El viernes por la tarde recorrí el sillón frente al ventanal casi cuando comenzó la tormenta. Así duré hasta la noche, hasta que escampó. Bajé para sentir un rato el viento, para sentirme de alguna manera u otra.
Cuando regresé a casa, prendí la música, encendí un cigarro y salí a fumar al balcón. Ahora las tardes lluviosas me traen gratos recuerdos, y el clima exigía un poco de humo viajando por la garganta. Las nubes se habían ido y ya había estrellas en el firmamento. No volvería a llover.
Mientras Jumbo sonaba con el cover de JoséJosé, una luz me atrajo la atención. "Ale, corre, ¡una bola de fuego, una bruja!
Mi flatmate corrió y se detuvo tras de mí para observar a lo lejos una lámpara de cantoya que ya amenazaba por extinguirse. Discutimos un ratito sobre las lámparas y luego se retiró con un suspiro: "Tu música es muy deprimente."
Yo creía que era más bien algo nostálgica porque no podía dejar de pensar muchas cosas: el estar completamente enamorada por primera vez entre otras noticias emocionantes. Mi música me parecía perfecta para sentirme bien, para dejarme razonar un rato, o más bien para aceptar lo que estuviera sucediendo.
"Me dan ganas de beber." termina la flatmate. Yo no tengo muchas ganas de beber, pero porque mi boca está ocupada por el humo.
"Pues si quieres puedes tomar, todavía queda algo del licor de ciruela."
"Claro que no, allizzia, te lo bebiste." Eso no es verdad, pero sí bebí bastante de esa botella. Hay aún un vaso, vaso y medio quizá. No le digo nada, nomás me río, le gusta burlarse de esa manera. Entra a su cuarto y sale con una pequeña botella de agua conteniendo un par de dedor de líquido transparente. "Hace tiempo guardé aquí ron, para írmelo bebiendo en el camino." La flatmate es muy hábil. Le sugiero que se lo beba pero parece que mi música no era lo suficientemente deprimente y ambas terminamos sobrias. Ella se vuelve a retirar y me quedó a disfrutar de los primeros momentos de la noche silenciosa.
Mi cigarro ya se ha terminado. Hoy, por belleza del destino, no he llenado la casa de humo. Aún no sé fumar muy bien (algo que probablemente termine en el cáncer más nasty que pueda encontrar) y no logro no meter el humo a la casa (y, a veces, a mi garganta). Desde éstas últimas semanas, un cigarro es más necesario de lo que era hace un par de años. No quiero ser esa persona, la que se siente mejor con un cigarro pero me gusta estar con esas personas, a las que justamente les hace sentir mejor un cigarro. Es un buen tema de conversación. Es, además, hermoso compartir un cigarro.
Hay algo hermoso en estos últimos días, que no quiero que nada se termine...
Pero termina. Al igual que el cigarro, cuya colilla tiro por el balcón; al igual que la noche - cuando decido irme a dormir. Una sonrisa se me dibuja en la boca.
Inminente soledad pero no justo ahora. No justo ahora.
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domingo, 26 de abril de 2015
Viernes por la noche (y brujas)
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Deseos,
Dolor disfrazado de placer,
Finales,
Lluvia
viernes, 27 de agosto de 2010
Una breve explicación...
Aunque dudo que sea una explicación de algo que quieran saber. Verán, me acordé de este post. En él, (quizá algunos recuerden) expliqué varias cosas que me gustaría que hicieran conmigo, más bien con mi memoria después de que yo muriése.
Gracias a mi corta edad y a mi estúpida buena suerte que algún día cambiará; he tenido muy pocas experiencias cercanas a la muerte. Nunca he tocado un humano muerto (ni jamás querré...), y las personas muertas más cercanas a mi han sido mi abuela.
Sin embargo, he ido a varios velorios, y de esto se derivan mis peticiones. Así, quisiera explicarles unas cuantas.
PRIMERO, sobre la música. A mi me gusta mucho mi música. Claro, la de los demás no, por eso tendré una lista preparada. Las letras son las que más me dan ganas que las demás personas escuchen en ese momento las canciones. También por los momentos. Cada canción significará siempre algo diferente para todas las personas (como Aviéntame, en el caso de Pilla y yo... aunque ya no diferimos tanto). Quizá, si lo escuchan en ese momento, puedan entender el mensaje que yo captaba sobre la canción. Quizá.
SEGUNDO, el llorador profesional. En algún lugar escuché que algunas tribus antiguas contrataban personas para que lloraran en los funerales, porque el muertito necesitaba de sollozos. En realidad yo no quiero ni necesito sollozos, pero si ustedes -bola de raros- no lloran, la gente pensará que fui una persona muy mala. Y lo soy, y lo planeo ser por un buen tiempo; pero esas personas no irán a mi velorio (posiblemente) o irán pero a asegurarse de que esté bien muerta. En todo caso, me será divertido ver desde cualquier lado que esté viendo (el infierno, posiblemente) que mientras mi ataúd vacío baje, todas las personas aplaudan al ritmo de let there be love y una sola personita (que los extraños no saben, pero ni me conoce) esté chillando cual magdalena a los pies de Jesús. Espero que los lloradores sean baratos.
TERCERO, lo de las gentes. De un lado de mi familia, y del lado donde a más velorios he ido, son sumamente pintorescos. Hacen fiestas inombrables y tienen las mejores anécdotas de las que uno no podría ni desear. Incluso en los velorios, son extremadamente divertidos. La primera vez que fui, debí tener unos... 4 o 5 años. Solo recuerdo que a mi me pareció una fiesta. Todos platicaban, reían con lágrimas en los ojos. A mi me parecen los velorios perfectos. Como deberían ser. Es muy sonada una historia de una vez una tía salió. Se puso frente a todas las sillas/bancas. Colocó sus manos en la inexistente cintura y gritó "¡GENTES! ¡Ya está el menudo! ¡Pero primero se van unos a desayunar y luego otros, porque el muerto NO SE PUEDE QUEDAR SOLO!" Fue el hit.
CUARTO, lo de no saber de quién soy hija. A cada rato están saliendo primos-tíos-parientes lejanísimos cuando levanto una piedra. Debe ser porque mi apellido debe ir justo después de Pérez por los más comunes. Sin embargo, a cada rato conozco quesque parientes nuevos y cuando voy de visita yo ya no sé quien es y quien no. Opté por fingir y asentir. Ahora, si algunos se ven envueltos en venir a mi velorio, espero que ellos se pregunten de qué rama de la familia soy mientras gorrean comida.
QUINTO, los de los cantos religiosos. Si ustedes se han fijado, soy bien antireligiosa. Me encanta tomar el nombre del señor en vano y nombrar a otros dioses como Zeus, Yemayá, Jebús, y otros más. Los católicos me cagan la madre porque resulta que nací en una familia quesque católica. Pero las demás religiones me cagan más la madre porque les lava la mente a las personas ignorantes (culpa del gobierno) y los jala de sus religiones originales a religiones que más que ser diferentes, son corolarias del cristianismo o judaísmo o alguna otra de esas antigüitas. Y las odio más porque en una parte de la familia, todos fueron corrompidos por esas religiones y ya ni sé quién es de cuál. Cuando quería leer un libro me daban cosas como "Jesucristo resucitó" y la famosa revistita esa que dice puras mamadas y cuyo nombre no recuerdo. Ya la he cagado muchas veces por la misma razón. De hecho, cuando era muy muy niña, le aventaba los libros en la cara (i mean, como a las 5 años que aprendí a leer). Y cuando murió mi abuela, llegaron las miles de mezclas de religiones. Las peleas por el ataud/lápida que no fuera con imágenes, y lo mejor... Cuando estaba la gente de las diferentes religiones. Llegaron unos tipos a cantar (que no estaba tan mal la música) de noséqué religión. Los de las otras religiones, en duelo, se sientieron ofendidas y comenzaron a predicar sus oraciones. El chiste es que al final terminaron dándose de bibliasos. How fucking fun...
