odio, que te quiero siempre fuera de mis sentidos... No te puedo decir nada. Te amo. Eres todo, y eres la nada también.
Me rindo, me tiro en el suelo. Tómame, te digo, ya no puedo luchar más. Pon una pluma en mis manos, y papel bajo ellas. Escribiré con mi sangre, si te parece necesario. Golpeame como gustes, soy tuya. Siempre lo fui.
Temas:
Acrofobia,
Agua para limpiar las heridas,
Dolor disfrazado de placer,
Letras,
Quise seguir y lo único que pude fue sentarme a beber,
Yarmulke
martes, 21 de febrero de 2012
To the dreams of passing comets...
No te cuento otra vez mi historia porque ya la sabes. Te sonrío, pero no logro mirarte a los ojos. Eres todo mi amor. Todo.
Ha dejado de hacer viento, el día vuelve a ser azul por el momento. No es Octubre por nada, me ajusto la bufanda al momento en el que te centras la corbata. Mis ojos vuelven a arrastrarse desde mis pies, mis rodillas, mi vestido sobre mis caderas, tu mano, tu cuerpo... No logro llegar a tu cara, de nuevo. Tus ojos están tan lejos.
Sabes que te amo, sabes cuánto te extraño. No dices nada, no mueves un solo músculo. Solo calientas el aire a tu alrededor en bellas ondas de amor. Tu otra mano se disuelve en el bolsillo de tu pantalón beige, y te encoges con seriedad dentro de tu suéter café. Me sabes a beso inexistente. A agua limpia y clara. Estás seco, porque te cojo la mano más fuerte -mientras llega la ventisca de nuevo- y crujes.
Crujes mientras te me deshaces bajo la mano, te vas con el viento, vuelves a ser hoja seca, vuelas hacia al cielo azúl. Se me va el amor con el aliento, contigo.
Otoños de amor, que vienen, van, vuelves.
Junto con el viento frío.
Ha dejado de hacer viento, el día vuelve a ser azul por el momento. No es Octubre por nada, me ajusto la bufanda al momento en el que te centras la corbata. Mis ojos vuelven a arrastrarse desde mis pies, mis rodillas, mi vestido sobre mis caderas, tu mano, tu cuerpo... No logro llegar a tu cara, de nuevo. Tus ojos están tan lejos.
Sabes que te amo, sabes cuánto te extraño. No dices nada, no mueves un solo músculo. Solo calientas el aire a tu alrededor en bellas ondas de amor. Tu otra mano se disuelve en el bolsillo de tu pantalón beige, y te encoges con seriedad dentro de tu suéter café. Me sabes a beso inexistente. A agua limpia y clara. Estás seco, porque te cojo la mano más fuerte -mientras llega la ventisca de nuevo- y crujes.
Crujes mientras te me deshaces bajo la mano, te vas con el viento, vuelves a ser hoja seca, vuelas hacia al cielo azúl. Se me va el amor con el aliento, contigo.
Otoños de amor, que vienen, van, vuelves.
Junto con el viento frío.
Temas:
28,
Agua para limpiar las heridas,
Yarmulke
sábado, 28 de enero de 2012
Rambling on
Está esta canción que la verdad nunca fue de mi gran gusto. Era como bien comercial, y me recordaba SIEMPRE a Playa Limbo.
Mis hermanas la tenían en un disco, allí, junto con otras canciones decentes. Cuando salía esa canción en el CD me daba no sé qué, no era odiarla, era que se metía entre mis intestinos como un bebé y se daba la tarea de patear todo.
Un día, para no odiar la canción (yo soy un amor y siempre doy segundas oportunidades aunque generalmente no cambia el resultado). Descubrí que la letra era la culpable de todo.
La música era desesperante, pero la letra me hacía sentir no sé qué.
Si la neta les importa, seguro ya googlearon la letra. Sino, then, lo siguiente sonará mucho mejor.
La verdad es que yo estaba en la playa, y en esos momentos me sentía muy mal (razones aparte). Y allí estaba, la mujer desconocida, sentada, mirando el reloj...
Esperando algo que nunca va a llegar. Y yo me sentía demasiado como ella. Algo que se repite a cada segundo. Tener esperanza, cuando es inútil.
Siempre pensé que una de esas razones serían las que me volverían loca. Esperar. Me imaginaba sentada, allí, todo el mundo murmurando "esa es la mujer con el corazón más roto del planeta", "tiene doce gatos en su casa, la pobre" y mis biografías llenas de dicenqués.
