jueves, 23 de diciembre de 2010

Desfilito.

Bien, no he escrito nada en los últimos días, no tengo muchas ganas, quiero leer, así que solo vengo a hablar de cosas sin importancia. Me gustan las palabras que terminan en -ancia. 


En fin, les voy a contar sobre el desfilito navideño al que fui con mis (muchos) primos. Desfilito porque estuvo cortititititito. 


Era un desfile de la CocaCola. Es... raro. ¿De cuándo a acá hacen desfiles las empresas gigantes? Ya voy a ver al Osito Bimbo caminando por la calle, y saludando a la botarga del Dr. Simi.... En fin, estábamos en el desfilito, llegamos temprano, nos sentamos en la calle más transitada del centro para ganar lugar y estuvimos allí un rato.


Más rato.




Un poquito más de rato.




Ok, ¡fue un chingo! La gente se concentraba y se concentraba, llegaban vendedores de varitas/diademas de luces y manzanas acarameladas, pasaban carritos de pan. Los autos seguían pasando. La policía incrementaba, la seguridad no era suficiente, había cada vez más gente. Casi atropellaban a mucha mucha gente...


Y empezó lo interesante. Cerraron la calle principal, solo dejaban pasar a los que daban vuelta por el santuario. Empezaron a pasar más vendedores. 
Una de las mejores cosas, para mi, fue que pasó un vendedor de algodones de azúcar con su maquinita encendida. Pero estaba medio pendejete (o era demasiado inteligente y nos quería felices) y dejaba ir listones de azúcar y volaban por el viento. Todos los niños (y adultos) saltábamos para alcanzar trozos de algodón del viento, y casi hasta atropellan a un chiquillo pendejo (muy pendejo... niños idiotas, caray, ojalá sí lo hubiera matado el auto para mejorar la raza). 
Bien, estaba rodeada de mis primos, y la nena de 10 meses; así que las tensiones crecían porque todos queríamos ver el maldito desfile para poder irnos ya a cenar. Mi madre comenzaba a creer que no iba a pasar. 


El momento culminó, porque las cosas se sintieron como un silencio falso. Los autos ya estaban detenidos, por completo. Ya estaba completamente oscuro. Las luces, todas, estaban prendidas. El aire estaba lleno de partículas (que sabían sospechosamente dulce) y se empezó otra vez el estruendo.


Varias sirenas se empezaron a escuchar. La nena volteó, su cara era de claro terror. Eran como 4 sirenas distintas, de policía, de ambulancia, de esas de protección civil, muchas. Los autos se asomaron, y todos volteamos a verlos. Venían.


Después de las sirenas, siguieron los autos de gobierno y un camión de la coca. Gigante... que pitó justo frente a nosotros. Pensé que la bebé tendría un ataque al corazón del susto. Y de repente, se escuchó la música. Música linda y feliz. Y luces. Oh, por Dios, que esos carros tenían muchas luces. La nena casi muere, pero de felicidad. Gritó y saltó e hizo esas cosas tiernas que hacen los bebés emocionados. 


El desfile estuvo lindo. Eran varios carros, con un tema cada uno. Al frente de cada carro, iba un grupo de personas bailando, muy ensayado y toda la onda. La música era navideña siempre y de todos tipos. Había hasta una canción reggaetonera. La pura buena onda, les digo.


Al final, un desfile muy corto. Creo que la bebé se cansó de gritar y bailar y así, entonces se fue muy callada. Feliz, creo. 


El viento aún sabía a caramelo.


Yo quiero que así sean las cosas. Ahorita todo está del demonio, y lo sabemos. Pero al final, yo espero, que los niños tengan un lugar muy lindo, lleno de algodón de azúcar gratis y olor a caramelo por siempre. 
Aunque ya no me toquen esos tiempos a mi, a los niños, por lo menos.


¿Ven? No soy tan pesimista, tengo esperanza.


Vana.


Pero esperanza.

3 comentarios:

Lalo dijo...

Al principio iba a poner nque me sorprendía pese que a todo ese ruido y desmadre no te hubieses hartado y mandado todo a la verga. Luego leí lo del algodón de azúcar y el camión de Coca-Cola. Digo, con Coca-Cola la vida es mejor. Y es que es una bebida ultramegahipermegamega, megadeliciosa. Con Coca-Cola todo es posible.

Rayos, quiero una Coca-Cola!

DvD dijo...

Iugh, Coca-Cola...
Iugh...



Saludos

allizzia dijo...

Ja, tenemos un cola-amante (siempre quise decir eso), y un cola-alérgico (ja, ese es nuevo).

Sin dejar el albur. Nunca dejamos el albur los mexicanos.

Lalo, es usted un cocainómano. Pero de los capitalistas. Ja.
Extraña su aparición en mi blog. Bienvenido, creo.

DvD, siga así.