SEXTO, plantar flores. Verán, siempre he creído en el ciclo de las cosas. Y nosotros, como trozos de carne putrefacta, deberíamos tener la obligación de alimentar a las plantas. No vamos a ser polvo, seremos tierra que alimentará vida nueva, árboles frutales que alimentarán a nuestros hijos. Ya me hice la idea de que no podré ser enterrada bajo un sauce llorón, o dejada a la interperie para que me coman muchos animales. Así que quiero alimentar flores. Bellísimas flores. Quiero que entiendan que la muerte no es mala, sino que es un cicllo que trae cosas bellas.
SÉPTIMO, el baile. Creánme, que no soy tan rara. Pero ya están en un velorio de disfráces, ¿por qué no hacer un baile de disfraces? Pongámos un vals dramático y todos a bailar como si fuese una película de Tim Burton. A veces hace que a la gente se le olviden un par de cosas. Como que hay un muerto en la esquina del salón.
Y bueno, creo que es lo que más merece explicación. Tenía ganas de decirlo. Y ahora tengo mucho sueño por eso los dejo y me voy a dormir. Ya tengo muchas faltas de ortografía por estarme cayendo de sueño. Voy a ver Matrix.
PD. O quizá no me muera...
PD2. Y si pueden, entiérrenme en Chihuahua. Ahí si hay paz en el campo.
PD3. O bótenme al agua y alimentaré pececitos.
PD4. Y no olviden amarrarme una campanita en la muñeca.
Gracias a mi corta edad y a mi estúpida buena suerte que algún día cambiará; he tenido muy pocas experiencias cercanas a la muerte. Nunca he tocado un humano muerto (ni jamás querré...), y las personas muertas más cercanas a mi han sido mi abuela.
Sin embargo, he ido a varios velorios, y de esto se derivan mis peticiones. Así, quisiera explicarles unas cuantas.
PRIMERO, sobre la música. A mi me gusta mucho mi música. Claro, la de los demás no, por eso tendré una lista preparada. Las letras son las que más me dan ganas que las demás personas escuchen en ese momento las canciones. También por los momentos. Cada canción significará siempre algo diferente para todas las personas (como Aviéntame, en el caso de Pilla y yo... aunque ya no diferimos tanto). Quizá, si lo escuchan en ese momento, puedan entender el mensaje que yo captaba sobre la canción. Quizá.
SEGUNDO, el llorador profesional. En algún lugar escuché que algunas tribus antiguas contrataban personas para que lloraran en los funerales, porque el muertito necesitaba de sollozos. En realidad yo no quiero ni necesito sollozos, pero si ustedes -bola de raros- no lloran, la gente pensará que fui una persona muy mala. Y lo soy, y lo planeo ser por un buen tiempo; pero esas personas no irán a mi velorio (posiblemente) o irán pero a asegurarse de que esté bien muerta. En todo caso, me será divertido ver desde cualquier lado que esté viendo (el infierno, posiblemente) que mientras mi ataúd vacío baje, todas las personas aplaudan al ritmo de let there be love y una sola personita (que los extraños no saben, pero ni me conoce) esté chillando cual magdalena a los pies de Jesús. Espero que los lloradores sean baratos.
TERCERO, lo de las gentes. De un lado de mi familia, y del lado donde a más velorios he ido, son sumamente pintorescos. Hacen fiestas inombrables y tienen las mejores anécdotas de las que uno no podría ni desear. Incluso en los velorios, son extremadamente divertidos. La primera vez que fui, debí tener unos... 4 o 5 años. Solo recuerdo que a mi me pareció una fiesta. Todos platicaban, reían con lágrimas en los ojos. A mi me parecen los velorios perfectos. Como deberían ser. Es muy sonada una historia de una vez una tía salió. Se puso frente a todas las sillas/bancas. Colocó sus manos en la inexistente cintura y gritó "¡GENTES! ¡Ya está el menudo! ¡Pero primero se van unos a desayunar y luego otros, porque el muerto NO SE PUEDE QUEDAR SOLO!" Fue el hit.
CUARTO, lo de no saber de quién soy hija. A cada rato están saliendo primos-tíos-parientes lejanísimos cuando levanto una piedra. Debe ser porque mi apellido debe ir justo después de Pérez por los más comunes. Sin embargo, a cada rato conozco quesque parientes nuevos y cuando voy de visita yo ya no sé quien es y quien no. Opté por fingir y asentir. Ahora, si algunos se ven envueltos en venir a mi velorio, espero que ellos se pregunten de qué rama de la familia soy mientras gorrean comida.
QUINTO, los de los cantos religiosos. Si ustedes se han fijado, soy bien antireligiosa. Me encanta tomar el nombre del señor en vano y nombrar a otros dioses como Zeus, Yemayá, Jebús, y otros más. Los católicos me cagan la madre porque resulta que nací en una familia quesque católica. Pero las demás religiones me cagan más la madre porque les lava la mente a las personas ignorantes (culpa del gobierno) y los jala de sus religiones originales a religiones que más que ser diferentes, son corolarias del cristianismo o judaísmo o alguna otra de esas antigüitas. Y las odio más porque en una parte de la familia, todos fueron corrompidos por esas religiones y ya ni sé quién es de cuál. Cuando quería leer un libro me daban cosas como "Jesucristo resucitó" y la famosa revistita esa que dice puras mamadas y cuyo nombre no recuerdo. Ya la he cagado muchas veces por la misma razón. De hecho, cuando era muy muy niña, le aventaba los libros en la cara (i mean, como a las 5 años que aprendí a leer). Y cuando murió mi abuela, llegaron las miles de mezclas de religiones. Las peleas por el ataud/lápida que no fuera con imágenes, y lo mejor... Cuando estaba la gente de las diferentes religiones. Llegaron unos tipos a cantar (que no estaba tan mal la música) de noséqué religión. Los de las otras religiones, en duelo, se sientieron ofendidas y comenzaron a predicar sus oraciones. El chiste es que al final terminaron dándose de bibliasos. How fucking fun...
SEXTO, plantar flores. Verán, siempre he creído en el ciclo de las cosas. Y nosotros, como trozos de carne putrefacta, deberíamos tener la obligación de alimentar a las plantas. No vamos a ser polvo, seremos tierra que alimentará vida nueva, árboles frutales que alimentarán a nuestros hijos. Ya me hice la idea de que no podré ser enterrada bajo un sauce llorón, o dejada a la interperie para que me coman muchos animales. Así que quiero alimentar flores. Bellísimas flores. Quiero que entiendan que la muerte no es mala, sino que es un cicllo que trae cosas bellas.
SÉPTIMO, el baile. Creánme, que no soy tan rara. Pero ya están en un velorio de disfráces, ¿por qué no hacer un baile de disfraces? Pongámos un vals dramático y todos a bailar como si fuese una película de Tim Burton. A veces hace que a la gente se le olviden un par de cosas. Como que hay un muerto en la esquina del salón.
Y bueno, creo que es lo que más merece explicación. Tenía ganas de decirlo. Y ahora tengo mucho sueño por eso los dejo y me voy a dormir. Ya tengo muchas faltas de ortografía por estarme cayendo de sueño. Voy a ver Matrix.
PD. O quizá no me muera...
PD2. Y si pueden, entiérrenme en Chihuahua. Ahí si hay paz en el campo.
PD3. O bótenme al agua y alimentaré pececitos.
PD4. Y no olviden amarrarme una campanita en la muñeca.
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lunes, 21 de junio de 2010
What's so wrong? Why the face so long? Is it over? And where're you going that you no longer belong here?
And distance tells you that distance must come between love. And where you been to that you no longer remember?
Otra vez, todas las cosas se van, todo se sabe. En realidad no importa, hubieron muchos errores, en mi.
Nos fuimos, crecimos. Todos lo hacemos. Viniste por que estabas decidido. Pero tenías que encontrarlo, todo se va. En mi mente lo sabía, pero fue un error. Si estuviese llorando, es por libertad. De mi, del lugar. Cometí tantos errores.
Viniste por nosotros, estábamos decididos. Cometí tantos errores. Tenías que encontrarlo. Todas las cosas se van.
Supuse que ya era el momento. Llevaba varios días decidiendome hasta que por fin sucedió. Sé que coincide con el inicio del verano (y, obviamente, el fin de la primavera). Lo que en verdad pasó fue que como ya lo he mencionado antes, el clima influye mucho en mi humor. Ya sé que quizá me ponga más gris, pero, cabe mencionar... es mi estilo.