Y luego, mi grandiosa imaginación se preparó una gran final.
Él entraba, la perfección imaginaria; caminaba a pasos largos perfectamente imaginados, se sentaba en el perfecto escaño imaginario frente a mí y pedía algo que no tenía razón de ser. No importaba.
Perfectamente imaginario siempre ha funcionado para mí.
Porque todas las formas encajan perfectamente bien, cuando son reales.
Mis hermanas la tenían en un disco, allí, junto con otras canciones decentes. Cuando salía esa canción en el CD me daba no sé qué, no era odiarla, era que se metía entre mis intestinos como un bebé y se daba la tarea de patear todo.
Un día, para no odiar la canción (yo soy un amor y siempre doy segundas oportunidades aunque generalmente no cambia el resultado). Descubrí que la letra era la culpable de todo.
La música era desesperante, pero la letra me hacía sentir no sé qué.
Si la neta les importa, seguro ya googlearon la letra. Sino, then, lo siguiente sonará mucho mejor.
La verdad es que yo estaba en la playa, y en esos momentos me sentía muy mal (razones aparte). Y allí estaba, la mujer desconocida, sentada, mirando el reloj...
Esperando algo que nunca va a llegar. Y yo me sentía demasiado como ella. Algo que se repite a cada segundo. Tener esperanza, cuando es inútil.
Siempre pensé que una de esas razones serían las que me volverían loca. Esperar. Me imaginaba sentada, allí, todo el mundo murmurando "esa es la mujer con el corazón más roto del planeta", "tiene doce gatos en su casa, la pobre" y mis biografías llenas de dicenqués.
Y luego, mi grandiosa imaginación se preparó una gran final.
Él entraba, la perfección imaginaria; caminaba a pasos largos perfectamente imaginados, se sentaba en el perfecto escaño imaginario frente a mí y pedía algo que no tenía razón de ser. No importaba.
Perfectamente imaginario siempre ha funcionado para mí.
Porque todas las formas encajan perfectamente bien, cuando son reales.
lunes, 23 de enero de 2012
Creación pública: una carta de amor
Querido tipo, sujeto, persona, animal o cosa o quimera:
Despúes de todas estas sutilezas...
(Y la verdad es que es una creación incompleta... pero cuyo final era decir "Me gustas y te quiero")
- Quiero ser el skate de tus rampas
- Quiero que seas mi crema depiladora
- Quiero rogarte de rodillas, entre otras cosas (que se hacen de rodillas)
- Quiero que me des, pero no consejos
- Quiero ser el lingüista de tu aparato fonador
- Quiero que seas mi supositorio
- Quiero hincarte estos para sacarte aquello
- Quiero que seas mi Canesten V
- Quiero ser el auto de tu llave
- Quiero que seas mi dildo
- Quiero ser el papel higiénico que te restriegues en las nalgas
- Quiero ser tu puerto USB y el ENTER de tu teclado
- Quiero ser la estrella en tu arbol de navidad
- Quiero ser el blanco de tu techo
- Quiero ser el hongo que se queda en tu pie
- Quiero ser la ladilla que se pasea por tus pelos
- Quiero ser el plátano de tu cascara
- Quiero ser la carne deshebrada que se atora en tus dientes
- Quiero que seas mi perro para practicar la zoofilia
- Quiero ser tu hilo dental, pero no el de los dientes
- Quiero que seas mi oso hormiguero, para que metas tu lengua en mi hoyo
- Quiero que me piques el mezquite
- Quiero ser tu Justine (la de Sade)
- Quiero que me truenes el ejote
- Quiero que seas mi tampax
Despúes de todas estas sutilezas...
(Y la verdad es que es una creación incompleta... pero cuyo final era decir "Me gustas y te quiero")
sábado, 14 de enero de 2012
Los hermanos menores: la tragedia.
Mañana será el cumpleaños de mi prima. Su segundo cumpleaños, para ser exacta. Es la última de cuatro hijos. Dos son hombres; su antecesora, mujer. Mi tía la "encargó" (para explicar que NO fue un accidente) porque dice saber lo cruel que es ser la hermana menor de dos hermanos y no tener con quién jugar. Cinco años (más o menos) de tener a su primer hija, tuvieron a la otra.
Yo soy la hermana menor de tres mujeres. Nosotras sí fuimos accidentes, uno tras otro (siendo el bello 1% de la mayoría de los anticonceptivos, no tan orgullosamente). Mi hermana y yo nos llevamos 5 años y medio. Lo que se llevan mis dos primas, más o menos.
No sé qué tan traumada estará mi tía pero fue una idiotez pensar que su hija iba a sufrir menos por tener una hermana. Aparte de tener el terrible celo de ser la nena reemplazada, no es como si fueran alrededor de la misma edad, no podrán jugar por mucho tiempo juntas.
Pero la peor idiotez fue ser egoísta. Como tratar de compensar el que ella no haya tenido con quién jugar, con alguien a la que le va a causar lo mismo.
Ok, antes de enredarme, volveré a empezar.
Cuando yo era pequeña, yo nunca tuve con quien jugar. Estoy segura de que mis hermanas se divertían conmigo, cargándome, cuidándome, dándome la botella, enseñándome a caminar, viéndome hacer pendejaditas de infante, entre otras cosas. Pero cuando yo tenía edad de jugar a las tacitas de té, mis hermanas tenían edad de jugar a las barbies. Cuando yo tenía edad de jugar a las barbies, mis hermanas tenían edad de caricaturas seriales y novelas. Cuando yo tuve edad de caricaturas seriales y novelas, ellas entraron a la edad de traer amigas. Cuando yo tuve edad de traer amigas (que nunca tuve muchas, pues), ellas entraron a la edad de la música y la radio (y de grabar los casetes y así).
Es verdad, para poder tener a alguien con quién jugar, tuve que aprender a comportarme ligeramente más madura para lo que era mi edad. Me volví fans de los juegos de mesa antes de entrar a la secundaria, yo veía series a las 6 años, y las barbies y los juguetitos de niños menores de 5 años, la neta... los dejé nuevos.
Mi juego favorito de niña era un aro, un hula-hula que usaba mientras miraba la televisión (bien multitasking) y mientras pensaba en cosas. Me la pasaba escuchando música a los 8 años, y cantaba terriblemente todo el día (aún canto terrible, pero ya no todo el día).
Hacer amigos me era también difícil, porque yo estaba acostumbrada a tener en mi cabeza las cosas con las que estaba familiarizada, cosas de mis hermanas. Y hasta la fecha sigo familiarizada con ello.
La verdad es que entonces era muy callada, pensaba bastante las cosas, hacía todo en silencio. Quienes tienen hermanos mayores entenderán por qué. Los que son hermanos mayores: pinches ojetes, seguro ni cuenta se dan.
Regresando al primer tema, mi prima me recordó todo esto. Al momento, a la niña grande le divierte jugar con la niña pequeña: a veces ella es la maestra, a veces es la mamá, a veces hacen las compras y a veces hacen la comidita. Pero poco nos tardamos en darnos cuenta de que la única que lo disfruta es la hermana grande, mientras la pequeña se siente obligada, frustrada, aburrida... No sé, pero rueda los ojos.
Y pues me trajo al pasado. Cuando ambas crezcan, una querrá jugar y la otra ya no. Sí, la primer hermana estará feliz porque habrá tenido con quién jugar, no se sentiría sola, blablablá shit and stuff.
Pero la mayoría de los hermanos menores que conozco, incluyéndome, terminamos en una esquina, felices con lo que estamos, en silencio, en la soledad, pensando.
Así fue como encontré a mi prima pequeña el otro día.
Con la soledad en la que se siente la vida.
Mi tía le brindó soledad a una persona para brindarle compañía a otra. Oh, bella ironía...
Yo soy la hermana menor de tres mujeres. Nosotras sí fuimos accidentes, uno tras otro (siendo el bello 1% de la mayoría de los anticonceptivos, no tan orgullosamente). Mi hermana y yo nos llevamos 5 años y medio. Lo que se llevan mis dos primas, más o menos.
No sé qué tan traumada estará mi tía pero fue una idiotez pensar que su hija iba a sufrir menos por tener una hermana. Aparte de tener el terrible celo de ser la nena reemplazada, no es como si fueran alrededor de la misma edad, no podrán jugar por mucho tiempo juntas.
Pero la peor idiotez fue ser egoísta. Como tratar de compensar el que ella no haya tenido con quién jugar, con alguien a la que le va a causar lo mismo.