O quizá a algunos de ustedes les haya agradado mi yo primaveral. Para mi gusto, es nauseabundo. Así que dejamos atrás ciertas cosas, personas (y con eso, también incluimos personajes), recuerdos, momentos y letras. Sobre todo, letras.
Un último adios a Cold Wings para volver a ser. Para nunca olvidar que SomoS.
Otra vez, todas las cosas se van, todo se sabe. En realidad no importa, hubieron muchos errores, en mi.
Nos fuimos, crecimos. Todos lo hacemos. Viniste por que estabas decidido. Pero tenías que encontrarlo, todo se va. En mi mente lo sabía, pero fue un error. Si estuviese llorando, es por libertad. De mi, del lugar. Cometí tantos errores.
Viniste por nosotros, estábamos decididos. Cometí tantos errores. Tenías que encontrarlo. Todas las cosas se van.
Supuse que ya era el momento. Llevaba varios días decidiendome hasta que por fin sucedió. Sé que coincide con el inicio del verano (y, obviamente, el fin de la primavera). Lo que en verdad pasó fue que como ya lo he mencionado antes, el clima influye mucho en mi humor. Ya sé que quizá me ponga más gris, pero, cabe mencionar... es mi estilo.
O quizá a algunos de ustedes les haya agradado mi yo primaveral. Para mi gusto, es nauseabundo. Así que dejamos atrás ciertas cosas, personas (y con eso, también incluimos personajes), recuerdos, momentos y letras. Sobre todo, letras.
Un último adios a Cold Wings para volver a ser. Para nunca olvidar que SomoS.
jueves, 27 de mayo de 2010
De supersticiones y mamonadas de esas.
Hola, muy buenas tardes tengan todos ustedes. Hoy vamos a hablar del diablo. Sí, de ese tipo rojo. ¿Por qué? Por que tengo dos exámenes importantes mañana (y de los que por cierto no sé ni madres) y necesito una excusa para reprobar no estudiar.
Verán, yo no soy supersticiosa, pero ya sabes, me gustan los estereotipos y los "clichés" y mamadas de ese tipo y me encanta sacarle la vuelta a la escalera cuando puedo y aventar un poco de sal por mi hombro izquierdo (ese es mi preferido por que lanzar sal por sobre hombro izquierdo es de buena suerte, sin embargo, derramar sal -en general- es de mala suerte).
En fin, la razón por la cual escribo esto es por que estoy escuchando el podcast 13 de Olallo Rubio de la tercera temporada. Si, y justamente en el trozo donde escuchan a "Satanás" (ja, eso también me da mucha risa) que...
¡¡¡¡¡¡¡CHAKATAPLAH!!!!!!!
Que se escucha un madrazote en mi espalda. Pero madrazote. Y mi escasa vista periférica logra captar cosas blancas volando en la cocina.
¿El problema? Ah, pues que no hay naiden más en mi casa.
La porcelana, además, ¿De dónde carajos había salido? Las tazas no las hemos sacado en días (por que, sino se han dado cuenta, hace un calor de los mil demonios y no bebemos cosas calientes) y hasta empolvadas deben estar.
Y no sé si no se hayan dado cuenta pero hace varios ayeres que no hace ni un viento pequeñito capaz de levantar una taza.
¿Un plato, un vaso? ¿Cómo? Mis pocas experiencias físicas me dejan claro que está cabrón volar un plato así como así.
Y mis estúpidos reflejos de supervivencia me hacen que, después del shock, corra a la puerta. Ajá, a la puerta. Al lado contrario. Dos metros después reaccioné en que lo que estaba haciendo era sumamente estúpido. Así que me detuve. Me regresé y me acerqué a la cocina. Lentamente. Digo, si era un animal, yo no quiero estar cerca de él.
Lo que estaba tirado definitivamente era porcelana. Pero de los platos bonitos que guardámos hasta el fondo de la repisa. ¿Qué entonces?
Los restos del trasto llegan a regar como.... bueno, todo el piso de la cocina. Varios metros.
Era un salero. Un salero que casi nunca usamos (por que no solemos usar mucha sal). Parecía que al puto lo habían aventado con severa fuerza o que había explotado con harta potencia.
La pregunta más importante de todo esto es...
¿Cómo chingados le echaré ahora la sal a mis tacos?
Ah los misterios de la vida.
Verán, yo no soy supersticiosa, pero ya sabes, me gustan los estereotipos y los "clichés" y mamadas de ese tipo y me encanta sacarle la vuelta a la escalera cuando puedo y aventar un poco de sal por mi hombro izquierdo (ese es mi preferido por que lanzar sal por sobre hombro izquierdo es de buena suerte, sin embargo, derramar sal -en general- es de mala suerte).
En fin, la razón por la cual escribo esto es por que estoy escuchando el podcast 13 de Olallo Rubio de la tercera temporada. Si, y justamente en el trozo donde escuchan a "Satanás" (ja, eso también me da mucha risa) que...
¡¡¡¡¡¡¡CHAKATAPLAH!!!!!!!
Que se escucha un madrazote en mi espalda. Pero madrazote. Y mi escasa vista periférica logra captar cosas blancas volando en la cocina.
¿El problema? Ah, pues que no hay naiden más en mi casa.
La porcelana, además, ¿De dónde carajos había salido? Las tazas no las hemos sacado en días (por que, sino se han dado cuenta, hace un calor de los mil demonios y no bebemos cosas calientes) y hasta empolvadas deben estar.
Y no sé si no se hayan dado cuenta pero hace varios ayeres que no hace ni un viento pequeñito capaz de levantar una taza.
¿Un plato, un vaso? ¿Cómo? Mis pocas experiencias físicas me dejan claro que está cabrón volar un plato así como así.
Y mis estúpidos reflejos de supervivencia me hacen que, después del shock, corra a la puerta. Ajá, a la puerta. Al lado contrario. Dos metros después reaccioné en que lo que estaba haciendo era sumamente estúpido. Así que me detuve. Me regresé y me acerqué a la cocina. Lentamente. Digo, si era un animal, yo no quiero estar cerca de él.
Lo que estaba tirado definitivamente era porcelana. Pero de los platos bonitos que guardámos hasta el fondo de la repisa. ¿Qué entonces?
Los restos del trasto llegan a regar como.... bueno, todo el piso de la cocina. Varios metros.
Era un salero. Un salero que casi nunca usamos (por que no solemos usar mucha sal). Parecía que al puto lo habían aventado con severa fuerza o que había explotado con harta potencia.
La pregunta más importante de todo esto es...
¿Cómo chingados le echaré ahora la sal a mis tacos?
Ah los misterios de la vida.
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viernes, 16 de abril de 2010
"Ten cuidado con tus sueños:
Son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos".
Gustave Flaubert.
Hoy pensaba sobre mi "logic cult". En eso en lo que creo, -creemos- aunque no sea verdad.
Quizá en realidad volvamos; nuestras almas, como dijo Pilar. No sé a qué. A perdonar, a acompañar, o simplemente a molestar.
Quizá resulte que no, que finalmente yo tenía razón y las cosas son tan tristes como siempre lo fueron y han sido.
Quizá es verdad lo que me dicta la mente, y en realidad no sé nada de nada y lo más sensato sea darme por vencida.
Quizá la luna te mate, se haga polvo en tus labios.
Quizá luego me sueltes.
Quizá tenga celos de ti.
Quizá nos veamos después.
Quizá algun día nos hagamos luces.
domingo, 14 de marzo de 2010
This is not a love story.
Ambos miraban la soledad del lugar, con miedo en los ojos pero con decisión. Sabían que era el momento en que todo caía en su lugar. El miedo, insignificante, les llenó los estómagos. Se tomaron de las manos sin siquiera pensarlo, y se impulsaron mutuamente a lo que sería su futuro.
Yo les avisé. Lo juro.