Ok, antes de enredarme, volveré a empezar.
Cuando yo era pequeña, yo nunca tuve con quien jugar. Estoy segura de que mis hermanas se divertían conmigo, cargándome, cuidándome, dándome la botella, enseñándome a caminar, viéndome hacer pendejaditas de infante, entre otras cosas. Pero cuando yo tenía edad de jugar a las tacitas de té, mis hermanas tenían edad de jugar a las barbies. Cuando yo tenía edad de jugar a las barbies, mis hermanas tenían edad de caricaturas seriales y novelas. Cuando yo tuve edad de caricaturas seriales y novelas, ellas entraron a la edad de traer amigas. Cuando yo tuve edad de traer amigas (que nunca tuve muchas, pues), ellas entraron a la edad de la música y la radio (y de grabar los casetes y así).
Es verdad, para poder tener a alguien con quién jugar, tuve que aprender a comportarme ligeramente más madura para lo que era mi edad. Me volví fans de los juegos de mesa antes de entrar a la secundaria, yo veía series a las 6 años, y las barbies y los juguetitos de niños menores de 5 años, la neta... los dejé nuevos.
Mi juego favorito de niña era un aro, un hula-hula que usaba mientras miraba la televisión (bien multitasking) y mientras pensaba en cosas. Me la pasaba escuchando música a los 8 años, y cantaba terriblemente todo el día (aún canto terrible, pero ya no todo el día).
Hacer amigos me era también difícil, porque yo estaba acostumbrada a tener en mi cabeza las cosas con las que estaba familiarizada, cosas de mis hermanas. Y hasta la fecha sigo familiarizada con ello.
La verdad es que entonces era muy callada, pensaba bastante las cosas, hacía todo en silencio. Quienes tienen hermanos mayores entenderán por qué. Los que son hermanos mayores: pinches ojetes, seguro ni cuenta se dan.
Regresando al primer tema, mi prima me recordó todo esto. Al momento, a la niña grande le divierte jugar con la niña pequeña: a veces ella es la maestra, a veces es la mamá, a veces hacen las compras y a veces hacen la comidita. Pero poco nos tardamos en darnos cuenta de que la única que lo disfruta es la hermana grande, mientras la pequeña se siente obligada, frustrada, aburrida... No sé, pero rueda los ojos.
Y pues me trajo al pasado. Cuando ambas crezcan, una querrá jugar y la otra ya no. Sí, la primer hermana estará feliz porque habrá tenido con quién jugar, no se sentiría sola, blablablá shit and stuff.
Pero la mayoría de los hermanos menores que conozco, incluyéndome, terminamos en una esquina, felices con lo que estamos, en silencio, en la soledad, pensando.
Así fue como encontré a mi prima pequeña el otro día.
Con la soledad en la que se siente la vida.
Mi tía le brindó soledad a una persona para brindarle compañía a otra. Oh, bella ironía...
Temas:
Agua para limpiar las heridas,
allizzia y sus facetas emo/chinga-tu-madre,
Dolor disfrazado de placer,
Quise seguir y lo único que pude fue sentarme a beber
viernes, 30 de diciembre de 2011
Auburn bird
El lugar estaba completamente lleno. La gente se esforzaba por ver. Algunos se levantaban sobre algunas de las sillas viejas y baratas que se repartían por el piso antes de que los primeros en llegar las acapararan.
Una pared del salón se cubría con el escenario. La mitad del escenario se cubría con una ancha cortina vieja, con algunas manchas y quemaduras aquí y allá, hecha de terciopelo escarlata por las dos caras. Al centro del escenario, se extendía una pista larga y no más alta de un metro hacia el centro del teatro, de la misma altura que el escenario, cuyo piso daba a conocer la edad del edificio.
Había huecos en todos lados. Del techo pendían trozos de aislante y lámparas quemadas. De las paredes, jirones de papel tapiz y pintura vieja, y restos de colgantes brillantes. El piso era viejo y descolorido, y la pintura del piso del escenario se despegaba en algunos pedazos.
El show que me habían prometido estaba muy por encima al aire que daba el establecimiento. Aunque sí me sorprendía lo grande que era, el techo altísimo, las paredes altas. Y el lugar se había llenado paulatinamente, una gran sorpresa para mi. El antiguo teatro, olvidado por toda la gente decente que prefería los nuevos edificios, confería una imagen de cómo se observaba en sus mejores años.
La iluminación era improvisada, solo algunas luces del lugar funcionaban; los encargados agregaron faros montables. El show estaba cerca.
Mi escepticismo no me permitía emocionarme. Más que mágico, esto parecía un engaño barato con gran publicidad. La gente comenzó a murmurar y las luces se empezaron a apagar. El telón se abrió y, aunque el lugar estaba a oscuras, se podía escuchar el sonido de las poleas de las cortinas.
Algunas luces se encendieron sólo para iluminar el frente del escenario. En lugar de la pesada cortina de terciopelo, había varias cortinas poco anchas y largas que cubrían casi todo el escenario. Pendían del techo, y la tela era vaporosa y delgada, de brillo barato; tantas tiras de tela no dejaban ver lo que había detrás.
La luz que rebotaba de las cortinas daba un haz rojizo a todo el teatro. Comenzó también una música ligera, con ritmos fluidos y relajantes, que te invitaban a menearte un poco.
De repente, un brazo salió de entre las cortinas. Un brazo largo, dorado y delgado. Los dedos se movían ritmicamente. Del brazo, siguió un delgado cuerpo, que se abultaba ligeramente en el vientre. La mujer llevaba una larga falda de tela roja que colgaba con gracia con dos aberturas gigantes a los costados que le permitían bailar y que enseñaban sus bellos muslos dorados. Su corpiño apenas cubría lo necesario, pero estaba tan decorado con intricados bordados de oro e hilos escarlata. Los largos cabellos oscuros le caían sobre los hombros, y tras la espalda y la cintura; le brillaba, y se le entreveían algunas trenzas escuetas. En la frente se cruzaba un listón que parecía salido del corpiño, y las colas colgaban por entre las ondas del pelo. La mujer se movía lentamente, levantaba una pierna y la estiraba. Pisaba con los dedos y creaba un bello arco con su cuerpo, las manos las agitaba con parsimonia en el aire. Daba un paso y se convulsionaba hacia adelante con un golpe sensual que provocaba cien ondas en el aire.
Su baile robó mi consciencia y mi corazón, los míos y los de todos los demás asistentes. Era hipnotizante, y no podía quitar los ojos de ella. La mujer siguió bailando a través del escenario, primero de un lado a otro, y cuando la música se hizo más ensordecedora y cautiva, comenzó a caminar por la pista del centro. Los ritmos crecían y la fuerza de sus movimientos también. Seguían siendo suaves pero fieros y parecía que mataban a cada paso, cada giro, cada vez que se doblaba sobre sí misma, cada vez que sus dedos se agitaban.
Era tan increíble, y el ritmo seguía creciendo. La mujer danzaba cada vez más fuerte que incluso era difícil seguir sus movimientos: sus brazos desaparecían con la velocidad, y se suspendían en ciertos momentos; sus piernas golpeaban el piso y se balanceaban de atrás hacia adelante, o de izquierda a derecha en un vaivén hipnótico y su abdomen seguía creando las ondas en el aire cada vez con mayor intensidad con sus golpes y convulsiones hasta que la música desapareció en un eco ensordecedor y la mujer desapareció con un último golpe energético en el suelo.
En su lugar, un hermoso pavo real escarlata alzó el vuelo. Voló con gracia sobre la audiencia en una curva, se alzó hasta el techo en una espiral hasta que las luces se apagaron dramáticamente. La cortina se volvió a cerrar con su rechinido metálico y las luces se encendieron. No había rastro de nada. El show había acabado, y también la emoción que se había creado. Había sido una noche más de teatro cladestino en el centro de la ciudad; y aunque la magia que me habían prometido había estado allí frente a mis ojos y había sido casi tangible, todo había acabado y era hora de desalojar el lugar, que había vuelto a hacer una de sus magníficas presentaciones donde casi vuelve a ser el mismo nuevo teatro de moda.
Una pared del salón se cubría con el escenario. La mitad del escenario se cubría con una ancha cortina vieja, con algunas manchas y quemaduras aquí y allá, hecha de terciopelo escarlata por las dos caras. Al centro del escenario, se extendía una pista larga y no más alta de un metro hacia el centro del teatro, de la misma altura que el escenario, cuyo piso daba a conocer la edad del edificio.