Ella era una artista con la mirada perdida, el corazón triste y el amor perdido. Él era un comerciante, que había perdido el semblante a golpes de corazón. Se habían conocido desde jóvenes, cuando ambos estudiaban. No tardaron mucho en saber sobre ellos, ella había vivido toda su vida con sus tíos, él con sus padres y hermana. El nombre de ella, como de telenovela, era Isabella. El de él, como su abuelo, Emilio. Isabella, conociendo a Emilio con tan solo un vistazo a su mirada, sabía siempre lo que sentía, le ayudaba, le consolaba. Para Emilio, Isabella era un misterio. Poco a poco, después de adivinar casi todo de él, calificó a Isabella como imposible, una mujer como pocas, sentimientos pequeños o nulos y una persona que veía la verdadera realidad.
Aún así, Isabella era una mujer sonriente, independiente, decidida y cariñosa. Cuando Emilio volvía de nuevo con una de sus decepciones sentimentales, ella le recordaba que un error no se comete dos veces. Y cuando cada vez, menos decidido, Emilio volvía a salir adelante; Isabella se preguntaba si estaba haciendo bien o mal.
Nunca nadie pensó que un par así se llevara perfectamente. Ambos siempre tuvieron gustos diferentes. Se encontraron a sí mismos solamente encerrados en un libro favorito que tenían en común. Tenían trabajos diferentes. Él se dedicaba a convencer personas, ella a moldear sentimientos que no encontraba, ni sabía que tenía.
Ambos se guardaban todos lo que sentían bajo su trabajo, del cual, si bien tenían talento, no tenían interés.
Decepciones más tarde, con solo una mirada a los ojos de ambos, supieron que lo que necesitaban hacer era escapar. No necesitaron palabras para empacar, ni para huir.
Huyeron del miedo a lo conocido, para conocer el miedo a lo desconocido. Tomados del brazo, encontraron por azar el lugar donde habrían de vivir. Rentaron una casa y decidieron olvidar quienes habían sido hasta ese momento.
El secreto entre ellos dos.
Emilio llevaba media hora esperando en la entrada de su nueva casa cuando pudo avistar el reflejo blanco dando la vuelta en la esquina. Isabella manejaba la camioneta rentada para la mudanza. Cuando se detuvo y bajó, Emilio no tuvo de otra más que reírse. Hacía tanto que no lo hacía de tan buena gana, que los músculos de la cara protestaron. Isabella usaba un pantalón ceñido de mezclilla deslavada, una playera de franela roja, y un pañuelo en la cabeza; muy al estilo de mudanza americana. Cerró con un portazo la camioneta, y se dirigió a abrir las puertas de atrás, para liberar sus muebles. Emilio se adelantó para comenzar a sacar las cajas.
- ¿Y qué mosca te ha picado a ti?
Emilio estaba apilando algunas cajas, tanto en el piso como en la camioneta, unas sobre otras; Isabella lo ignoró, haciendo lo mismo con las cajas.
- ¿Y has estado aquí todo el mañana, parado como pasmarote?
- Vine a recibir la llave.
Le contestó con tono de herido, el cual arruinó, por que sonreía para sí mismo. Tomó un par de cajas y caminó hacia la puerta de la casa.
Isabella se tiró de espaldas en el pasto del jardín, y cuando Emilio salió, le miró interrogativamente desde arriba.
- Es que manejar cansa.
- Sueñas que yo voy a bajar todo eso. Párate.
Y la movió con un puntapié en las costillas. Isabella se quejó levemente, y se levantó.
- Eres un brusco.
Pero la casa estuvo arreglada en poco menos de un día. En medio de la noche, se sentaron en la sala diminuta a mirar alrededor. Estaba más sucio y vacío que sus almas. Sintieron que un peso les caía encima. ¿Qué se debía hacer luego?
Emilio abrió la puerta y miró a su alrededor. Se sentía incómodo e inapropiado en su nueva casa. Como si estuviera demás ahí. Isabella pasó blandiendo trapos y detergentes en la mano.
- ¿Qué te sucede? Llevas limpiando por cuatro días. Ya es suficiente.
- Nunca lo es –le contestó con una sonrisa, pero sin mirarle.
- No tienes nada que hacer ¿verdad?
Isabella le dirigió una mueca y se trepó en un sillón para limpiar los cortineros.
- Bueno, ya. ¿Dónde habías estado tú, señor ocupado?
- Conseguí trabajo.
- Creí que ya no necesitabas trabajo.
Emilio recordó lo que había pasado en su antiguo trabajo. El hospital, la aseguradora… el accidente. Sacudió las imágenes de ese momento.
Quiso quedarse callado por mucho tiempo, pero Isabella le miraba expectante y el silencio era atenuante.
- Para tener algo por qué levantarme por las mañanas. Que no sea limpiar.
- Cállate. El lugar ya se ve habitable gracias a mi.
- Si, se mira habitable y huele a lejía.
Isabella le atestó un golpe en las costillas. En verdad no tenía nada que hacer. Extrañaba los días en que tenía un trabajo, en que iba a la escuela solo para pintar o moldear. Cuando recibía encargos para adornar oficinas, restaurantes, cafés o lugares públicos “culturales”. Volteó a ver su reconocimiento en una mesita de madera; aquel que le habían dado gracias a sus esculturas en el edificio municipal nuevo.
Cuando ambos se sentaron a comer, se sintieron más solos que nunca.
- ¿Y de qué es el trabajo?
- En una farmacéutica. Vendo medicinas a los consultorios.
- ¿Y qué voy a hacer yo sola aquí, entonces?
Emilio lo pensó muy bien. Él estaba comprometido a dejar de trabajar, pero necesitaba trabajar para dejar de recordar. No sabía que decirle a Isabella, que estaba claramente molesta.
Isabella se acercó a él con todo y silla, y se recostó en su pecho. Cerró los ojos. Emilio la abrazó, sintiéndole frágil y pequeñita en sus brazos. Él no sabía que para ella, esto también se suponía terapéutico.
- ¡Isabella! – Le llamó Emilio cuando llegó.
Su trabajo era corto de suma facilidad. Era lo que más se le daba; fingir que todo era perfecto. Pero ella no estaba en la sala, donde siempre solía encontrarla. Subió al segundo piso, llamándola. Abrió la puerta del dormitorio vacío y se recargó en el marco de la ventana por un rato.
- Me imaginaba que escondías algo. Pero supongo que me lo merecía.
- Yo también necesito hacer algo. Y yo no sé hacer nada más. Tu compañía te habrá mandado al cuerno, pero yo no tengo compañía.
- ¿Cuánto lleva esto aquí? – preguntó Emilio, gesturizando hacia la pintura.
- Desde el día que te fuiste a buscar trabajo. Así que enójate. Ambos rompimos la promesa; ambos trabajamos, pero yo no trabajo para nadie.
No fue que eso le doliera pero a Emilio le molestó que ella también le hubiera hecho eso. Salió por un momento a tirar el saco, la corbata y el portafolio. Luego entró gritando violentamente.
- ¡Párate! ¡Sal!
El cambio asustó a Isabella por un momento. Emilio la tomó del brazo violentamente y la sacó a la fuerza. La arrastró por las escaleras, abrió la puerta del frente y la tiró en el patio.
- ¿¡Qué carajo te sucede?!
- ¿Hace cuánto que llevas ahí encerrada? Te ves blanca, te hace falta sol.- Le contestó cínicamente, con una sonrisa burlona en la cara. Isabella se quejó y se puso de pie. Luego corrió hacia la puerta. Emilio la detuvo con un solo brazo. – Y ni te atrevas a entrar de regreso.
La tomó en vilo de nuevo, y la tiró de espaldas en el pasto. Ella se retorcía intentando escapar; pero él era más fuerte y la retenía en el piso. En algún momento dejó de luchar para aventarle una colección de insultos. Luego su vista se desvió en otro tipo de mirada. Emilio la siguió. Una vecina les miraba con cara de preocupación. Eso debía ser algo que no veía todos los días. Él se levantó y levantó a Isabella. Ambos se sacudieron mientras miraban a la apenada vecina, que sabía que había sido descubierta y no encontraba donde esconderse. Isabella se sonrojó, Emilio le tomó de la mano y caminó hacia la mujer. Isabella, aunque incómoda, decidió seguirle el juego.
- Disculpe, no nos habíamos presentado. Yo soy Emilio, y ella es Isabella. Nos acabamos de mudar al 56, aquí a dos casas.