Había huecos en todos lados. Del techo pendían trozos de aislante y lámparas quemadas. De las paredes, jirones de papel tapiz y pintura vieja, y restos de colgantes brillantes. El piso era viejo y descolorido, y la pintura del piso del escenario se despegaba en algunos pedazos.
El show que me habían prometido estaba muy por encima al aire que daba el establecimiento. Aunque sí me sorprendía lo grande que era, el techo altísimo, las paredes altas. Y el lugar se había llenado paulatinamente, una gran sorpresa para mi. El antiguo teatro, olvidado por toda la gente decente que prefería los nuevos edificios, confería una imagen de cómo se observaba en sus mejores años.
La iluminación era improvisada, solo algunas luces del lugar funcionaban; los encargados agregaron faros montables. El show estaba cerca.
Mi escepticismo no me permitía emocionarme. Más que mágico, esto parecía un engaño barato con gran publicidad. La gente comenzó a murmurar y las luces se empezaron a apagar. El telón se abrió y, aunque el lugar estaba a oscuras, se podía escuchar el sonido de las poleas de las cortinas.
Algunas luces se encendieron sólo para iluminar el frente del escenario. En lugar de la pesada cortina de terciopelo, había varias cortinas poco anchas y largas que cubrían casi todo el escenario. Pendían del techo, y la tela era vaporosa y delgada, de brillo barato; tantas tiras de tela no dejaban ver lo que había detrás.
La luz que rebotaba de las cortinas daba un haz rojizo a todo el teatro. Comenzó también una música ligera, con ritmos fluidos y relajantes, que te invitaban a menearte un poco.
De repente, un brazo salió de entre las cortinas. Un brazo largo, dorado y delgado. Los dedos se movían ritmicamente. Del brazo, siguió un delgado cuerpo, que se abultaba ligeramente en el vientre. La mujer llevaba una larga falda de tela roja que colgaba con gracia con dos aberturas gigantes a los costados que le permitían bailar y que enseñaban sus bellos muslos dorados. Su corpiño apenas cubría lo necesario, pero estaba tan decorado con intricados bordados de oro e hilos escarlata. Los largos cabellos oscuros le caían sobre los hombros, y tras la espalda y la cintura; le brillaba, y se le entreveían algunas trenzas escuetas. En la frente se cruzaba un listón que parecía salido del corpiño, y las colas colgaban por entre las ondas del pelo. La mujer se movía lentamente, levantaba una pierna y la estiraba. Pisaba con los dedos y creaba un bello arco con su cuerpo, las manos las agitaba con parsimonia en el aire. Daba un paso y se convulsionaba hacia adelante con un golpe sensual que provocaba cien ondas en el aire.
Su baile robó mi consciencia y mi corazón, los míos y los de todos los demás asistentes. Era hipnotizante, y no podía quitar los ojos de ella. La mujer siguió bailando a través del escenario, primero de un lado a otro, y cuando la música se hizo más ensordecedora y cautiva, comenzó a caminar por la pista del centro. Los ritmos crecían y la fuerza de sus movimientos también. Seguían siendo suaves pero fieros y parecía que mataban a cada paso, cada giro, cada vez que se doblaba sobre sí misma, cada vez que sus dedos se agitaban.
Era tan increíble, y el ritmo seguía creciendo. La mujer danzaba cada vez más fuerte que incluso era difícil seguir sus movimientos: sus brazos desaparecían con la velocidad, y se suspendían en ciertos momentos; sus piernas golpeaban el piso y se balanceaban de atrás hacia adelante, o de izquierda a derecha en un vaivén hipnótico y su abdomen seguía creando las ondas en el aire cada vez con mayor intensidad con sus golpes y convulsiones hasta que la música desapareció en un eco ensordecedor y la mujer desapareció con un último golpe energético en el suelo.
En su lugar, un hermoso pavo real escarlata alzó el vuelo. Voló con gracia sobre la audiencia en una curva, se alzó hasta el techo en una espiral hasta que las luces se apagaron dramáticamente. La cortina se volvió a cerrar con su rechinido metálico y las luces se encendieron. No había rastro de nada. El show había acabado, y también la emoción que se había creado. Había sido una noche más de teatro cladestino en el centro de la ciudad; y aunque la magia que me habían prometido había estado allí frente a mis ojos y había sido casi tangible, todo había acabado y era hora de desalojar el lugar, que había vuelto a hacer una de sus magníficas presentaciones donde casi vuelve a ser el mismo nuevo teatro de moda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)