- Ah. Yo soy la Mireya. Vivo aquí con mi hijos desde hace 5 años que me casé. Disculpen, no quería importunarles.
- No se preocupe, íbamos de salida de todos modos. Mucho gusto en conocerla, Señora Mireya.
- Llámeme Mireya solamente, mucho gusto. Con su permiso…
Y así huyó la primera persona que habían conocido en todo el lugar, por primera vez.
- Entonces, ¿íbamos de salida a dónde?
- Pues a comer. Y a que te dé el sol. No es broma, estás transparente, como papel de arroz.
Pasaron a comprar algo a un local, y comieron sentados en una banca de un parque deportivo que encontraron al final de la calle donde vivían.
- ¿Y cómo te va en el trabajo?
- Bien. Me pagan por convencer a los médicos que unas píldoras les va a curar la soledad. ¿A ti?
- Yo no trabajo. Pero bien.
- Yo no me voy a enojar por que pintes. Haz lo que se te venga en gana. Yo no estoy para decirte que hacer y que no.
- Lo que pasa es que ya no sé que pintar. Pero te voy a tomar la palabra.
Isabella abrió la puerta renegando, por que seguramente él habría olvidado algo del portafolio. Pero cuando abrió la puerta, quien le esperaba era Mireya, con un plato de algún revoltijo de algo. Tenía cara de arrepentimiento. Isabella le dirigió su mejor sonrisa.
- Eh, buenos días.
- Mire, yo la verdad vengo a disculparme por lo de ayer. Es que no habíamos tenido nuevos vecinos hace mucho, y cuando ayer salieron así… Pues para lo que guste, en el 64 tiene su casa.
- Muchas gracias, Mireya. Ándele, entre.
La señora entró dudosa al lugar, y vio con asombro adentro. Isabella llevó el traste a la cocina. Mireya miró a todos lados.
- Se instalaron sin problemas, ya veo.
- Sí, pues no teníamos mucho que hacer más que desempacar y acomodar.
- Ah, yo supuse que con el trabajo…
- Se suponía que no íbamos a tener trabajo, pero ahora resulta que si. Pero la primera semana, no teníamos nada que hacer.
- Pensé que la mudanza se debía al trabajo de su esposo.
- ¿Mi esposo? No, se equivoca usted.
A Isabella no se le hubiese ocurrido que las personas pensaran eso. Pero tenía sentido, eran una pareja mudándose.
- Nosotros somos amigos. Hemos sido amigos desde hace mucho tiempo, y decidimos que era tiempo de un cambio. Vinimos juntos para apoyo moral mutuo.
Pero Mireya no pareció tragarlo. Le miró con desconfianza. Al final terminaron platicando sobre otras cosas, y ambas, ganando una amiga. Mireya tenía dos hijos:
- Una niña que acaba de entrar a la escuela, y un chiquito.
Le había dicho ella. Isabella le platicó lo que ella hacía, de cuando enseñaba artes plásticas en un colegio, y Mireya le platicó que su esposo era maestro en la secundaria de ahí cercas. Cuando Isabella levantó el brazo en manierismo, Mireya pudo ver marcas. Isabella se descubrió los moretones del día anterior. Golpes interrumpieron. La hija de Mireya entró corriendo en la casa.
- Debería irme, ya es tarde. Mi esposo no tarda en llegar.
Isabella se despidió y le agradeció. Miró su brazo una vez más.
Cuando Emilio llegó, Isabella ya tenía lista la cena, acomodada la mesa, y los platos puestos. Emilio miró las escaleras tentativamente pero luego se decidió a sentarse.
- Llegas tarde. Hueles a alcohol y no me invitaste.
Pero él no contestó. No tenía ni las ganas ni el humor. No había ido a trabajar. Había pasado la mayor parte del tiempo manejando y dando vueltas. Fue al parque, caminó por las calles y finalmente se detuvo en un bar de mala facha. No hacía falta ser un genio para entender que era enfermedad de la memoria, y rotura del alma. Ella era mucho más que un genio de todos modos, y conocía a Emilio demasiado. Le trató entonces como si nada pasara, aunque el día tampoco le había hecho muy feliz a ella.
- Mejor me retiro a dormir. Estoy cansado.
- Mejor comes, por que vas a ver la que te armo si te atreves a seguir de mala copa.
- Isa, por favor.
Pero Isabella le aventó la comida enfrente y se dispuso a comer. Sin discusiones. Emilio revolvió el plato con mala gana y se fue en cuanto pudo. Tomó una botella de vino de la cocina, y se encerró en su cuarto. Pasó la noche sentado en una esquina, bebiendo y llorando como niño. El alcohol le impidió intuir que Isabella le vigilaba desde afuera, le escuchaba, y cuando por fin le durmió la bebida, no sintió cuando le arropó.
El día siguiente, poco después de salir el sol, Isabella entró saltando, canturreando e irradiando felicidad al cuarto. Abrió las cortinas y deseó buenos días a la criatura que le miraba desde el piso con los ojos inyectados en sangre.
Ella le tomó del brazo, le condujo al baño, y abrió la regadera. Le pasó ropas limpias y cuando Emilio salió, se encontró la cama tendida y olor a limpio.
- Rápido, que ya nos vamos.
- Tienes que conseguirte algo más que hacer, para eliminar esa mañana tuya de limpiar todo lo que puedo ser desinfectado.
Ella le respondió con una sonrisa enigmática y le jaló del brazo. Caminaron un buen rato, y al final comieron en un cenadorcito donde entraba toda la luz matinal y que Emilio comenzaba a odiar.
La tarde la caminaron por la Alameda. Emilio no había dicho más de diez palabras en todo el día. Así que cuando Isabella cerró la boca en un final inesperado, un silencio robó el viento.
- ¿Ya? ¿Es todo lo que vas a decir?
- Ya se me quitaron las ganas de hablar. Habla tú si quieres. Yo voy a ver las nubes.
Emilio entonces miró las nubes también. Y así se quedaron ambos por un momento hasta que ella miró el piso. Él, intrigado, la miró por un momento.
- Deberías conseguirte a alguien más, ¿sabes? Dejarte salir de tu propio encierro.
- Creí que ya no ibas a hablar.
- Creí que prometiste olvidar.
- No es tan fácil…
- Ya sé que no.
- Tú no sabes.
El comentario de él había herido mucho más de lo que habría creído. Isabella había tenido un largo historial de sentir algo que no era, o simplemente no sentir. Hasta la fecha no recordaba lo que era querer y había dejado de interesarle desde hace mucho tiempo.
Pero nunca se imaginó lo que tanto silencio y excesivo tiempo libre le iba a causar recordar.
Ambos se marcharon cabizbajos, él a encerrarse de nuevo y ella a su improvisado taller.
Al siguiente día, él se levantó temprano para irse al trabajo. Se asomó al cuarto de ella, que estaba vacío. Isabella se había quedado dormida en el taller. Emilio salió sigiloso. Cuando regresó, Isabella se había ido. La casa estaba vacía y sus llamadas se hundieron en el sonido de la lluvia.
Cuando regresó tres horas después, Isabella estaba empapada hasta los huesos.
- ¡Isabella!
Exclamó Emilio, que corrió a buscar una toalla. Tomó la más grande y regresó para envolverla. Ella temblaba tanto que no podía decir nada, él tampoco le quiso preguntar. Después de intentar secarla, la tomó en brazos y la llevó hacia la cama. Le quitó la ropa y la envolvió en las cobijas de su cama. Al final, la abrazó. Ella estaba helada. Isabella se acurrucó entre los brazos de Emilio, y, jadeante, explicó:
- Yo quise quererle, Emilio. De verdad. Pero me faltaron fuerzas.
Emilio la calló en un susurro. Le dijo que él sabía que lo había querido, pero a su manera. Le juró que todo iba a estar bien. Él estaba seguro de que Isabella no había comido en todo el día. Así que cuando ella por fin cerró los ojos por debilidad, el bajó a calentar sopa. Así le encontró ella cuando bajó sin ropa envuelta en sábanas y cobertores. Se sentó en la mesa, y él le sirvió un tazón.
- Perdón.
Se dijeron ambos. Y luego sus miradas penetraron una en la otra, bastando para saber que ambos tenían veneno en la garganta, y dañado el corazón.
Emilio se estacionó frente a la casa, donde había una mesa, tres sillas, e Isabella frente a dos niños pequeños. Se le acercó a Isabella para murmurarle en el oído.
- ¿Qué rayos?
- Enseño a pintar a la hija y sobrino de Mireya. Con la visita se vuelve loca, y le entretengo a los niños un rato.
- ¿Por qué no están en la escuela?
- Llevamos 5 meses aquí. Es verano. Cómprate un calendario.
Ella siguió hablando con los niños, cuyos lienzos tenían menos pintura que sus caritas. Ignoró a Emilio. Él entró a la clase y salió con una silla.
- Pues entonces dame clases a mi.
Entonces se inclinó sobre la mesa, cogió papeles y pinceles y mojó en pintura roja uno de ellos.
- ¡Así no, Emilio! Menos pintura y más amor, que masacras al pincel. ¿Qué te planeas pintar?
- Yo que sé. Una manzana.
- Entonces ese rojo no. Necesitas uno más oscuro, y amarillo y café.
- ¿Y verde?
- ¿Para qué quieres verde con una manzana?
- Pues para dibujarle una hojita.
- ¿Cuándo has visto una manzana real con hojitas?
- Bueno, para el gusanito.
- Eres peor que las niñas.
Un rato y dos manchones rojos después, Emilio decidió retirarse a comprar algo para comer. Isabella mandó a los dos niños a lavarse, para que Mireya no tuviera un colapso nervioso. Comenzó a recoger las cosas y limpiar un poco. Mireya se acercó.
- Los niños están en el baño. ¿Y la cuñada?
- Que se quede con su hermano, que ya me tiene hasta la coronilla.
- Pues creo que ya se aburrió por que ahí viene.
Una señora, alta y delgadísima, se les acercó.
- Usted debe ser la hermana del esposo de Mireya. Mucho gusto Señora…
- María. Tú eres la nueva vecina. La que pinta, según Mireya.
- Ya no pinto. Pero sí, la nueva vecina.
- Te ves joven, ¿vives sola?
- No. Vivo con Emilio. Un amigo.
- ¿Un amigo? No lo creo. Una señorita no debe vivir sola así, con un hombre.
Pero la señora se vio distraída con los niños que salieron volando, con las manos y la cara limpia, pero la ropa hecha un arco iris.
- Un amor, su cuñada.
- Déjela, es una megalomaniaca, tiene aires de realeza. Pero en una cosa tiene razón, Isa. No es normal que señoritas como tú tengan hombres como inquilinos. Ya sé que son muy conocidos y todo, pero ya vez como son los hombres, Isabella.
- Ya sé lo que piensan, Mireya. Pero Emilio es un hombre roto, yo lo conozco.
- No dije que estuviera mal, solo que no es normal. ¿Oyes? Creo que el niño está llorando. El niño consentido de mi sobrino se trepa a su cuna. Gracias por cuidar a los niños.
- Cuando quieras. No tengo nada más que hacer.
Y Mireya se fue corriendo. Isabella puso todas las cosas en una bolsa y las metió a la casa. Las puso en la sala. Emilio entró después.
- ¿Ya no hay niños?
Isabella no contestó.
- Entonces a comer pues. He traído unos panes que según el de la tienda, son hechos por el mismísimo Jesús.
Isabella siguió sin contestar, poniendo la mesa.
- Háblame mujer, para saber si no te has quedado muda de la fiebre que te dio hace días.
- ¿Ahora eres tú el único que se puede poner melancólico?
Así le contestó ella, con rabia y resignación en su voz. Pocas y contadas eran las veces en que hubiese hecho estas escenas, y aún más pocas las que Emilio había podido presenciar. No era agradable. Ella le miró con ojos velados de la madurez que él no tenía. Luego le dio la espalda de nuevo. Terminaron de comer en silencio, ella mirando el plato, y él fingiendo mirarlo también, pero lanzándole vistazos de reojo. Al final, ella se levantó rápidamente e intentó huir por la puerta del frente. Emilio la tomó de un brazo.
- No me toques. ¡Déjame!
Pero Emilio la ignoró, y la encerró entre sus brazos. Isabella luchó en vano. Luego volteó a verle.
- Déjame. ¡Déjame! ¡Yo no puedo huir de lo que me persigue como tú lo has hecho! Y si pudiera, tampoco lo haría…
Emilio la miró herido. Pero la cara de Isabella estaba decidida, y se sacudió los brazos de Emilio. Pero él siguió tomándola del brazo.
- Por favor, Isabella. Razona…
- Suéltame.
- Quédate. Vamos a hablar.
- ¡Suéltame! ¿O qué? ¿Buscas volverme a marcar la mano en el brazo? - Las palabras quemaron. Incluso a la propia Isabella. Emilio le soltó. - ¿No te basta con ser un hipócrita?
Emilio actuó bajo instinto. Su orgullo estaba herido, y le ardían las entrañas por dentro. Esas palabras varias veces las había escuchado. Levantó su mano y la abofeteó. Ella le miró por un segundo, y subió. Se escuchó un portazo. Él no creía lo que acababa de hacer.
Ya casi llevaba un día dentro, y no había logrado hacerla salir. Emilio lloraba suplicante en la puerta.
- Isabella, perdóname, por favor…
Horas más, estuvo rogando él. Pero ella jamás cedió. Al final, decidió ir por algo de comida, y quizás el olor la invitaría. Cuando Emilio consideró demasiado tiempo, comenzó a asustarse. Otras horas más tarde, decidió forzar la puerta. Lo había aprendido hacía varios años, y un alambre después, abrió la puerta y corrió dentro. Isabella estaba de espaldas hacia la puerta. Él la abrazó, y la tocó revisándola, mientras lloraba. Ella desviaba la vista.
- Isabella, perdón. Isabella, mírame, perdóname. Isabella, por favor, mírame.
Pero los susurros de Emilio eran insuficientes.
- Suéltame. Por favor.
Fueron las únicas palabras que salieron de sus labios. Emilio sabía que lo merecía. Pero no iba a dejar de intentar. La volvió a tomar entre sus brazos, y a besarle la mejilla y la frente. Isabella intentó alejarlo con golpes. Por momentos ninguno estaba dentro de si. Ya no sabían que sentían, ni que querían, ni quienes eran. Se buscaron la piel, la cara, los labios. El tiempo perdió su significado. Ellos perdieron el nombre y la respiración. Se probaron cada parte del cuerpo. Se mordieron los labios, las ansias y el ser completo. Se entregaron con rabia, con arrebato y con coraje al mundo. Al final se quedaron dormidos, olvidando que había un universo alrededor.
Cuando Emilio despertó, Isabella estaba sentada, dándole la espalda.
- ¿Qué estamos haciendo Emilio?
Pero a Emilio le faltaron voz y palabras para responderle. No sabía ni que decir ni como proceder. Se quedó acostado, mirándola, como si las palabras fuesen a aparecer en el aire como traídas por el viento. Isabella le comprendió.
- ¿Qué estamos haciendo, Emilio?
Le preguntó de nuevo, esta vez con odio en sus palabras. Emilio escondió su mirada en el infinito. Isabella volteó a verle, con los ojos de piedra, sin emociones, que todos le habían conocido. Le miró como se mira a un espejo roto. Emilio le correspondió la mirada entonces. Ninguno de los dos tenía idea de lo que había hecho, ni pretendía encontrar la razón. Isabella se levantó y se fue. Ambos se vistieron y se encontraron para comer. Ninguno se atrevió a hablar ni a mirarse.
Cuando terminaron, no supieron que hacer. Se quedaron inmóviles. Se vieron finalmente. Ella habló finalmente.
- Lo que pasó. Eso no significa a nada. Tú la amas a ella.
Isabella habló con frialdad. Emilio abrió la boca para decir que no era cierto. Pero ambos sabían que él deseaba que las caricias de anoche vinieran de otra persona. Para cuando él quiso mentir, le faltaron fuerzas. Miró la mesa, sabiendo lo que Isabella pensaba. Ella estiró la mano por encima de la mesa, le tomó la cara y le levantó la mirada.
- Ni te arrepientas.
- Pero, Isabel… ¿Tú…?
Las palabras se le perdieron. Emilio no tenía idea de nada.
- ¿Yo? Yo no amo, Emilio.
Isabella se levantó, esbozó media sonrisa, besó la frente de él y salió. Volvía a ser la misma de antes.
Bueno, muchachos, mis lectores inexistentes, esta entrada es mi entrada #100.
La historia es un regalo a todos ustedes.
Disculpen los errores, el copypaste no se me da.
Así que, gracias a todos.
PD. Me encantó mi historia, está larguísima, no me importa.
domingo, 21 de febrero de 2010
Reminds me of when we were young, looking back at all the things we've done
La pobre miraba con recelo el patio.
Recordaba unos años atrás cuando correteaba felizmente por el patio.
- ¡Señorita, será mejor que no corra tanto! ¡Señorita! Que dirá su Alteza cuando la vea, ese no es comportamiento para las mujeres como usted.
Le gritaba su dama. Cuando llegaban los vientos fuertes le gustaba salir a correr por el patio, para sentirse tan libre como las nubes, que recorrían todos los lugares con el viento, viendo los campos y las ciudades desde arriba.
- Madre no tiene por que enterarse. Está en una junta.
No quería tener que irse. La otra vez que ella y su hermano habían desobedecido a la Reina, les habían dado fuertes castigos. Pero cuando estaba así, nada le importaba, parecía que todo lo demás podía desaparecer. Su dama seguía corriendo atrás de ella, intentando atraparla.
- Señorita, su madre me encargó que hiciese sus deberes, y que no saliese de su habitación. No quiere que vuelva a pasar como la vez pasada ¿verdad? Deténgase.
La niña entonces recordó cuando, semanas antes, la Reina les había reprendido a ella y a su hermano con tres varazos. Luego, a ella le mandó encerrar en la capilla por un día, para que rezara a Dios para que le enseñase el camino correcto. Ella entró obedientemente y se dispuso a esperar a su hermano. Pero su hermano nunca llegó. Él era la persona más buena del mundo, tenía tres años más que ella. Nunca se negaba a jugar con ella, y la protegía de su madre, que siempre desaprobaba lo que hiciera. Cuando pudo salir, buscó a su hermano por todo el lugar. Cuando fue a buscarle a la biblioteca, su madre le impidió el paso.
- Tu hermano está aprendiendo a ser un buen soberano, el rey que nuestros subditos están esperándo.
Alcanzó a ver a su hermano, sentado frente a un libro, y con dos maestros explicándole arduamente. Así que ella corrió a su alcoba a llorar. La única persona que le había entendido, después de su hermano, era su padre. Su padre era cariñoso con ella, y le hablaba de cuando ella se casara con el príncipe de algún país vecino, y de cuán orgulloso estaba de ella. Le decía que era la hija más bella que había tenido, aunque ella fuera la única. Pero el Rey había muerto hace un par de años.
Dos días después, ella pudo ver a su hermano. Entró a su alcoba, y ella corrió con los ojos anegados de llorar a abrazarle. Él la abrazó de regreso pero ya no era el mismo. Se retiró para verle mejor y vió que se vestía diferente, su mirada, aunque llena de ternura, era calculadora; y hasta su pose era nueva. Su decepción la tiró al piso.
- ¡Oh! ¿Qué te ha hecho madre?
Y le volvió a abrazar estando de rodillas, hundiendo su cara mojada entre las rodillas de él. Por eso no pudo ver la ternura que le dedicó su hermano. La tomó de los hombros y la levantó con una fuerza que ella no le conocía, que incluso le pareció dolorosa; y así mismo le abrazó.
- No llores. Es que me he tenido que ocupar de nuevos asuntos más importantes. Por eso me he vestido así. Madre no ha hecho nada más que enseñarme. Pero no lloreís por eso, cariño. Ya verás como todo vuelve a ser normal. Y jugaremos juntos. Pero hoy no, ni mañana tampoco, ¿Sí?
Entonces, ella tenía 8 años. Y no le gustaba cuando papá hablaba de política. Y ahora su hermano también le intentaba enseñar. Por eso le gustaba olvidar que había un país al que cuidar, y corría junto con el viento, para ver si quizá se decidía a llevarla con él.
- ¡Señorita, por favor! ¡Deténgase!
Le rogó su dama. Y ella se detuvo. Pero no por que debiera hacerlo, sino por un ruido que había salido de una de las ventanas del tercer piso. Su dama se estrelló contra ella, su atención robada por el sonido y ambas cayeron al piso. Cuando ella se levantaba vió algo que jamás iba a olvidar. Su hermano, trastabillando, cayó de espaldas por una de las ventanas.
Ella corrió hacia él gritando su nombre, su hermano sangraba por el hombro y la cabeza. Estaba muerto.
Un gemido trás de ella la trajo de la realidad, ya no era una niña, y de la muerte de su hermano habían pasado cinco años. Su madre estaba enferma de muerte, y ella intentaba cuidarla, a falta de más personal. Siempre había odiado la política y ahora era su inevitable destino.
Volteó a ver a su madre, y regresó a mirar el patio que añoraba.
Un ruido desde un edificio del frente le devolvió la sonrisa. Conocía bien ese sonido. Quizá su futuro indeseable le sería arrebatado. Regresaría a jugar con su hermano.
Temas:
Conversaciones,
Finales,
muerte,
Yarmulke
martes, 22 de diciembre de 2009
So this is Christmas, and what have you done?
Bueno. Congratulations to me, está por finalizar mi primer año en la blogósfera.
Y estamos por festejar las costumbres que más hacen feliz al mundo. Bueno, eso es lo que dicen.
Debo admitir que la navidad no me está haciendo muy feliz. No, para nada.
Nacimiento de nuestro señor, my ass. No tengo ganas de fingir estereotipos. Generalmente me gusta pero hoy no. Ni ayer, ni antier ni hace una semana. Quizá un poquito el año nuevo (digo, veremos finalizar la década del segundo milenio; las mejores fiestas patrias en muuuucho tiempo, y amo las fiestas patrias; y no sé... bueno, ya les daré el sermón de año nuevo), pero nada más.
Generalmente me paso un buen lupita-reyes.... pero últimamente me aguan mis fiestas con algo: no ver el lindo desfile de reyes, navidad con parientes molestos, año nuevo sin alcohol...
¿Quién se creen? Sumamente deprimente.
Nada pequeño para agregar al mood que me he cargado.
Así que sin más les dejo una linda canción, hecha por Katy Towell antes de que se las comience a rayar como lo he hecho con todos.
Muchas gracias y feliz navidad.
On the first death of Christmas, the victim failed to see
a trap hidden in the elm tree.
On the second death of Christmas, there wasn’t time to flee
Two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the third death of Christmas, the dead to be would meet
Three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the fourth death of Christmas, a well placed Whack! set free
Four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On fifth death of Christmas, what could those figures be?
Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the sixth death of Christmas, a fatal fricassee
six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the seventh death of Christmas, ne’er saw such savage’ry
seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the eighth death of Christmas, oh holy night indeed
Eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the ninth death of Christmas, the wind was whistling
Nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the tenth death of Christmas, unwanted flattery
Ten boulders heaping, nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the eleventh death of Christmas, came ssssssurreptitiously
eleven vipers biting, ten boulders heaping, nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the twelfth death of Christmas, such electricity
twelve chairs a-humming, eleven vipers biting, ten boulders heaping, nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
Y estamos por festejar las costumbres que más hacen feliz al mundo. Bueno, eso es lo que dicen.
Debo admitir que la navidad no me está haciendo muy feliz. No, para nada.
Nacimiento de nuestro señor, my ass. No tengo ganas de fingir estereotipos. Generalmente me gusta pero hoy no. Ni ayer, ni antier ni hace una semana. Quizá un poquito el año nuevo (digo, veremos finalizar la década del segundo milenio; las mejores fiestas patrias en muuuucho tiempo, y amo las fiestas patrias; y no sé... bueno, ya les daré el sermón de año nuevo), pero nada más.
Generalmente me paso un buen lupita-reyes.... pero últimamente me aguan mis fiestas con algo: no ver el lindo desfile de reyes, navidad con parientes molestos, año nuevo sin alcohol...
¿Quién se creen? Sumamente deprimente.
Nada pequeño para agregar al mood que me he cargado.
Así que sin más les dejo una linda canción, hecha por Katy Towell antes de que se las comience a rayar como lo he hecho con todos.
Muchas gracias y feliz navidad.
On the first death of Christmas, the victim failed to see
a trap hidden in the elm tree.
On the second death of Christmas, there wasn’t time to flee
Two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the third death of Christmas, the dead to be would meet
Three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the fourth death of Christmas, a well placed Whack! set free
Four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On fifth death of Christmas, what could those figures be?
Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the sixth death of Christmas, a fatal fricassee
six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the seventh death of Christmas, ne’er saw such savage’ry
seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the eighth death of Christmas, oh holy night indeed
Eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the ninth death of Christmas, the wind was whistling
Nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the tenth death of Christmas, unwanted flattery
Ten boulders heaping, nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the eleventh death of Christmas, came ssssssurreptitiously
eleven vipers biting, ten boulders heaping, nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
On the twelfth death of Christmas, such electricity
twelve chairs a-humming, eleven vipers biting, ten boulders heaping, nine deathly lances, eight maidens iron, seven monsters grinning, six knives a-flying, Five guillotines, four falling firs, three henchmen, two metric tons, and a trap hidden in the elm tree.
Con amor,
Yo mera.
PD. Hace mucho que no me denominaba así.
PD2. ¿No están satisfechos? Me duele la cabeza, y no me deja escribir, y me dan ganas de llorar cuando veo todo lo que tengo que terminar.
PD3. He ido a tantas posadas, que el azucar comienza a darme asco. Pero tengo taaaaant5os chicles ricos... sabor... guayaba (¿Sabían que existían? Por que existen)
PD4. Navidad me hace emo si no hay un extranjero conmigo.
PD5. Chales, ... me acaba de llegar el pensamiento más oscuro. Andrea tiene razón. Estúpidos instintos maternales. Puros inventos.
PD6. Me robe Harry Potter 3. Harry Potter 7 oficialmente olvidado.
PD7. Si hiciese una lista de todos los libros que he leído este año... se me cae la mano. Quizá lea un libro por quincena, chales... Lo malo es que no tengo tantos libro y releo los que tengo... veámos: El Juego del Ángel, Harry Potter 1-7, La Sombra del Viento, Otros dos cuyo nombre no voy a mencionar, El Palacio de la medianoche, Otros 3 cuyo nombre tampoco voy a mencionar, Ángeles y Demonios, Narraciones Extraordinarias, La Conspiración, Los Reyes de España (o whatever sean sus nombres, no los recuerdo...) 1, 2, y 3... y ¿4?, Marina... Y ya se me acabó la memoria. Son 21 aproximadamente. Y unos 5 que dejé incompletos, incluidos Los relámpagos de agosto, Oliver Twist, y otros que no recuerdo.
PD8. Decir que fue un desperdicio sería morderme la lengua.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Oh well... if you haven't heard...
No puedo creerlo... Esperen, sí puedo pero no quiero.
Por si no sabían, Oasis, la que había descrito con anterioridad como una de "mis grupos favoritos en inglés" se ha desintegrado. Bueno, lo que me dan fuentes más confiables es que Noel, [abusado por Liam, pero no me crean, no vivo con ellos, desearía pero...] ha decidido abandonar el grupo.
Sin embargo, el mundo no será igual. Nunca los veré. Fue Soda Stereo de nuevo...
En otros temas... honey, sweetling, dearie!!! Lo siento mucho!!!! Es que escogiste la semana más ocupada para nacer hace 17 años! pero realmente lo siento!!.... Sabes que te deseé un cumpleaños extremadamente feliz!! Y estuve contibo la mayoría del tiempo (asegurandome de que sufrieras por echarme Gatorade de Limón en el ojo.... ¿Quién iba a pensar que duele casi como si te cayera limón real en el ojayo?) y de verdad que siento mucho haberlo olvidado!!!
Lo ves? Hasta dediqué mis disculpas en uno de los párrafos más largos que he escrito. Tqm, y lo siento, little darling!!
En otros temas, fuera de mi arrepentimiento, les quería contar sobre una pelicula que vi. El estudiante se llama. Mexicana. Hecha en uno de mis lugares favoritos del mundo. Me llegó, hasta chillé y no acostumbro hacerlo. Se trata de un señor, ligeramente senil, para que negarlo. Decide estudiar (que por cierto, una de las carreras predilectas en mi gusto) una carrera. Pero como ya es del año del caldo el pobre señor, le enseña a sus pobres compañeros lo que es apreciar los viejos tiempos.
El romanticismo, el amor, la persistencia, la fuerza....
En fin... La cursileria más grande del mundo, pero me caló. Creo que si pudiese pasar el resto de mi vida estudiando... Creo que sería feliz. (ajá! voy a durar 44 años en la uni, ¡al cabos está pagada! haha) Ya saben, sobre la pasada crisis existencial.
Pero en fin.... dejando todo el mundo irreal atrás, de verdad lo siento mucho sweetie!!! ooh, es que era un día demasiado... Alienado. Creo que esa es la palabra.
Bueno, nos vemos. Disfruten del partido (que es una babosada, saben que no apoyo ese tipo de cosas en mi país, ¿verdad?).
PD. De verdad lo siento chuy!!
PD2. ¡¡Gracias Afro!! ¡Por fin has visitado mi blog!
PD3. Quiero un danna's deli... o algo con vinagreta.
PD4. Wait for me, i pulse, i breath.
PD5. Carajo! tengo hambre. (carajo! je faim en version Karenina)
Por si no sabían, Oasis, la que había descrito con anterioridad como una de "mis grupos favoritos en inglés" se ha desintegrado. Bueno, lo que me dan fuentes más confiables es que Noel, [abusado por Liam, pero no me crean, no vivo con ellos, desearía pero...] ha decidido abandonar el grupo.
Sin embargo, el mundo no será igual. Nunca los veré. Fue Soda Stereo de nuevo...
En otros temas... honey, sweetling, dearie!!! Lo siento mucho!!!! Es que escogiste la semana más ocupada para nacer hace 17 años! pero realmente lo siento!!.... Sabes que te deseé un cumpleaños extremadamente feliz!! Y estuve contibo la mayoría del tiempo (asegurandome de que sufrieras por echarme Gatorade de Limón en el ojo.... ¿Quién iba a pensar que duele casi como si te cayera limón real en el ojayo?) y de verdad que siento mucho haberlo olvidado!!!
Lo ves? Hasta dediqué mis disculpas en uno de los párrafos más largos que he escrito. Tqm, y lo siento, little darling!!
En otros temas, fuera de mi arrepentimiento, les quería contar sobre una pelicula que vi. El estudiante se llama. Mexicana. Hecha en uno de mis lugares favoritos del mundo. Me llegó, hasta chillé y no acostumbro hacerlo. Se trata de un señor, ligeramente senil, para que negarlo. Decide estudiar (que por cierto, una de las carreras predilectas en mi gusto) una carrera. Pero como ya es del año del caldo el pobre señor, le enseña a sus pobres compañeros lo que es apreciar los viejos tiempos.
El romanticismo, el amor, la persistencia, la fuerza....
En fin... La cursileria más grande del mundo, pero me caló. Creo que si pudiese pasar el resto de mi vida estudiando... Creo que sería feliz. (ajá! voy a durar 44 años en la uni, ¡al cabos está pagada! haha) Ya saben, sobre la pasada crisis existencial.
Pero en fin.... dejando todo el mundo irreal atrás, de verdad lo siento mucho sweetie!!! ooh, es que era un día demasiado... Alienado. Creo que esa es la palabra.
Bueno, nos vemos. Disfruten del partido (que es una babosada, saben que no apoyo ese tipo de cosas en mi país, ¿verdad?).
There's always a way to
find life perversion.
Your sweetling, Alice.
PD. De verdad lo siento chuy!!
PD2. ¡¡Gracias Afro!! ¡Por fin has visitado mi blog!
PD3. Quiero un danna's deli... o algo con vinagreta.
PD4. Wait for me, i pulse, i breath.
PD5. Carajo! tengo hambre. (carajo! je faim en version Karenina)
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